CULTURA

Carne picada

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Los recolectores en línea apuraron el informe de rigor –aséptico, intrascendente– para llegar antes que otros a revelar el acontecimiento: Patrick Modiano, Premio Nobel de Literatura. El periodismo gráfico, destinado hasta el momento a profundizar los titulares, revolvió el estanque para encontrar algún “especialista” propicio para explicar quién es este sujeto y por qué fue galardonado. Al mismo tiempo, los exégetas del branding reunidos en un meeting bien nutrido por galletas de avena y té verde maquinaron la estrategia a seguir: convertir al escritor en marca para entonces venderlo, empaquetado y listo para su consumo, en los escaparates. Reediciones y nuevas traducciones –sumadas a publicaciones de cualquier tipo en las que se lea “Patrick Modiano”– se sucederán en las próximas semanas, fajados los volúmenes con una leyenda multicolor: “Premio Nobel de Literatura 2014”. Por su parte, en ese sapucai elástico llamado Twitter, los propagadores del esnobismo cultural, que en muchos casos arman sus escuálidos informes surfeando solapas de libros que jamás leyeron, se regodeaban en el mismo pantano con los aforismos diletantes que buscaron despotricar contra un autor que pasó de ser leído por unos pocos a plastificar con su imagen vitrinas a escala planetaria. Justamente por eso.
Pero calma, lector. Cuando este rasti deforme, improvisado se desarme, todo volverá a la normalidad. Los velocistas de las puntocom retomarán sus labores, y quienes caminamos en la gráfica nos ocuparemos de lo próximo considerado “importante”; los tuiteros regresarán a sus madrigueras, y los gurúes de la mercadotecnia optarán por una nueva sesión de ashtanga yoga.
Y los lectores (¡uf, por fin!) podrán reanudar sus lecturas de lo que les venga en gana, sin artilugios condicionantes.

Alejandro Bellotti