CULTURA

La primera beatnik

Célebre por haber sido la mujer de Neal Cassady, se publica en castellano Off the Road, relato autobiográfico de Carolyn Cassady, quien conoció a los beatniks desde las entrañas y vivió para contarlo.

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Foto:Cedoc

El 20 de septiembre de 2013, a los 90 años, murió Carolyn Cassady en Inglaterra, hasta donde se había mudado en 1984. Fue allá donde, en 1990, publicó el tomo definitivo de sus memorias: Off the Road: veinte años con Cassady, Kerouac y Ginsberg, que en 2011 fue reeditada en inglés en un tiraje importante. Ya en 1976 había entregado un adelanto de ellas en Heart beat: My life with Jack and Neal, en la que se basó la película que fue protagonizada por Sissy Spacek, Nick Nolte y John Heard.

Esposa por casi veinte años de Neal Cassady, a quien conoció después de la Segunda Guerra Mundial, Carolyn fue la primera mujer beat, antes de que el término fuera acuñado: fumó marihuana y otras drogas; practicó cierto relajo sexual a principios de los 50, cuando se acostó bajo el mismo techo con su marido y con Jack Kerouac. En su libro, en todo caso, desmitifica el famoso ménage à trois y, en su lugar, consigna encuentros primero con uno y después con otro. La editorial española Escalera, una especie de especialista en este tipo de literatura, tradujo Off the Road, al igual que Doctor Sax, Pic, Tristessa y Satori en París, de Jack Kerouac, y Go, de John Clellon Holmes, la primera novela donde aparecen los integrantes de esta generación como personajes literarios.

El encuentro. Carolyn Robinson y Neal Cassady se conocieron en marzo de 1947, cuando ella vivía en un hotel y un amigo le tocó el timbre para presentárselo. Por alguna razón, este amigo creyó que debería conocerlo sin avisarle, y fue así como Neal, tres años menor que ella, entraba a su habitación “pasándome de largo, catalogando su contenido”. El amigo ya le había hablado de las aventuras de unos tales Neal Cassady y Jack Kerouac, cuestión que ante sus ojos “ya lo había convertido en un hombre único”. Carolyn en esa época era retratista y diseñadora para producciones teatrales, estudiaba en la Universidad de Denver, pero trabajaba como “ayudante de enseñanza”. Neal, por su parte, estaba casado con LuAnne, una chica de dieciséis años que trabajaba atendiendo mesas en un restaurante de comida rápida.
Carolyn no podía creer que un chico tres años menor le atrajera y que además estuviera casado a esa edad, pero su gusto por la música y su trato hicieron que lentamente fuera pasando por alto esos impedimentos. Off the Road es una narración autobiográfica, pero que tiene valiosos documentos, como cartas de Neal a Ginsberg o a Kerouac, y viceversa. En una de ellas escribe a Ginsberg: “He conocido a una chica maravillosa… Su falta de cinismo, de sofisticación artificial y de esterilidad en maquillaje creativo la hacen recomendable ante ti. Es sólo demasiado recta para mi temperamento”. Esta rectitud se explica por la educación estricta a la que fue sometida en Michigan, por su padre bioquímico y por su madre profesora de iglés, con escasas demostraciones de afecto desde la infancia. Por el contrario, Neal era muy afectuoso; sin embargo, al principio él no manifestaba sensualidad, sino sólo “afecto reprimido”, por eso “muy pronto dejé de temer el tipo de asedio al que los hombres me habían sometido en el pasado”.

Quizás esto mismo hizo que su primer encuentro sexual fuera tan traumático para ella. Allen Ginsberg había llegado de visita y el sofá, al que acudía Neal, era ocupado por él, bajo el pretexto de que los hoteles eran muy caros y Allen estaba muy cansado. Así, después de beber un poco, Neal se metió en la cama de Carolyn, quien “esperaba algo paulatino, algunos preliminares”, pero en vez de eso tiró de su pantalón de pijama y fue… muy doloroso para ella. Al terminar se preguntó: “¿Dónde estaba la ternura que Neal había mostrado hasta ahora?”. Y enseguida, algo más inquietante: “¿Cómo no podía darse cuenta de mi rígida frigidez?”. Esto hizo que recordara que su primera relación sexual había sido una violación, en Nueva York, en 1943.

La musa. Después de conseguir que Neal finalmente se divorciara de LuAnne, de muchas idas y venidas en su relación y del nacimiento de su hijo varón, 1952 parece ser un año fundamental para la vida de Carolyn y para los beatniks. Kerouac se separa de su esposa y comienza a pasar a máquina En el camino, agregando pasajes al original rollo de papel en el que había escrito la primera versión; Ginsberg trabaja como agente literario de Jack (ya había editado The Town and the City, por la cual había obtenido un adelanto de US$ 1.000, suma que le entregó a su madre) e intenta hacer lo mismo con William Burroughs, quien un año antes había disparado y matado accidentalmente a su esposa; Neal había escrito su única novela, Primer tercio, tenía un empleo estable en el ferrocarril, había perdido parte de su pulgar y su vida con Carolyn, quien estaba en tratamiento por una parálisis facial, cobraba por primera vez sentido, y también es el año de la publicación de Go, de Holmes.

