CULTURA DOMINGO


Dos mundos

Elegí que el encuentro se grabara en el Museo de Bellas Artes.

Elegí que el encuentro se grabara en el Museo de Bellas Artes. Ese fue uno de mis espacios culturales cuando ni siquiera tenía la edad de Juli sino varios años menos, cuando visité una exposición de Goya y otra de obras contemporáneas. El destino o el director del museo o los productores eligieron un espacio donde, en el plano de la grabación, como fondo de la mesa a la que estábamos sentadas Juli y yo, se veía un Picasso, que fue el primer Picasso original que vi en mi vida, pertenecía a la colección Di Tella. Juli y yo, a través de medio siglo, teníamos la misma imagen como fondo, una de esas casualidades en las que después se sigue pensando.

Yo estaba tan excitada como ella con esa experiencia que, para las dos, era desconocida: hablar con una crítica literaria/hablar con una booktuber. En un solo momento nuestros mundos se separaron: Juli dijo que el Aleph era una especie de internet y yo le dije que Borges no escribía ciencia ficción, que no era Julio Verne. Esa desinteligencia tenía que ver con el reconocimiento del género del relato, más que con una diferencia sobre el vocabulario. El Aleph, quise decirle a Juli, no es un cuento de anticipación. Después me pregunté si ésa no había sido mi única observación con algún valor: que alguien percibiera que los buenos textos no se escriben de cualquier manera y tampoco se leen de cualquier manera. Como si se hubieran sentado a dialogar dos usos de la literatura.