CULTURA MUESTRA

El imaginario erótico lejano

La exposición “La seducción fatal. Imaginarios eróticos del siglo XIX” abrió sus puertas en el Museo Nacional de Bellas Artes hasta el 15 de marzo de 2015, con curaduría de Laura Malosetti. 65 obras de pintura, escultura, grabados, fotografías e impresos de artistas europeos, argentinos y latinoamericanos de fines del siglo XIX y principios del siglo XX, como William-Adolphe Bouguereau, Jules Lefebvre, Eduardo Sívori y Eduardo Schiaffino.

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Foto:Gentileza MNBA

No es nada más que una cuestión de poses. La afirmación es atrevida pero de modo alguno simplificadora, cuando sabemos que se trata de La seducción fatal. Imaginario erótico del siglo XIX, curada por Laura Malosetti, en el Museo de Bellas Artes. Es que en la selección de más de sesenta obras de pintura y escultura, además de grabados, fotografías e impresos que están reunidos en cuatro núcleos, el cuerpo femenino adopta un lugar central y se acomoda en los cuadros (y en la mirada de los espectadores) de distintas maneras. La mujer desnuda y desvanecida que confronta su piel blanca con la oscuridad del brazo del indio que la rapta. La imagen de la cautiva que se desmaya para sobrellevar el oprobio actualiza la tradición del rapto, el sexo y la violencia que estaba en los clásicos. Adopta esta forma que atraviesa, como un cometa, la historia del arte, para llegar a lugares inusitados, como la blonda Fay Wray en la enorme mano del primer King Kong. Pero ésa es otra historia. Erotismo y violencia: el rapto es, entonces, el primer núcleo que elige la curadora para desplegar su inteligente y hermosa hipótesis.

Damas para el deleite y el harén como el microcosmos del deseo. Con los pintores viajeros viene la mirada orientalista, y en este lugar el cuerpo está tendido, en estado de reposo, y espera para que la actividad (sexual) lo encuentre descansado. La reformulación de ese imaginario erótico anterior y lejano se fue haciendo parte de los deseos burgueses del hombre del siglo XIX. El cuerpo de la mujer sometido y esclavo de las pasiones masculinas, literal y metafóricamente. Según refiere Malosetti, la traducción de Las mil y una noches en el siglo XVIII sirvió para decorar fantasías y erecciones. Reclinadas e indolentes, como si no fueran vistas, excitaron aún más promoviendo el fisgoneo. Mirar sin ser visto es el deleite supremo en el deseo, como un recoveco secreto. Durmiendo la siesta, dándose un baño o poniéndose las medias, las mujeres siguen desnudas como un género en sí mismo, como sinónimo del arte, aunque en algunos casos no como de belleza. El despertar de la criada, de Sívori, es un buen ejemplo de esto o de cómo atacar el gusto burgués con ese cuerpo enorme, de trabajadora, que se ve en las manos y los pies. Desnudo, voyeurismo y transgresión, eligió la historiadora para agrupar en una continuidad fluida este tercer momento.

Cuenta Eric Hobsbwam que el siglo XIX se derrama en el XX y todos coinciden –filósofos, historiadores, críticos literarios– en que el siglo pasado empieza en la Primera Guerra Mundial. Con la pérdida de la experiencia, entre otras cosas. En esa centuria larga y decimonónica, las mujeres están paradas. Como actrices, como divas, como diosas pero de un mundo de cabarets y de bella época. Temidas y deseadas, las mujeres son “juguetes peligrosos” que pueden causar muerte. Las mujeres son fatales, son modernas y son urbanas. Entre sus pliegues y sus piernas guardan armas de seducción que pueden activar para que Eros se traduzca en Tánatos. Una erótica del peligro. Un deseo desbordado e incontrolable que ya no puede ser raptado, ni encerrado, ni comprendido.

Malosetti no sólo piensa sus muestras con hipótesis fuertes e iluminadoras sino que, de yapa, nos muestra el proceso. Por eso, los vínculos entre Europa y Buenos Aires; por eso, un corpus tan exquisito que incluye la fotografía, el cine y el tango en el burdel porteño como adenda de su pensamiento. El baile porteño conlleva la cuota de seducción y sensualidad necesaria para incorporarse a esta “atracción fatal”. Por eso, cada módulo no se cierra en sí mismo, sino que sigue en el otro. Una muestra que es como un texto que se lee mientras se mira y disfruta.
Ahora sí, en el museo el goce es estético.

 

La seducción fatal
En el Museo de Bellas Artes
Avda. del Libertador 1473.
De martes a viernes de 12.30 a 20.30 y sábados y domingos de 9.30 a 20.30.
Lunes cerrado. Entrada libre y gratuita.



Laura Isola