CULTURA EL LEGADO

Herederos de la memoria

La obra de los grandes autores, a su muerte, suele navegar diversos mares procelosos. ¿Qué pasa con su legado una vez que desaparecen los protagonistas? Los custodios revelan el secreto.

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Foto:Cedoc Perfil

Más allá de los de derechos intelectuales y legales, ¿cómo se organizan los herederos de grandes autores? Lidiar con el legado, esa es la cuestión, pero ¿por qué? Probablemente se deba a que el patrimonio cultural es lo que nos precede; sin él, no habría identidad social. Resulta un ambicioso trabajo disponer de textos de escritores y exhibirlos ante una sociedad curiosa y culta.
PERFIL dialogó con algunos de los protagonistas y hete aquí sus expresiones y deseos: los de preservar la memoria de sus queridos y transmitirla. María Kodama, por ejemplo, inauguró la Fundación Internacional Jorge Luis Borges dos años después de la muerte del maestro: “Desde que abrimos el museo también hacemos exposiciones de obras, de fotografías, montamos paneles en la fundación. Organizamos una serie de conciertos, también, consagrados, noveles, música de cámara. Quienes colaboran con nosotros traen proyectos y los llevamos a cabo”. Kodama viaja constantemente por todo el país y por el exterior inaugurando exposiciones o cualquier otra actividad que refiera a Jorge Luis Borges. Debido a su incansable labor y a la íntima concomitancia que tuvieron, Kodama es una digna embajadora a la hora de representar a nuestro más destacado autor. “Borges me había hecho heredera cultural tiempo antes de enterarme yo…”. Una cuestión tácita si nos referimos a su acompañamiento incomparable. La misma fundación linda con una de las casas de Borges en Barrio Norte (donde escribió Las ruinas circulares), “hemos recreado su habitación de su casa de la calle Maipú en el primer piso”, continúa Kodama, “conservamos y catalogamos sus manuscritos, las primeras ediciones de cada una de sus obras, libros propios, ¡hasta sus bastones! Tenemos como proyecto para el año próximo traer a un grupo de cámara de Bosnia como lo hicimos en su momento con Pedro Memelsdorff”. Destaca también la participación de escolares: “Hace diecisiete años que hacemos el concurso de haikus ya que Borges era un gran adepto: empezamos haciéndolo entre cinco colegios y hoy son más de ciento cincuenta en todo el país con chicos de entre trece y diecisiete, dieciocho años. Y la calidad es óptima. Gracias a Editorial Planeta publicamos hace unos años El camino del haiku con muchos de los trabajos de los alumnos. No me ocupo sola, tengo amigos profesores de literatura que me ayudan y seleccionan las obras. Como premio, también ofrecemos libros de Borges. Lo importante de la continuidad del trabajo es con los haikus; no paramos desde que empezamos; para mí es maravilloso. Yo me baso en cada acción de la fundación sobre los gustos e intereses de Borges. Para él la cultura japonesa era fascinante. Hay quienes dicen que yo lo catequicé y no es así en absoluto. El decía que su abuela le leía en inglés cuentos japoneses siendo muy niño. Y con los años llegó a todos los clásicos que leía en traducciones al inglés o al francés”. Al respecto, Ezequiel Tomás Martínez, el presidente de la Fundación Tomás Eloy Martínez e hijo del autor de Santa Evita, entre más novelas, ensayos y guiones, nos dice: “La respuesta de la juventud es gratificante. El promedio de edad de quienes nos siguen en Facebook está en la franja de los 25-35 años. Pero además acuden a nuestros talleres, se acercan estudiantes de varias universidades tanto de aquí como del exterior que están