CULTURA ACERCAMIENTOS A UNA OBRA MULTIPLE

El fruto de la manufactura

Autor de una obra que cuestiona sus fundamentos, el fotógrafo Gabriel Valansi se abocó a la construcción de un libro con la intención de proveer un esqueleto al corpus de su creación, puesto que, según sus palabras, “mis trabajos son irreproducibles. Hay una distancia muy grande entre lo que hago y cómo se muestra”.

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Foto:Gentileza Valansi

Entre 1999 y 2012, Gabriel Valansi dejó la fotografía e hizo un libro. Uno que lleva esas fechas como título más la palabra Work. En realidad, esto no es tan así porque ese objeto, tan hermoso y tan extraño, está recién editado. Pero lo que sí tiene que ver es que la publicación está integrada por esos trabajos, los que realizó para salir de la fotografía, o como él mismo explica: “Mis ideas no cabían en ese formato y encontré un límite. Por eso me fui a buscar otros soportes con la necesidad de reformular el formato”.

De esa búsqueda son las series que lo integran: Night Shots, Fatherland, Tekne, Babel, Fricciones, Antiaéreos, Fricciones, La historia del mundo y Estado de sitio, entre otras. Con texto de Héctor Schmucler y una larga conversación entre el artista y Jorge Villacorta que funciona a modo de bitácora y de esqueleto para transitar el libro, Valansi no lo considera un documento de esta etapa: “Es una obra más. Me di cuenta de que mis trabajos son irreproducibles. Es decir, hay una distancia muy grande entre lo que hago y luego cómo se muestra. Conseguí que el libro sea
una forma de presentación de mi obra”.

El gramaje y la textura de las hojas, la impresión de las imágenes evidencian esta parte. Que no está desvinculada de todos esos “berretines” que tiene el artista: “Soy fierrero. Me encanta la materialidad: los aparatos, los programas de computadoras, revelar, imprimir”.

También le gustaba escribir, y lo sigue haciendo, un poco en secreto: “Cuando empecé con la fotografía, era todo placer. En cambio, quería ser escritor pero sufría mucho. Para escribir hay que pelearla.”

Esa distinción sobre el camino arduo de la literatura y la senda un poco más juguetona de la fotografía dejó su impronta. Valansi intentó contaminar de ese tránsito espinoso su quehacer de artista visual. Sus imágenes no son fáciles, sus artefactos refieren, de una manera u otra, a un mundo en guerra. Sin embargo, se ve tan poco. Manchas, formas, luces y sombras son las capturas de un ojo que se parece mucho a un dispositivo de seguridad. A una mira telescópica, a una lente infrarroja. Ninguna de esas tomas va a quedar tal cual. Se van a transformar en otra cosa: en objetos, en documentos, en aparatos para mirar. Cuando la guerra dejó de ser cuerpo a cuerpo, lo humano salió del cuadro.

Valansi lo sabe, pero al dejarse llevar por esa contemporaneidad del acto de destrucción remarca esa ausencia.

Sin embargo, la pregunta sobre la relación entre arte y política está en sus intereses. Tiene una serie completa de fotografías tomadas con un dispositivo militar de visión nocturna durante los saqueos de 2001 que podría valerle un lugar en este sentido. En cambio, al igual que las imágenes de Zeitgeist, ese nombre tan del romanticismo alemán, tan hegeliano como el espíritu del tiempo, y que trata de documentales de guerra del siglo XX, logra piezas de máxima abstracción. Formas orgánicas, eso sí, pero sin rostro. Gotas, pétalos, paisajes marinos, proezas oníricas,
espectros imaginativos en el lugar de la muerte, la tragedia y el derrumbe. Así habla por ellos: “Cuestiono la posibilidad de que el arte sea político, así entendido como la militancia o cambiar la sociedad. Tampoco me resigno a que el arte sea mercado y nada más. Para lo primero, trato de decantar esa estética, de quedarme con la esencia. Me pregunto cuál es el sentido de incidencia en la realidad de esa producción. Para lo segundo, no puedo hacer otra cosa que lo que me gusta hacer. Veo que hay una producción en serie, productos de lo mismo que sirven para una lógica del mercado para llegar a algún lugar. De eso salen obras que, sobre todo, son un embole.”



Laura Isola