CULTURA JULIO LE PARC

Eterno resplandor de una mente brillante

Una selección de obras históricas del artista argentino Julio Le Parc (Mendoza, 1928). La muestra se concentra en las experiencias cinéticas de Le Parc en torno a la luz, realizadas principalmente en los 60. A catorce años de su última gran retrospectiva en el país, el Malba acerca nuevamente al público el universo mágico de uno de los artistas argentinos más importantes del siglo XX.

PERFIL COMPLETO

Para sumergir al espectador en un estado que permitiese la libre asociación de ideas era necesario producirle un choque traumático en el mismo comienzo del film; por eso lo empezamos con el plano del ojo seccionado, muy eficaz”, explicaba Luis Buñuel el comienzo inolvidable de Un perro andaluz. Ese cortometraje, que filmó en 1929, fue realizado en colaboración con Salvador Dalí en el guión, que reunía los sueños de ambos artistas. El título de la película acentuaba, en su falta de congruencia con las escenas, el delirio y ejercicio surrealista. Sin embargo, Federico García Lorca se sintió aludido de por vida y pudo haber dicho que en “esa mierdecilla” que había hecho Buñuel “el perro andaluz soy yo”. Si bien la crueldad de la práctica, la metáfora del ojo seccionado para modificar la relación del espectador con la obra, se morigera en la parábola que recorre el tiempo entre la primera vanguardia y la década del 60, muchas de esas preocupaciones sobreviven.

En los trabajos y los pensamientos de Julio Le Parc, por ejemplo. Pero no sólo a partir de mediados de esa década, lo que parecería más evidente, cuando abandona la pintura. En Secuencias progresivas ambivalentes, de fines de los años 50, lograba que el cuadro se “moviera” a fuerza de una cuadrícula progresiva y yuxtapuesta. Por supuesto que la búsqueda por inventar realidades imaginarias para un mundo que está por venir se intensificará a partir de la creación de CRAV (Centre de Recherche d’Art Visuel) que luego será GRAV, donde Centre se reemplazará por Groupe, cuando la relación entre arte y ciencia se vuelva imparable para el artista mendocino que había viajado a París en 1958 para quedarse. Junto a los integrantes del grupo, François Morellet, Joël Stein, Jean-Pierre Yvaral, Sobrino, entre otros, incorporan nuevos elementos como metales, aleaciones, proyecciones, luces, plástico, hacen una exposición para abrir esta nueva etapa y escriben un manifiesto.

Uno de comienzo y otro de final: en 1969, cuando el GRAV se disuelve y lo hacen saber. Mientras tanto, el centro estuvo en el ojo. No en “el ojo cultivado, en el ojo sensible, el ojo intelectual, el ojo esteta, el ojo diletante.” El ojo humano fue el punto de partida y todavía para Le Parc el camino no está totalmente recorrido. De esa experiencia, también, se trata Le Parc Lumière, la muestra que puede verse (nunca mejor usado este verbo) en el Malba. Las salas a oscuras y la luz que se desprende de las obras cinéticas que el artista mendocino realizó en los años 60 son filosas, hasta un poco molestas. Dan justo en el centro de las retinas muy dilatadas que casi duelen. Hay un laberinto de piezas de metal. Nada amigable andar a oscuras, a tientas. Hermoso y desafiante es el paseo por las obras que pertenecen a la colección Daros y que gozan de excelente forma.

El paso del tiempo no le ha hecho ningún daño a una tecnología bastante simple que está puesta, desde los orígenes de su concepción, al servicio del arte, y no al revés. Ese es su secreto y ahí está el encanto. El planteo curatorial de Hans Michael Herzog, Käthe Walser y Victoria Giraudo sigue un poco el funcionamiento del ojo humano. Ante la oscuridad total, hay que darle unos segundos para que el ojo se acomode y luego el bombardeo lumínico, la máxima tensión. A partir de eso, continúa con un descenso en la estimulación para llegar al descanso. Una poltrona enorme y cómoda permite tirarse en la última sala y mirar hacia el techo una obra perfecta como quien lo hace con las estrellas.

 

Le Parc Lumière
Hasta el 6 de octubre de 2014. Fundación Costantini.
Museo de Arte Latinoamericano. Avda. Figueroa Alcorta 3415.



Laura Isola