Es precisamente este año cuando Kerouac visita al matrimonio Cassady en San Francisco para pasar una temporada. Allí le escribe a Allen esta carta, incluida en la correspondencia entre ambos y publicada por Anagrama en 2012: “Tu carta fue leída por el grandísimo Neal y, sin tener ni idea de su existencia, Carolyn la encontró debajo del fregadero, que es donde la tiraron las niñas”. También habla de lo mucho que trabaja Neal y de las ganas que tiene de marcharse de ahí para conseguir marihuana. Sin embargo, antes de que esto acontezca, Jack le había regalado a Carolyn un ejemplar dedicado de The Town and the City y había recibido un consejo de Ginsberg sobre cómo plantear a la editorial las correcciones que quería hacer a Off the Road. Carolyn ya había leído pasajes sueltos de la novela, pero lo que la sorprendía era ver a Jack escribiendo “escenas adicionales”, emocionado con las posibilidades “que le ofrecía la grabadora para capturar debates o historias importantes”. Por eso pensaba que la novela podía convertirse en “una autopista interminable. Para cada nuevo añadido, Jack encontraba en nosotros un público que pensaba que él era incapaz de hacer algo mal”. Pero como Neal trabajaba la mayor parte del día, con quien compartía su trabajo diario era con Carolyn; así, cuando terminaba la jornada lo acompañaba a beber un moscatel.

Una tarde, Neal anunció que debía irse por dos semanas a trabajar en el ferrocarril: “No hagáis nada que yo no haría, ¿vale, chicos?”. Neal era mujeriego, por lo que la recomendación no cayó nada bien en su esposa, quien mantuvo distancia con Jack. Cuando Neal regresó, Carolyn le preguntó si de verdad creía que debían “hacer el amor, Jack y yo. ¿O sólo lo decías para protegerte en caso de que lo hiciéramos?”. La respuesta hizo que Carolyn aprovechara una ocasión y preparara una cena que tendría sus consecuencias: “Esa noche me entretuvo con sus conocimientos e impresiones de Bill Burroughs, su procedencia, estudios, su mente brillante y cómo se habían conocido en Nueva York. Ninguno de los dos podíamos imaginar cómo un hombre así se había sentido atraído por las drogas y las armas de fuego”. Después de eso, pusieron música, se recostaron sobre el sofá y “la primera luz de la mañana me despertó, y por un instante no supe dónde estaba”.

La generación. Por algunas semanas, “la moralista” Carolyn se estuvo acostando con su esposo y con Jack, sin dejar de atender a sus tres hijos y sus labores domésticas. Por primera vez se sintió parte de la complicidad que tenían aquellos amigos: “Ahora yo formaba parte de todo lo que hacían; me sentía como el sol en su sistema solar y todo giraba a mi alrededor”. Sin embargo, la ecuación fallaba, porque sin Ginsberg, quien sentía celos de que sus amigos estuvieran pasándolo bien, el grupo no estaba completo.
Cinco años más tarde, Allen Ginsberg y la publicación de su libro Howl serían el centro de atención. Era el año, además, en el que Burroughs vivía en Tánger y la época en que Kerouac planeaba un viaje a Europa y, luego de visitar a Celine, cruzar el Mediterráneo para ayudar a Burroughs a organizar el manuscrito de El almuerzo desnudo. Partió a Tánger antes de que estallara el escándalo por la nueva edición de Howl. Como la primera edición, acordada con City Lights, la librería de Lawrence Ferlinghetti, se había agotado rápidamente, pronto llegó a la librería una edición hecha en Inglaterra, pero “la aduana estadounidense confiscó el libro por obsceno. Tanto Ferlinghetti como su empleado, Shig, fueron arrestados”. Para Ginsberg, la incautación daba risa, pero también le daba para pensar que “la clase culta de América es en el fondo tan cobarde que con el tiempo cederá ante los necios y los sebosos polis irlandeses, y esto será como Alemania, un estado policíaco”.

