CULTURA

Estado, excepción

PERFIL COMPLETO

Alguien me preguntó, hace unos días, si éste era el año de las letras argentinas, y si creía que nuestra literatura pasaba por un momento excepcional que justificara las invitaciones al Salón del Libro de París y a la FIL de Guadalajara. La pregunta me tomó por sorpresa. Luego pensé que en esta pregunta había un postulado erróneo y demasiado hincapié en el gentilicio. En este tipo de invitaciones median, más que los méritos de una literatura nacional, políticas culturales y el sentido de la oportunidad de los funcionarios de turno. Es el Estado el que gestiona y financia estas participaciones y el que pone el deseo; las ferias, que no son más que empresas, eligen al mejor postor. Argentina, en este punto, posee la ventaja de ser un postor con tradición literaria y escritores contemporáneos de todo tipo. Haber ocupado un primer plano en París y en Guadalajara no implica necesariamente un momento especial para nuestra literatura. Habla más bien de una política cultural firme y, en todo caso, de la voluntad del Estado por proyectarse afuera promoviendo la literatura y el pensamiento nacional. Para cada gestión la participación en estas ferias supone desafíos y logros. Lo relevante y excepcional es que para el Estado actual ser invitado de honor en una feria resulta estratégico, un objeto de deseo sobre el cual invertir, más allá de los fines: Frankfurt, París, Guadalajara. Los debates en torno a la lista de autores que viajan son secundarios y pertenecen al mundo del chisme.

No obstante, los escritores y los artistas en general, desde mi punto de vista, deben despegar su libido de las proyecciones del Estado y alejarse de cualquier tipo de vasallaje nacionalista. No ir en contra ni a favor, sino por otro camino, ya que a menudo los homenajes dialogan, no con nuestro deseo de escribir, sino con políticas expansionistas de promoción cultural montadas sobre el peso simbólico de algunas figuras: muertos duraderos –Cortázar, Borges, Bioy– y, cada tanto, muertos por venir que serán evocados por haber invertido en su obra, no por su nacionalidad.



Oliverio Coelho