haciendo su tesis sobre algún aspecto de la obra de mi padre y eso habla de su vigencia. Durante toda su vida, él dedicó tiempo a los jóvenes que se acercaban a pedirle su opinión o para darle a conocer sus escritos. Aunque se tratara de alguien que hacía sus primeros pasos en el periodismo o la narrativa, su dedicación era la misma. Le agradaba escuchar sus opiniones y abrirles alguna puerta. Después de su muerte mucha gente me comentó cuánto lo había ayudado mi padre con una generosidad desinteresada. Uno de los objetivos de la fundación hereda ese espíritu: dar un lugar a los jóvenes para desarrollar su talento a través de talleres que llevamos a cabo con escritores y periodistas. Hemos puesto a disposición de periodistas, investigadores, estudiantes o cualquiera interesado en su trayectoria, toda la documentación y los escritos que él ordenó que estuvieran reunidos en la fundación, junto con sus películas, su música y enorme biblioteca. No quería que todo ese patrimonio se dispersara sino que permaneciera donde otros pudieran aprovecharlo. Nos ocupamos de la difusión de su obra y su trayectoria, divulgando escritos inéditos o textos inhallables que divulgamos a través de la web”.
Los premios al periodismo u otros géneros suelen ser parte de los programas para alentar la continuidad de la obra: “Una de las ideas que tuvo mi padre es que se otorgara un premio o una beca a proyectos avanzados de literatura y periodismo narrativo. El pudo terminar libros como La novela de Perón gracias a una beca que le permitió no distraerse con otros trabajos. Claro que para un proyecto así se necesita el apoyo económico de alguna institución que se comprometa con esto. Hasta ahora no lo hemos conseguido, pero estamos en conversaciones avanzadas con la Fundación para el Nuevo Periodismo Iberoamericano que preside Gabriel García Márquez, para armar la Beca Fundación TEM para periodismo de investigación”. Contar con padrinazgos de renombre como los que cuenta TEM, ¿suman a la idea de Tomás Eloy Martínez de extenderlo a Latinoamérica? “El Comité de Honor de la fundación fue una idea mía que no llegué a hablar con él. Conocí a través de mi padre a casi todos los que forman ese comité, que luego de su muerte se acercaron con mucho afecto a ponerse a disposición para lo que se necesitara. Entonces se me ocurrió invitarlos a formar parte de ese Comité de Honor que de algún modo le diera proyección internacional a la fundación, y que fueran una guía y una compañía para mantener vigente el legado de mi padre. Lamentablemente dos de ellos ya no están –José Saramago y Carlos Fuentes–, pero a través de sus esposas seguimos manteniendo el vínculo. Justo en el último número de la revista Blimunda, que edita la Fundación José Saramago, Pilar del Río incluyó un artículo escrito por mi padre. Otros, como el español Juan Cruz, el nicaragüense Sergio Ramírez, el argentino Martín Caparrós o el mexicano Juan Villoro, han tenido la generosidad de visitar la fundación y dar alguna charla o conferencia en nuestra sede cada vez que pasan por Buenos Aires”. Hablaba Tomás Eloy Martínez de sus ficciones verdaderas, ¿acaso nuevo género? ¿Cómo promoverlo? “Hoy el periodismo vive una explosión de la crónica y del periodismo narrativo. Mi padre fue uno de los pioneros en eso de contar la realidad con las herramientas de la imaginación, cuyo mejor ejemplo está en las crónicas de Lugar común, la muerte. A través de nuestros talleres, se profundiza en ese género a través de las clases de periodistas como Josefina Licitra o Leila Guerriero, que nos acompañan en esa cruzada de intentar formar profesionales con inquietudes”.

