CULTURA ENTREVISTA A DELPHINE DE VIGAN

El factor Fitzgerald

Tejiendo de manera muy fina los hilos entre la ficción y la autobiografía, la novela titulada “Basada en hechos reales” lleva el género de la autoficción a otro nivel; en ella la narradora relata la imposibilidad de escribir un nuevo libro luego del éxito arrollador de una novela sobre el pasado de su madre: un calco de la vida de la autora de “Nada se opone a la noche”.

Delphine De Vigan. Con Nada se opone a la noche, la escritora ha cosechado varios premios.
Delphine De Vigan. Con Nada se opone a la noche, la escritora ha cosechado varios premios. Foto:Anagrama
En la historia literaria existe un fenómeno extraño que podríamos llamar el complejo Fitzgerald. Se trata de una fuerza ciega, un factor extraliterario con el que se enfrenta un autor después de que su libro alcanza una relevancia y una exposición inusitadas. El éxito social y monetario, entendido como una meta posible del autor y un efecto pernicioso y dual de la industria, se convierte en un arma filosa y contradictoria. Eso que algunos anhelan como un objetivo utópico, se vuelve un bumerán siniestro y agobiante. Autores como Javier Cercas han enfrentado esa situación paradójica y única. A la escritora Delphine de Vigan le tocó lidiar con este “síndrome” después de que su novela Nada se opone a la noche se convirtiera en un suceso. Un efecto exótico y, a la vez, previsible para una novela que retrata de forma exquisita el cruel y tenebroso pasado de su madre Lucile. De Vigan no sólo tuvo que atravesar el shock del éxito sino que también tematizó esta situación en su novela siguiente, Basada en hechos reales: “Cada libro es potencialmente para mí, el último. ¡Nunca estoy segura de tener la fuerza, la paciencia, la resistencia para escribir otro libro! Luego del éxito de Nada se opone a la noche sentí que me haría falta un tiempo más largo antes de retomar el trabajo. Que haría falta recuperar el silencio alrededor mío para reencontrar mi propio camino y no buscar agradar a cualquiera.”

   Basada en hechos reales puede ser leída como una novela del falso doble: el escritor fantasma que puede ser visto como un doble siniestro. La narradora, Delphine, cuenta su  historia de desasosiego y escepticismo en relación con la imposibilidad de la escritura después del éxito inesperado y, sobre todo, el influjo subrepticio y afanoso de una extraña negra literaria llamada elípticamente L. esta mujer no sólo se hace amiga de Delphine sino que se convierte en la principal confidente de la narradora: “La novela cuenta la historia de una trampa temible que encierra a la narradora y también al lector. Hay muchas hipótesis respecto de la naturaleza profunda de esa mujer, L., que ejerce esa influencia. El tema del doble está presente, desde luego, ¡pero no quiero decir más para no revelar demasiado sobre esto al lector!”

   La idea de la amenaza está presente como una guadaña. El suspenso inunda las zonas diversas y le otorga un halo trepidante: construye una atmósfera siniestra. Y no es sólo un recurso formal sino que se convierte en un tema que corre paralelo a la figura del doble: “Me interesaba mezclar los códigos de la autoficción con los de un verdadero thriller psicológico. Esta historia provoca miedo porque es una historia de manipulación mental y de abuso de debilidad. Y porque uno siente que esto puede ir muy lejos. Esta historia nos recuerda que todos tenemos una falla, una fragilidad, que alguien sagaz puede utilizar para destruirnos. Y a veces nuestro mayor enemigo está en nuestro propio interior.”

   En la novela hay una discusión sobre el valor y el lugar de la no ficción en la escena novelística contemporánea. L. desprecia a los autores que creen en la ficción. Y funciona como la portavoz extrema de la defensa de la no ficción: “De hecho, L. tiene una idea muy extrema de la literatura. ¡Yo creo en el poder de la ficción! Pero a decir verdad, no le doy mucha importancia a esas etiquetas. Lo importante es escribir lo que debemos escribir, sin ceder a las modas o buscar agradar al lector. Por mi parte, he escrito los dos: ficciones y libros que competen más bien a la autoficción. No es realmente una elección, cada libro se impone.”

   En la Argentina, hay una profusa tradición de autores que trabajaron con la autoficción: Macedonio Fernández, Borges, Bioy Casares, Piglia, entre otros. En Francia, los libros de De Vigan se inscriben en la línea que ha deparado resultados alentadores en la literatura contemporánea: “Es una corriente muy fuerte. Una manera de referirse a lo real, ya sea a través de la autoficción, ya sea a través de la exoficción. Esto me interesa, sí, porque con frecuencia esos autores exploran nuevas formas. Pienso en Annie Ernaux o en Emmanuel Carrère, por ejemplo, que han abierto puertas a los escritores franceses.”

   La autobiografía atraviesa Nada se opone a la noche como una sombra benéfica. En cambio, Basada en hechos reales trabaja con la autoficción como una estrategia que seduce y engaña. El lector ingenuo, aquel que busca la relación de la historia con la vida “real”, investiga infructuosamente los rastros autobiográficos y descubre que las fronteras entre ficción y autobiografía son difusas: “La autoficción y la ficción me interesan de igual manera. Espero poder navegar de una a la otra. Basada en hechos reales es un libro que mezcla los códigos para transgredirlos.”

   ¿Qué busca un escritor fantasma? ¿Qué ocurre cuando el escritor se vuelve fantasma y cuando el fantasma se vuelve un escritor? Estas preguntas describen el modo de comportamiento de los personajes que, quizás, se desplazan como vampiros insólitos, cuerpos que lentamente se devoran. La novela adopta la forma de la sala de espejos de La dama de Shanghai: la realidad se refleja en el espejo de la escritura y la escritura es un espejo, un espejismo, y se multiplica en invenciones paralelas que distorsionan las cosas y los fantasmas. El subtítulo podría ser “Radiografía de dos fantasmas” o “La doble vida de un fantasma”. De Vigan es una hábil prestidigitadora que bucea en el misterio de la identidad para entregar una trama oscura y luminosa que asecha al lector –y a sí misma– con el viento helado de la sospecha.

Fabian Soberon