CULTURA

‘El almuerzo en la hierba’

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En realidad, en este cuadro tenemos dos sistemas de iluminación que están yuxtapuestos, y lo están en profundidad. Verán en efecto que, en la segunda parte del cuadro, si se admite que esta línea de hierba parte al cuadro en dos, tenemos una iluminación tradicional, con una fuente luminosa procedente de arriba, a la izquierda, que recorre la escena, ilumina esta gran pradera de fondo, da en la espalda de la mujer y modela aquí su rostro, en parte sumido en la sombra. Y esa iluminación muere en estos dos matorrales claros y un poco brillantes, que son en cierta forma el punto de llegada de esa iluminación lateral y triangular aquí y allá. Ahora, si tomamos a los personajes de adelante, lo que los caracteriza es el hecho de estar iluminados por una luz muy diferente y que no tiene nada que ver con la precedente, que muere y se detiene en los dos matorrales. En este caso tenemos una iluminación que es frontal y perpendicular, que da, como ven, en la mujer y su cuerpo completamente desnudos, y que sin lugar a dudas la baña de frente.
El cuerpo de la mujer es una especie de esmalte, de pintura a la japonesa. La iluminación sólo puede llegar de manera brutal y de frente. Y esa misma iluminación da en el rostro del hombre, da en ese perfil absolutamente chato, sin relieve, sin modelado, y los dos cuerpos oscuros, las dos chaquetas oscuras de esos hombres, son los puntos donde culmina y se interrumpe esta iluminación frontal, así como los dos matorrales eran los puntos donde culminaba y resplandecía la iluminación interior.
Estos dos sistemas de manifestación de la luz dentro del cuadro se encuentran en una yuxtaposición que da al cuadro, de alguna manera, su carácter discordante; una heterogeneidad interna que Manet trató de reducir o quizá de destacar aún más, no sé, por medio de esta mano clara que está situada en el medio de cuadro. Con sus dos dedos, uno que apunta en la dirección de la luz interior. Y el dedo, al contrario, está doblado hacia afuera, en el eje del cuadro, e indica el origen de la luz que viene a dar desde allí.

Michel Foucault