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Fragmentos de la infinitud humana

Cerrado por un tiempo considerable, vuelve a inaugurarse el indispensable Espacio Fundación Telefónica con la muestra de Charly Nijensohn, una exploración de los grandes espacios americanos –en este caso los del sur– que recuerdan los relatos fundacionales de Poe y Melville. “Estado de emergencia” puede pensarse como un profundo ensayo sobre la geografía del ser.

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Foto:Fundación Telefónica

En 1837, Edgar Allan Poe terminó de escribir por encargo Las aventuras de Arthur Gordon Pym of Nantucket, al tiempo que ponía a prueba, en ese texto desbordante que obtuvo el desprecio de los lectores americanos, los principios del Romanticismo en la literatura americana. Con las exploraciones polares en boga como telón de fondo, el padre del policial lanza al inexperto Gordon Pym a una serie de aventuras que cuenta en primera persona. Esa novela de aprendizaje, en algún sentido aunque no en el formal, conlleva las características de un estilo gótico del que Poe, también, fue maestro. En principio, la exaltación de un yo, el miedo, lo inexplicable, lo irracional, la providencia y hasta la figura del negro, sin el cual no habría gótico. Asimismo, la naturaleza como fuente de inspiración, menos para describirla que para que “ilumine”, como rasgo predominante de ese momento artístico. Por lo tanto, con este haz de rasgos empieza a formar parte de una tradición muy americana: el hombre contra la naturaleza. Como en Moby Dick, por mencionar al mamífero más grande de ese género, son historias de hombres solos a merced de las inclemencias y en busca de un sueño. Estado de emergencia, la obra de Charly Nijensohn (1966) que reinaugura el Espacio Fundación Telefónica, comparte imaginariamente con el texto de Poe “el deseo del Oeste”, esa fuga a lo desconocido que parte del siglo XIX y sigue en carrera a caballo con el western en el cine de Hollywood, tal como puede leerse en El americano en vías de extinción, de Fielder. En ese sentido, las tres obras de video que componen una experiencia radical de los sentidos son menos deudoras de los libros de viajeros que de la construcción ficcional sobre un (im)posible viaje. De esos viajes hablamos en las tres piezas de Nijensohn, que hace mucho tiempo le viene dando vueltas a esta idea: El naufragio de los hombres (2008), al Salar de Oyuni, en Bolivia; Dead Forest Storm (2009), al Amazonas, y El éxodo de los olvidados (2011), a los hielos de la Patagonia. Si bien los escenarios son muy diferentes en sus geografías, la repetición se da en contraponer una inmensidad natural contra la finitud humana. Al tiempo que se mantiene la idea de una pequeña comunidad, de hombres, de amigos, que sostienen una forma de vida ligada al peligro y lo desconocido. Ensayar por un rato en ese ambiente es conmovedor. Las pantallas que recubren las paredes de la sala a oscuras emiten no sólo las imágenes de las videoinstalaciones sino los sonidos. De la lluvia, del viento, del silencio. La tecnología, entonces, es el medio para acceder a la naturaleza y hacerla vibrar en su modo más intenso. Nos sumerge en un estado de emergencia que suspende las certezas y nos dejamos llevar por un sendero mental desconocido. Como un mantra, como una plegaria, hay algo de religioso al exponernos a los videos. De refilón, unas líneas respecto a un llamado de atención ambiental, como en el caso de la construcción de la represa hidroeléctrica en la zona de Manaos, que modificó mucho el ecosistema y obligó a los habitantes de esa región a abandonar sus tierras.

Sabemos por Roald Amundsen, el viajero noruego que llegó al Polo Sur haciendo creer a sus tripulantes que iban justo para el otro lado, que la aventura es la falta de previsión. A diferencia de esto, en los relatos, en las obras de arte, la aventura es el leitmotiv de la empresa. A ella se va, con el barco ballenero y con el barco ebrio. También, con una cámara.

 

Estado de emergencia
Charly Nijensohn
Espacio Fundación Telefónica
Arenales 1540
De lunes a viernes de 14 a 20.30
http://espacio.fundaciontelefonica.com.ar/



Laura Isola