CULTURA HENRY MILLER MEMORIAL LIBRARY

El fantástico mundo de Henry

En Big Sur, un paraíso montañoso en el estado de California, hay una pequeña biblioteca que es una cabaña de madera donde vivió Henry Miller entre 1944 y 1962. Allí se atesoran manuscritos inéditos, cartas, fotos y dibujos del genial escritor norteamericano, y entre las actividades que realizan hay conciertos: tocaron desde Red Hot Chili Peppers hasta Neil Young.

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Foto:Presidencia

Tal vez cansado de los largos años que transitó entre Nueva York y París con un estilo de vida verdaderamente errático, incorrecto y transgresor, promediando los cincuenta y tantos largos, el “padrino de la Beat Generation” aterrizó a mediados de la década del 40 en este paraíso de California donde vivió casi veinte años, y donde el viento desperdigó sus cenizas. Big Sur es el lugar que eligió Henry Miller para empezar a envejecer, al que le escribió el libro Big Sur y las naranjas del Bosco, y donde quedó prácticamente todo su legado. Es el sitio donde vivía Emil White, un artista plástico que fue además uno de los más entrañables amigos (“uno de los pocos que nunca me ha fallado”, decía) del renegado autor de Trópico de Cáncer, y que la historia ubica hoy como el responsable de que allí, entre las montañas plagadas de bosques milenarios y densas nubes bajas, reposen manuscritos inéditos de tamaño autor para la literatura norteamericana. En 1981, un año después de la muerte de Miller, White logró que aquella cabaña de madera que parece sacada de un cuento, donde había vivido Henry, cerca de la ruta 101, se transformara en lo que, sin embargo, su amigo del alma aborrecía: un espacio de memorabilia. Así nació la Henry Miller Memorial Library, hoy el epicentro de estudio, resguardo y promoción de la producción literaria de Val, como sus íntimos lo llamaban. 

En los 18 años que el escritor vivió allí –también lo hicieron en diferentes épocas Jack Kerouac, Orson Welles y Rita Hayworth– produjo obras como La pesadilla del aire acondicionado o la trilogía La crucifixión rosada (Sexus, Plexus, Nexus), en la que invocó sus años de lujuria junto a Mona, el alter ego de su segunda esposa.

Hoy, a un cuarto de siglo de la muerte de White, la biblioteca se mantiene intacta y la cabaña de ensueños desarrolla una serie de actividades que la constituyen como una parada obligada para quienes visitan la zona y, desde luego, para los amantes de la prosa milleriana. Magnus Torén es un sueco que cayó por obra del destino de su viaje mochilero en estos lares a fines de los 70, para no irse nunca más. Magnus es el hombre que está al frente de la biblioteca, desde hace mucho, mucho tiempo: “Pasé algunos años viviendo en la comunidad.  Me interesé por la historia local y la cultura. Cuando el trabajo se presentó, lo solicité y lo obtuve”, cuenta a PERFIL. Dice que gracias al aporte de numerosos adeptos y organizaciones, mantener el sueño de Emil no se hace tan cuesta arriba. Pero las donaciones se articulan con una serie de actividades que Magnus y su equipo llevan a cabo para sostener el lugar. “Aquí funciona la librería y también es una galería de arte. Realizamos eventos, conciertos y en la cabaña tenemos instrumentos musicales, mucha luz solar, muy buen café y té, y un gato llamado Theo”, dice. Magnus agrega que atesoran gran cantidad de manuscritos de Henry: “Tenemos muchísimo material de primera fuente, mucho de lo cual nunca ha sido publicado. Guardamos cientos de cartas originales, muchas fotografías e ilustraciones originales”.

La cabaña ostenta un libro de visitas ilustres, muchas de las cuales llegaron hasta allí para ofrecer conciertos y así dejar su aporte a la llama de Big Sur. Patti Smith, Philip Glass, Lou Reed, Laurie Anderson, Arcade Fire, Animal Collective, Red Hot Chili Peppers o Neil Young son sólo algunos de los que llegaron hasta la vieja casa de Miller y tocaron para cientos de personas, al aire libre, en un escenario natural realmente inigualable. ¿Cómo lograron programar conciertos de semejantes figuras? “Fue gracias a Patti Smith, que vino en 2004. Después de ella, los otros fueron viniendo en parte porque les encanta Henry Miller, y en parte porque adoran Big Sur”, responde Marcus.

Aunque con el correr del tiempo van poniéndose viejos o, inevitablemente, desaparecen de este mundo, Torén dice que eventualmente y hasta no hace mucho, varios y viejos amigos de Henry se daban una vuelta por el lugar. También dice que no conoció personalmente a Miller, pero que mantiene contacto regular con su hija, Valentine, y su hijo, Tony. Y si usted se pregunta cómo un personaje tan citadino como Henry Miller pasó tantos lustros en un territorio como este, basta mirar las imágenes para comprender que es todo un paraíso, aunque puede volverse hostil como cualquier lugar en la montaña. ¿El clima en Big Sur, Magnus? “Es casi ridículamente perfecto.”



Leandro Ceruti