¿Shakespeare necesitaba un representante? ¿Existe el temor a que una obra no logre mantenerse? O, mejor reformulado, ¿puede mantenerse sola? Dice Ezequiel Martínez: “No existe tal temor porque un escritor sobrevive a través de sus obras. Sus libros se siguen reeditando y hay nuevas traducciones y un interés permanente de editores en todo el mundo. Pero sobre todo, hay nuevos lectores. Encontramos en sus archivos mucho material –crónicas, cuentos, conferencias– que no han sido editados y pueden rescatarse en algún momento. Por otra parte, cada vez que publicamos algún texto o artículo suyo, aunque sea una frase dicha por él, se replica de manera constante y sostenida. Por ejemplo, el día que murió Videla, medios de todo el mundo echaron mano del artículo ‘Videla: las cuentas pendientes’, que había publicado en 2001, y citaban sobre todo una frase: ‘Videla forma parte de esa estirpe que ha revelado la mediocridad del mal y ha demostrado que el demonio puede encarnarse en un hombre cualquiera’”. Mario Sabato, hijo de Ernesto, estima que una obra puede mantenerse sola: “La obra de los grandes escritores permanece en el tiempo. Pueden pasar momentos de desprecio, o de olvido, pero luego, invariablemente vuelven. Mi padre fue, y lo sigue siendo, envidiado por otros escritores menores. Pero sus críticas malévolas, o el silenciamiento de su obra por parte de intelectuales de vuelo corto no alteró en lo más mínimo el fervor de sus lectores, que siguen siendo tantos. Menos aun, el cariño y la admiración de la gente. Un ejemplo notable de esto fue su velorio, que se hizo en el Club Defensores de Santos Lugares, tal como él nos lo pidió. Fueron miles de personas, y muchas de ellas vinieron de lugares muy distantes. Aparecieron, en cambio, sólo dos o tres escritores. La Presidenta nos habló por teléfono y mandó una enorme corona. El secretario de Cultura estuvo casi toda la noche, y también envió una ofrenda floral, como se dice en la jerga funebrera. En cambio, la Biblioteca Nacional no mandó ni una florcita. No es necesario que yo promueva la obra de Sabato. De eso se encarga muy eficazmente Willie Schavelzon. La familia decidió que lo siga haciendo, y no sólo por su capacidad y dedicación. Fue el que eligió mi padre y nunca aceptó cambiarlo.” Teresa es la hija de Leónidas Lamborghini y agrega al respecto: “Yo no promuevo, la obra de Lamborghini parece no necesitar difusión tampoco. No es algo a medio hacer. Pero es cierto que tiene sus conocedores, sus lectores, y esto tardó en suceder. Considero que soy testigo del pasaje del no lo compre y del una bolita de estiércol a esta nueva ubicación que le atribuyen, que me extraña de muchos, pero que no desconozco. El trabajo que debe afrontarse es la edición, no es arduo, pero sí requiere tomar decisiones, y para eso algo hay que conocer, de lo contrario las decisiones las toman otros. Antes fue necesario leer de un modo muy particular toda la obra, tener afinidad con el modo en que un autor se plantea la literatura de lo que escribe, provoca saber de ella. En el aspecto práctico, a la etapa final justo antes de que el diseño del libro entre a imprenta, ya deberíamos nombrarla de algún modo, porque es un clásico el tipo de cosa que se traba sólo a último momento. En algunos casos el autor o quien esté a cargo también se afecta de último momento. El trato con lo que uno cree que es una persona sí, es un trabajo arduo. Actualmente, los lectores de esta obra son los que habilitan. Aunque a veces me equivoqué, confío en estar haciendo con ellos este trabajo. Con los que ya saben qué encontrar ahí, y con los que no conocen ese lugar, pero se sorprenderían si lo hicieran”.
Teresa Lamborghini también tiene mucho para contar sobre la vasta labor de su padre, entre poesía, novela y ensayo: “Debido a lo diverso de su obra, clasificarla no es nuestra intención. Una precisa aunque sea una mínima disposición en dirección a lo que Leónidas hizo y organiza de por sí. En México no publicamos todavía. Los libros allí y en España son de sellos editoriales argentinos que o circulan en esos países con ISBN local o tienen distribuidor local allí. Pero sí mi padre escribió en México entre 1977 y 1990. Sus escritos están organizados en ciclos. Este es uno de ellos, uno muy importante. Hasta aquí, a un ritmo de dos libros por año a partir de 2010, el plan fue publicar los inéditos que Leónidas dejó encargados para su edición a Paradiso para su publicación en vida: El macró del amor, Siguiendo al conejo y Ultimos días de Sexton y Blake; otro libro póstumo, Mezcolanza, publicado por Emecé; y reponer títulos fuera de circulación, como El ruiseñor por Editores Argentinos, que también se ocupó del material audiovisual del que dispone y que tiene a mi padre como protagonista.”

