CULTURA EXPOSICION

Andrea en el país de las maravillas

Nacidas a partir de un pedido de la editorial belga Diane de Selliers, las 24 obras realizadas por el artista holandés Pat Andrea –nacido en 1942, hijo de la ilustradora Metti Naezer y del pintor Kees Andrea– para ilustrar los libros de Alicia escritos por Lewis Carroll en 1865 podrán verse hasta el 29 de junio en el Museo Fortabat.

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En el principio fue John Tenniel. El primer ilustrador de Las aventuras de Alicia en el país de las maravillas, la edición publicada en 1865, era un notable dibujante que recibió un pedido muy estricto de Lewis Carroll. De hecho, le envió la foto de una niña para que la copiara. Para que la de su corazón y a la que le había dedicado una versión inicial de esa obra maravillosa que se le ocurrió para entretenerla a ella y a sus hermanas durante un paseo por el lago se pareciera mucho a la manera que él la pensaba. En realidad, el manuscrito original de Las aventuras subterráneas de Alicia, ese relato que inspirará la saga de Las aventuras de Alicia en el país de las maravillas y Alicia a través del espejo, ya tenía dibujos y eran los del propio diácono anglicano Charles Lutwidge Dodgson que, se sabe, son el nombre y la profesión verdaderos de Carroll. A pesar de ese comienzo tan puntilloso sobre la apariencia del personaje principal y las intenciones de su autor de que Alicia se volviera personaje, al tiempo de crear ese efecto de coincidencia extrema, el libro ha sido muchas veces ilustrado. Demasiadas, podríamos decir, cuando ya creíamos que la imaginación sobre la pequeña parecía haber logrado su forma exacta. Muchos grandes artistas sumaron sus intenciones de representar las aventuras, a la niña y a sus amigos en uno de los viajes más psicodélicos de la literatura con tan sólo unos frasquitos de brebajes de efectos conocidos. A esos dibujos, también, habría que adosarles las materializaciones en el cine, y para Alicia, Humpty Dumpty, el Gato de Chesire, entre otros, tenemos varias configuraciones y todas llevan a una única amalgama de sentidos con los que nos acostumbramos a convivir. Por eso, Alicia, la muestra de Pat Andrea en el Museo de la Colección Fortabat, es un desafío muy interesante. Lo que surge al instante es cómo volver a representar a esta chica y sus delirios, y lo que es más denso, para qué volver a hacerlo. Debemos adelantar que el artista holandés, que vive un poco en Buenos Aires y otro poco en Europa, contesta con gran maestría a estas dos cuestiones. Sus obras como respuestas son excelentes, en todo caso, porque eluden estas preguntas. En cambio, no deja de ubicarse en el ejercicio de la libertad total y proponer a la chica del cuento y sus andanzas como un clásico al que se puede volver siempre. Así como Borges indicaba que todos los temas están en la biblioteca (“su” biblioteca) y que quizá la historia universal sea la historia de la diversa entonación de algunas metáforas y los motivos en el arte vuelven una y otra vez, Andrea propone las imágenes de Alicia como clásicos y no sólo de la literatura. En sus trazos, la nena parece estar dejando de serlo. Es una mezcla de Alicia con Lolita, la otra gran pequeña inquietante de las letras. Con una sensualidad sugerente, haciendo suya la historia, el artista recrea las escenas del texto siendo fiel a su propio estilo. En ese sentido, une el homenaje al libro con su propia busca. Para ello tardó muchos años en pintar las 24 obras de gran formato para los 12 capítulos, que estarían destinadas a ilustrar la edición belga (Edicions Diane de Selliers). Porque así nació la muestra, que tuvo como origen el libro y sus ilustraciones. Los detalles de esas obras enormes fueron a parar ahí: una nueva versión había nacido. Para pintar la violencia que genera el absurdo de un mundo que no se comprende, hace falta más espacio. Aquí también, como en el libro, causa efecto la famosa botella con la leyenda: “Bébeme”.

 

Alicia
Pat Andrea.
Colección de Arte Amalia Lacroze de Fortabat.
Olga Cossetini 141.
Hasta el 29 de junio, de martes a domingos de 12 a 20.



Laura Isola