CULTURA MUERTE DE UN POETA

Ferreira Gullar o cómo la poesía alcanzó su meta

Brasileño, máximo exponente de la poesía de su país, murió el domingo pasado. Su obra más emblemática es Poema sucio, escrito en 1975 en la Argentina, durante su exilio.

Retrato. En Brasil, en 1968, durante el gobierno militar, fue detenido y torturado junto a sus amigos Caetano Veloso y Gilberto Gil.
Retrato. En Brasil, en 1968, durante el gobierno militar, fue detenido y torturado junto a sus amigos Caetano Veloso y Gilberto Gil. Foto:Cedoc Perfil
El poeta José Ribamar Ferreiro, conocido como Ferreira Gullar, considerado una de las voces más importantes de la poesía brasileña, murió el domingo pasado, a los 86 años de edad, en el hospital Copa D’Or de Copacabana, donde estaba internado por complicaciones pulmonares. Ensayista, dramaturgo, crítico de arte, traductor, periodista e incluso artista visual, había nacido en 1930 en São Luis, en el estado de Maranhão, en la región noreste de Brasil. Se unió al Partido Comunista en el golpe militar de 1964 y, cuatro años después, fue detenido y torturado (compartió la misma celda con el cantante Gilberto Gil). De 1971 a 1977, año en el que regresó a Río de Janeiro, vivió exiliado en Moscú, Santiago de Chile, Lima y Buenos Aires, donde escribió su poema más famoso: Poema sujo (Poema sucio). Leído ante un grupo de amigos, entre ellos Vinicius de Moraes, fue grabado por éste en un casete e introducido en Brasil, donde comenzó a circular clandestinamente. El éxito del poema, publicado por la editorial Civilizaçao Brasileira, permitió que retornara a su país, tras someterse a un interrogatorio militar de 72 horas.

Junto a otros poetas y artistas plásticos brasileños como Lygia Clark o Amílcar de Castro, Gullar promovió a fines de la década del 50 el movimiento neoconcreto contra el racionalismo del arte concreto, representado en poesía por Décio Pignatari, Augusto de Campos y su hermano Haroldo de Campos. El programa concretista partía de una analogía entre el trabajo artístico y el industrial, de modo que proponía un arte sin connotación lírica o simbólica, sólo basado en elementos plásticos, estructuras y planos relacionados, formas seriadas y geométricas. El manifiesto neoconcreto de 1959, publicado en el suplemento dominical del Jornal do Brasil (dirigido por Reynaldo Jardim, participante del movimiento), escrito por Gullar y firmado por varios artistas, denunciaba –sobre todo, bajo la influencia de la filósofa Susanne Langer– el racionalismo del arte concreto y, contra las ortodoxias constructivas y el dogmatismo geométrico, defendía la libertad de experimentación, los propósitos expresivos y la subjetividad artística. En esa misma publicación, Ferreira Gullar dio a conocer su teoría del no-objeto.

Luego de un período de lectura de Rainer Maria Rilke, T.S. Eliot, Paul Valéry (especialmente El cementerio marino), Rimbaud, Drummond de Andrade y otros, en 1954, a los 24 años, ya radicado en Río de Janeiro y casado con la actriz Teresa Aragón, Gullar publicó A luta corporal, su segundo libro de poemas, que inmediatamente despertó la atención de la crítica literaria brasileña por el vanguardismo visual. Sin embargo, luego del manifiesto neoconcreto, y en especial durante el exilio, su poesía giró hacia un lenguaje más directo y político, aunque sin perder la inclinación al experimento verbal y sintáctico. Entre muchos otros premios, Gullar fue distinguido con el Jabuti por Muitas vozes (1999), el premio Machado de Assis y el premio Camões (2010), el más importante de la literatura en lengua portuguesa. En 2014 fue elegido miembro de la Academia Brasileña de las Letras.
En la capital de Maranhão, São Luis, el alcalde Edivaldo Holanda decretó tres días de duelo por el fallecimiento de Ferreira Gullar.