1957 marca, de este modo, el año de nacimiento de la Generación Beat, no sólo porque el escándalo desatado por el juicio a Aullido y el impacto en la prensa fueron tales que por seis meses no se paró de hablar de los escritores que la formaban, sino también por el artículo que escribió Jack Kerouac explicando la Generación Beat. Lo beat, según él, era “la segunda religiosidad de la civilización occidental”. Sin embargo, con En el camino en librerías, las críticas a la novela incorporaron este texto escrito por él. En un artículo se lo caricaturizaba como el Jehová de esta nueva “religiosidad” y se detallaban los nuevos mandamientos a seguir: “Matarás por matar. Deshonrarás toda la carne, incluida la propia. Negarás tus derechos naturales y dimitirás de la raza humana. No contribuirás con nada al mundo excepto con tu desprecio. Destruirás a los inocentes. Harás burla de la moral, la ley, la justicia común y, sobre todo, el amor”. Para Carolyn: “Ninguno de nosotros anticipó los increíblemente amargos y hostiles ataques”. Como Jack era sensible y paranoico, los artículos se los tomaba personalmente, lo que hizo que se refugiara en el whisky.
Las consecuencias de las publicaciones de Aullido, y especialmente de En el camino, golpearon el hogar de los Cassady, ya que no sólo la revista Time se dio el trabajo de analizar psicológicamente el personaje de Dean Moriarty, catalogándolo como paciente del síndrome de Ganser, sino que además Neal fue acusado de liderar una supuesta banda que traficaba marihuana desde México a través del ferrocarril. El juicio contra él prosperó y, meses después de su encarcelamiento, Kerouac “temía que su libro había contribuido al arresto de Neal”.
Los líos con la prensa y con la ley sólo hicieron que la Generación Beat tomara más vuelo, además a la vuelta de la esquina estaban los 60, y con esta década la libertad para Neal y la fama para Kerouac y Ginsberg. Aunque el final de los 60 traería, como contrapartida, la muerte para Neal y un año después la de Jack. Al rememorar esto, Carolyn escribe: “Me di cuenta de que no estuve cerca de ninguno de los dos cuando murieron –otras mujeres se habían ocupado de la defunción– pero había estado con ellos en vida más que ninguna otra persona”.
No es raro que en la industria editorial aparezcan libros biográficos o de memorias de la amante de…, habitualmente lo que se cuenta es de oídas; la gracia de Off the Road es que lo que se cuenta, aparte de estar documentado con cartas muy divertidas, es la visión de una mujer de una generación, que por mucho tiempo pareció estar integrada sólo por hombres.

 

Jack íntimo*

Carolyn Cassady
“A nosotros nos sonaba como que Jack realmente no sabía qué quería. Se retrotraía a nuestros buenos tiempos, sufría por no tenerme, fantaseaba con que yo fuera su esposa, no era en absoluto realista, al menos en aquel momento, cuando no podía mantener una familia. Había rechazado a su propia hija a la fuerza por este mismo motivo; la libertad era esencial si iba a seguir escribiendo de la forma que había elegido. Tenía unas ideas tan fijas sobre cómo había que criar a los hijos (a veces me hacía sugerencias), que no se conformaría con otra cosa.
”Para mí, tenía un temperamento demasiado cambiante, demasiado susceptible. Esta autoabsorción debió de ayudarlo a escribir tan bien. Encerrado en su torre de marfil, podía observar e informar de todos los detalles de la vida exterior, pero sus esfuerzos por tomar parte en lo que veía eran, en su mayoría, decepcionantes; se sentía amenazado y frustrado.
”Tal vez ésa era una de las cosas que encontraba fascinantes en Neal. Envidiaba su capacidad para hacer que la vida sucediera, ser el actor principal de la trama, no un observador. Y cuando Jack hacía el amor, tenía un aire de disculpa, una víctima del síndrome ‘puta/madonna’, estoy segura. Sentía que nunca se entregaba enteramente; sospechaba que él prefería que fuera la mujer la que dirigiera el asunto, para él poder ser el inocente.
”Pensaba que el éxito de nuestra relación se debió a mis esfuerzos por estar pendiente de su humor y sus deseos, y no imponer los míos. Se me permitía compartir sus observaciones, lo cual disfrutaba, y a él le gustaba tener compañía… siempre y cuando fuera comprensiva con él. Me guardaba mucho de expresar críticas o sospechas de sus motivos interiores: un extremo en el que rara vez era objetivo. Neal escuchaba mis ideas, no necesitaba a Jack para eso, pero jamás había conocido a un hombre con un corazón tan tierno, ni a uno tan vulnerable.
”Me preguntaba si le daría vergüenza ser tan delicado y compasivo. A veces se hacía el duro y el ordinario, cosa que me avergonzaba. El Sal de Off the Road era muy rara vez el hombre que conocí; parecía imitar la conducta de Dean o lo que le gustaría ser. En Denver solía jactarse de meterse en peleas si algún tipo dudaba de su rudeza. Supongo que eso vendría de estar condicionado, igual que yo, por una sociedad que pensaba que los ‘hombres de verdad’ eran así. Normalmente tenía que estar borracho para hacerse el machote. En sus últimos años, siempre cerca de la botella, empeoró y se volvió más crudo y repulsivamente masoquista”.

*De Off the Road, traducción de Ana Lima.



Gonzalo Leon