CULTURA DESPEDIDA

Ediciones de la Flor pierde a su editor

Daniel Divinsky fundó la editorial en 1967. Tres años después, se sumaba a la dirección su pareja, Kuki Miller. Con su alejamiento, ella queda al frente del sello.

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Foto:Cedoc

Pese a todo, y contra todo, incluyendo el exilio, Daniel Divinsky es uno de los fundadores de la noción “editorial argentina” y, como tal, un referente ineludible. Fue vicepresidente de la Cámara Argentina del Libro, interventor en Radio Belgrano con la llegada de la democracia en 1983, trabajó con Angel Rama en la mítica Biblioteca Ayacucho venezolana. Junto a Jorge Alvarez, compartió la pasión por los libros y en más de cincuenta años de su vida se dedicó a publicarlos.

La semana pasada, en su página web, Ediciones de la Flor publicó un comunicado donde advertía que Divinsky se desvinculaba de la misma en favor de su ex esposa y socia, Ana María Miller. La noticia causó preocupación entre escritores, ilustradores (género insignia con Quino a la cabeza) y miembros de la comunidad editora.

Entre 1987 y 1989 me reuní varias veces con Roberto Fontanarrosa (yo trabajaba en una editorial de textos escolares y coordinábamos la reproducción de sus dibujos), recuerdo que me dijo: “Divinsky despertó en mí el deseo de escribir. Me empujó a eso. No sé si estarle agradecido, creo que me abrió a un espacio inesperado. La literatura no tiene la síntesis del dibujo y en sí misma funciona como un gran malentendido, por eso no me siento escritor del todo”.

Con más de ochocientos títulos publicados, sembró una diversidad capaz de marcar la tendencia de lectura, así como el rescate de cierta literatura que, a pesar de la ferocidad del mercado, hoy forma parte de la Historia. Entre tantos, publicó a Ray Bradbury, Umberto Eco, John Berger, Rubem Fonseca, Rodolfo Walsh, Juan Jacobo Bajarlía y hasta la primera edición de Los pichiciegos (1983), de Rodolfo Fogwill. PERFIL habló con Divinsky:

—Con la publicación de “Breve historia de todas las cosas”, de Marco Tulio Aguilera Garramuño (que tenía 24 años) y “Góndolas”, el primer libro de Gabriel Báñez, usted se ganó un cielo de gloria.
—¡Marco! Sigo escribiéndome con él, vive en México. Su novela fue un gran gesto estilístico realimentando lo que se llamó realismo mágico. Y Gabriel Báñez, cómo lamento su muerte, ahí perdimos a uno de los grandes novelistas argentinos, en unos años van a entender realmente cuánto valía.

—¿Por qué se fue de De la Flor?
—Cuestiones de convivencia laboral al punto que con Kuki (Miller) no coincidíamos ni siquiera en la línea editorial. Y como el privilegio lo tiene la criatura que es De la Flor, opté por dar un paso al costado. Pero antes que nada quiero aclarar algo: Kuki es una profesional idónea, una editora formada y con una trayectoria efectiva, así que la editorial De la Flor goza de buena salud bajo su dirección. Que todos los autores, editores y amigos se queden tranquilos: su continuidad está asegurada. Tiene una base muy sólida en los casi doscientos títulos que conforman las reimpresiones, de allí su solvencia.

—Usted firmó un contrato para la desvinculación, ¿se puede saber en qué términos?
—Durante tres años no puedo publicar libros, ni por mi cuenta ni con otro sello. Acepté las condiciones porque la editorial debe superar mi salida. Por otra parte, y gracias a tantos amigos en el medio, estoy libre para realizar tareas de consultoría o asesoramiento. Con el conocimiento que tengo del mercado editorial, ahí tengo una salida laboral. A los 73 años, soy un desocupado.



Omar Genovese