CULTURA EN LA CIUDAD

Cultura recupera un mayor perfil técnico

Enrique Avogadro reemplazó a Angel Mahler, quien volverá a los escenarios. Amigo de Marcos Peña, el nuevo ministro pasó por Newman y ocupó varios cargos desde 2008.

Viajero. El nuevo ministro fue mochilero con Marcos Peña.
Viajero. El nuevo ministro fue mochilero con Marcos Peña. Foto:cedoc

Finalmente, hace unos días sucedió lo que se venía rumoreando desde hace, por lo menos, dos meses: Angel Mahler nombre artístico de Angel Jorge Pititto, compositor y director de orquesta argentino dejó su cargo de ministro de Cultura porteño. Se oficializó este jueves, en un acto presidido por Rodríguez Larreta en la sede de gobierno de Parque Patricios. Allí el funcionario saliente explicó el motivo de su adiós: tuvo una epifanía y se dio cuenta de que tenía que volver a los escenarios, idea que tiene pensado desarrollar en breve. Sin embargo, y según observan incluso algunos allegados al Gobierno porteño, el ahora ex ministro venía siendo cuestionado casi desde el principio de su gestión, entre otras cosas por la contratación de la empresa de sonido e iluminación de su hermano, o por la nula experiencia en gestión cultural que lo llevó a delegar en exceso algunas tareas.

Ahora bien, quien asumió en su lugar es Enrique Avogadro, amigo de Marcos Peña, con quien recorrieron como mochileros zonas de Asia y Europa, curiosidad a la que se suma otra, no tan simpática: es hijo del doctor Enrique Guillermo Avogadro, un polémico abogado que suele escribir artículos donde denuncia que hay casi dos mil militares que son “presos políticos” del kirchnerismo, y que hace unos años adquirió alguna notoriedad al denunciar a Hebe de Bonafini por incitación a la violencia institucional y apología del crimen.

De todos modos, sabemos que un hijo no tiene por qué adherir ipso facto a la ideología del padre, de manera que no hay por qué pensar que el actual ministro comparta la hipótesis negacionista. Además, ya tiene el antecedente aleccionador de Lopérfido, hoy de vacaciones diplomáticas en Berlín. 

En lo que respecta a su formación, hay que decir que, como muchos en el PRO, estudió en el colegio Cardenal Newman y, posteriormente, en la Universidad Torcuato Di Tella, donde se graduó como licenciado en Estudios Internacionales, luego de lo cual hizo un posgrado en Administración y Políticas Públicas, y otro en Gestión de Contenidos.

Su carrera política en el PRO comenzó en 2008 cuando lo designaron director de Comercio Exterior y, más adelante, director de Industrias Creativas, entre otros cargos que fue ocupando en el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.

En el plano nacional, se desempeñó como secretario de Cultura y Creatividad, cargo al que renunció en agosto de este año por rispideces ideológicas y personales con el ministro Pablo Avelluto, con quien ahora, según dice, dirimirá sus diferencias cerveza de por medio.

Pero el nuevo ministro tiene un perfil técnico que lo aleja no solo de Avelluto sino también de sus predecesores en CABA, de quienes también lo alejan otras cosas: se sabe, por ejemplo, que está en contra –o por lo menos eso declaró en algunas oportunidades– de las políticas culturales del “eventismo”, lo que de algún modo es casi como estar en contra de los diez últimos años de gestión cultural PRO en la Ciudad. 

Además, y en sus declaraciones ante la prensa, durante el acto, también señaló que una de sus prioridades será apoyar las expresiones culturales independientes; aunque eso, en cierto modo, no significa demasiado: Mahler y, antes, Lombardi, también lo decían. Por ahora, nadie cumplió.

Veremos entonces el rumbo que Enrique Avogadro impone en Cultura.



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