Todo queda en familia. “Siempre digo que es una Fundación familiar, en la que todos sus hijos formamos parte. Quizás porque soy el único de sus siete hijos que se dedicó al periodismo –y particularmente al cultural–, soy el que ha estado más involucrado. Esa afinidad vocacional me permitió ayudarlo en la investigación de algunos de sus trabajos, revisar juntos sus artículos o libros, acompañarlo en varios viajes y compromisos cuando su salud ya no le permitía hacerlo solo. El me pidió en vida que fuese el albacea de su obra y que llevara adelante la creación de la fundación y así lo consignó en su testamento. Por supuesto, es algo que me llena de orgullo por la confianza, así como siento una gran responsabilidad por mantener vigente su legado y seguir honrando su nombre y sus valores éticos”, destaca Ezequiel Martínez.
Prever la herencia cultural o cuál es la intención del autor en vida. Lamborghini dice: “Todo es post mórtem. Todo es escribir. Y aunque el pasaje a través de membranas para difundir una obra haga vivir la ilusión de que se está hecho, aunque una época haga sentir que eso está colocado, lo de la herencia cultural escapa a poder prever a través de ideas lo que ocurrirá con esa obra en el futuro. Quiero decir, ya sabemos que eso ahí llamado no requerirá de nuestra presencia para seguir su curso”.
“La herencia, en términos mezquinos”, dice Sabato, “pertenece a sus herederos. Pero, en verdad es un legado que debemos compartir con todos los que admiran su obra y su ejemplo de vida. Mi padre siempre escribió para los demás, por los mismos motivos que asumió su compromiso cívico”.
Mario Sabato aclara que clasificar la obra y los archivos de su padre es “más penoso que complejo. En la larga enfermedad de mi padre, que lo fue debilitando y minando su voluntad, fueron, digamos, ausentándose libros y escritos. No quedan los originales de sus novelas, ni de los ensayos. Quedan unas pocas páginas dispersas. Hemos rastreado los originales, y vamos a tratar de recuperarlos. Ya pudimos devolver la máquina de escribir al lugar que nunca debió haber abandonado, cumpliendo su expresa voluntad. Tengo confianza en que cuando se abra el museo, todo esté donde debe estar”.
Abrir las puertas de la casa de Santos Lugares es un modo de transmitir directamente la intimidad de Sabato: “En febrero de este año pudimos empezar la restauración de la casa. La burocracia demostró, una vez más, que es una temible máquina de impedir, demorando por dos años que se librara el subsidio que el gobierno de la provincia de Buenos Aires y el municipio de Tres de Febrero otorgaron a la Asociación Amigos de la Casa de Ernesto Sabato. Por eso hoy podemos encarar muchas menos obras de las previstas. Tengo plena confianza en que podremos terminar la obra y abrir la casa con el apoyo de instituciones y fundaciones. Los trabajos de restauración son muy delicados porque nuestra intención es recuperar la casa como era en su momento de mayor alegría y creatividad, cuando vivían mi hermano y mi madre. Abrirla a la comunidad lo sentimos como un deber porque el legado le pertenece a todos. Nosotros lo único que haremos es cuidarlo”.
María Kodama define todo este concepto gráficamente: “La historia es como los fuegos artificiales: de golpe estalla algo y todos lo ven, pero cuando se extingue, lo olvidan”.



Lala Toutonian