CULTURA .

En el aula

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Existen escritores que se dedican únicamente al oficio de narrar. Ricardo Piglia, en su extensa carrera con la literatura, tuvo un oficio tan relevante (o más trascendente aún), que fue el de profesor, y como tal tuvo la virtud de materializarlo en libros. No era un ensayista singular, sino un profesor que ensayaba con la oralidad y el desparpajo del docente asombrado por la curiosidad de un gran auditorio de alumnos imaginarios. Esta forma particular tomó dimensión en la televisión pública de 2013 con sus clases magistrales sobre la obra de Borges. Las imágenes están disponibles en Youtube y deben disfrutarse prestando atención. Porque si hay algo que hacía es polemizar, ya consigo mismo, o con la pregunta que uno puede formular sin que llegue a sus oídos. Incluso, es muy interesante detener alguna afirmación, volver sobre ella y contradecirla. Discutir con Piglia ante su atrio es muy estimulante, podemos tener razón, o no, pero su virtud es abrir el camino para que sea cuestionado.
En su obra ensayística, extensión del aula (enseñó en las universidades de Buenos Aires, Princeton, Harvard y California), se destacan: Crítica y ficción, Formas breves, Diccionario de la novela de Macedonio Fernández, El último lector y Las tres vanguardias.
En Tesis sobre el cuento (Formas breves), sentencia con racionalidad generosa: “El cuento se construye para hacer aparecer artificialmente algo que estaba oculto. Reproduce la busca siempre renovada de una experiencia única que nos permita ver, bajo la superficie opaca de la vida, una verdad secreta. «La visión instantánea que nos hace descubrir lo desconocido, no en una lejana terra incógnita, sino en el corazón mismo de lo inmediato», decía Rimbaud. Esa iluminación profana se ha convertido en la forma del cuento”. El mecanismo para discutir con él, y de esta manera enriquecer la lectura, es la búsqueda del interrogante. En este caso: si lo que está oculto es lo siniestro, ¿por qué diferirlo si lo terrible es su consecuencia? Si la vida no es opaca, un personaje divertido puede ser víctima de una verdad evidente, ¿entonces la opacidad hace más interesante al cuento? Discutan con Piglia, es una forma de homenaje.

Omar Genovese


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