CULTURA EL TALLER DEL ARTESANO

Gabinete de curiosidades

El misionero Andrés Paredes ha pergeñado con “Gurí” el vínculo entre dos mundos, en este caso –como un apasionado naturalista– ateniéndose a las maravillas de la ciencia y la naturaleza. Es a través de una mirada microcóspica que Paredes descubre la trama de esa maravillosa y terrible selva que acabó con Horacio Quiroga y toda su familia. Descubre porqué la reina Máxima Zorreguieta es una de las enamoradas de su arte.

PERFIL COMPLETO

Los dioses –se lee en La Ilíada– les dan a los hombres tragedias y alegrías para que los poetas tengan temas para sus obras. El más antiguo poema de Occidente nos dice que los dramas y triunfos de la vida forman parte de la puesta en escena de una ficción absurda, en la que a veces somos protagonistas, pero en la que, por lo general, funcionamos como uno de esos extras que cruzan el escenario sin abrir la boca. El arte es posible porque el mundo es imposible. La vida es un mero transcurrir burocrático: sólo los artistas le dan sentido. Rousseau decía que hasta los cinco años todos los niños eran artistas: en su aprendizaje del mundo, cada pequeño imagina una realidad mucho más fascinante que la que predomina en el sentido común de los adultos, cuando la domesticación ha logrado matar al poeta que cada persona tenía dentro de sí al nacer. Andrés Paredes (Apóstoles, Misiones, 1979) sigue siendo un niño poeta: en su muestra Gurí (americanismo que proviene del guaraní ngiri, y que significa “niño”) comprobamos que el mundo que él ve (el mundo que logra hacer visible para nosotros) es una invención sistemática que entrelaza ciencia, juego e imaginación.

Paredes nació en una enorme casa que, a la vez, era la clínica de su padre médico. Respiró por primera vez en una de las salas de parto que había en la que sería su casa. Además de salas de espera, máquinas de rayos X y quirófanos; además, de dormitorios, una cocina y un living, en esa casa había un ilimitado jardín, repleto de plantas tropicales. Repleto de vida tropical: mariposas, chicharras, pequeños reptiles, arañas. Un mundo aún más maravilloso que el que poblaba las salas de la clínica paterna. En el consultorio de su padre descubrió un microscopio que le permitió tender un puente entre los dos mundos: la rigurosidad racional de la ciencia y el desvarío barroco de la exuberante naturaleza. Dos mundos que convivían en la misma casa: unos pocos metros separaban la sala médica del batir de alas de las mariposas.

En Gurí, Paredes presenta (entre muchas otras obras) dos reconstrucciones del gabinete médico de su padre en diálogo con la naturaleza vegetal y animal que lo acosaba. Por un lado, una gran fotografía, Recuerdo de los dos mundos, muestra el montaje que el artista realizó en su taller de Misiones. Por el otro, en una instalación se recuerda ese diálogo entre los dos mundos de una manera que es, a la vez, más intensa y más distante. En ambas rememoraciones conviven los elementos naturales, los instrumentos científicos y los objetos ficcionales con los que el artista crea un mundo nuevo. Este nuevo mundo ya no es el de su infancia sino un homenaje (siempre distorsionado: es decir, auténticamente personal) a lo que desea hoy que haya sido su pasado.

Paredes es un artesano genial: un maestro del calado. En sus obras sobre papel lleva esa maestría al nivel de detalle y cuidado que se puede ver en las obras más exquisitas que realizan las mejores bordadoras de ñandutí; y no es menos sofisticado su calado sobre MDF, resina y otros materiales con los que realiza sus esculturas. Gurí está poblada de ecos vegetales (como se puede ver en El coquero o Crecimiento) y de gigantes esqueletos de libélulas, chicharras y otros otros insectos (Ninfas, Hospedero con crisálida, Salir de la tierra o Anisópteros en enramadas). No es casual que los insectos que pueblan la selva rememorada en Gurí sean aquellos que, como las mariposas o las chicharras, pasan por un estado larvario.

Toda la muestra de Paredes está bajo el signo de lo trans: el puente entre dos mundos. Entre la infancia y la vida adulta, entre el recuerdo y lo presente, entre la larva y el insecto plenamente desarrollado. De alguna manera se trata del pasaje entre el deseo y su imposible realización. Aunque lo que veamos son insectos, plantas, consultorios médicos, recreaciones que insisten en lo biográfico y en la memoria, lo que tenemos delante nuestro es un mapa de lo que el arte es: la tensión entre lo que creemos saber y la maravilla de animarnos a ver lo que no sabemos. Es un mapa del descubrimiento en el momento en que el develamiento se produce. Como cuando, siendo niños, imaginábamos que estábamos refundando el mundo y así le dábamos sentido.

 

“Gurí” Obras de Andrés Paredes
Galería Palatina. Arroyo 821
Lunes a viernes de 10.30 a 20 hs.
Sábados de 10 a 13 hs. Gratis



Daniel Molina