CULTURA MUESTRA EN MALBA

Cartografía tropical

Bajo la curaduría de Victoria Giraudo, el Malba despide el año con la fantástica exposición “Antropofagia y modernidad, Arte brasileño en la Colección Fadel”, donde se dan cita los momentos estelares y los protagonistas del arte modernista del gigante latinoamericano.

territorio. Morro da Favela, 1924, óleo sobre tela (64,5 x 76 cm), obra de Tarsila do Amaral.
territorio. Morro da Favela, 1924, óleo sobre tela (64,5 x 76 cm), obra de Tarsila do Amaral. Foto:malba

En Mapping Reality, el magnífico tratado de Geoff King, se advierte, sobre todo, que un mapa es algo más que el dibujo de un territorio. Ese trazado, aparentemente descriptivo, no está libre de imposiciones, determinaciones y condicionamientos. La cartografía es cultural y al tiempo que demarca ríos, estuarios y montañas, expone mundos, sexualidades y formas de vida. Delimita naciones pero no sólo en sus bordes y fronteras arbitrarias y naturales: marca sus límites en términos de poder. Las cartografías culturales, entonces, sirven para deconstruir esa distancia entre mapa y territorio. Observar, analizar y hasta entender los modos de dominación, las estrategias imaginarias y reales en las que los territorios son campos de batallas, luchas de poderes, asuntos de Estado.

Si bien no es un mapa en el sentido estricto, Antropofagia y modernidad, Arte brasileño en la Colección Fadel, la completa y virtuosa muestra que está en Malba, puede pensarse en los términos que King le asigna a los planos que se hacen sobre esos suelos. Porque el recorrido es territorializante e incluye pinturas, dibujos, esculturas y objetos de artistas centrales como Anita Malfatti, Tarsila do Amaral, Candido Portinari, Emiliano Di Cavalcanti, Víctor Brecheret, Maria Martins, Lygia Clark, Geraldo de Barros, Waldemar Cordeiro, Iván Serpa, Willys de Castro, Antonio Días, Rubens Gerchman, Hélio Oiticica y Anna Maria Maiolino, entre muchos otros  para conectar mucho de la geografía de Brasil con los procesos de modernización que se fueron dando a partir de fines del siglo XIX y durante el siglo pasado.

A primera vista, prevalece un relato que narra la historia del arte brasileño y, dividido en módulos, explica a través de imágenes esa “voluntad constructiva” que Paulo Herkenhoff le asigna al proyecto de la familia Fadel para el armado de esa magnífica colección con la cual, como pocas, se puede atravesar tanto tiempo en la historia simbólica de un país. Asimismo, con la tríada explicativa, “modernización” (conjunto de procesos políticos, económicos y tecnológicos), “modernidad” (condiciones y efectos de esos procesos) y “modernismo” (propiedad o cualidad de ser moderno), el teórico da cuenta de lo que ocurrió en Brasil y esto lo puede replicar en las piezas de este importantísimo acervo.

A su vez, la impronta original del Concretismo que apela a la metáfora alimenticia y digestiva para seguir pensando lo nacional introduce una versión radical para procesar el tema de las influencias. En 1928, Tarsila do Amaral le regala a Oswald de Andrade, su marido, Abaporú, la obra emblemática y disparadora de los sentidos que luego va a tener el Manifiesto antropófago. Ese que es el resumen de su época y la Summa del diagnóstico y tratamiento para comprender los cambios de las naciones latinoamericanas del siglo pasado. Ante la pregunta, ¿quién se come a quién?, es decir, ¿quiénes somos nosotros?, Andrade responde algo así: somos lo que comemos; “Sólo la Antropafagia nos une. Socialmente. Económicamente. Filosóficamente”. Asimismo, el Abaporú, que no pertenece a esta colección pero sí está en el mismo museo porque integra la muestra de la Colección Fundación Costantini, vuelve como un presagio y un enigma. En relación a lo último, para configurar este presente de intercambios, de fronteras volubles y de las otras. Además para leer un futuro.

Victoria Giraudo, curadora de esta exposición, traza una periodización que coincide con algunas que proponen el cierre del siglo pasado con el agotamiento del arte moderno, la Guerra Fría. Como Alain Badiou, el siglo XX termina cuando se postula la relación entre Revolución e Ideal y el humanismo desconoce toda subversión de la figura del hombre. Una época en la que sostener un ideal era ser casi cómplice del terror y el hombre permanece confinado a defender sus derechos: “la voluntad política de lo sobrehumano (o del hombre de nuevo tipo, o de la emancipación radical) sólo ha engendrado lo inhumano”. En ese sentido, las obras de culminación de este derrotero están en sintonía con lo que Mario Pedroza desarrolla como una axiología del arte en tiempos de crisis social.


Arte brasileño en la Colección Fadel

Fundación Costantini

Museo de Arte Latinoamericano

de Buenos Aires

Av. Figueroa Alcorta 3415



Laura Isola