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“La revancha de las fuerzas reaccionarias”

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Cambio de mando. Protagonistas –en muchos casos– de otros tiempos en América Latina.
Cambio de mando. Protagonistas –en muchos casos– de otros tiempos en América Latina.
Foto:Cedoc Perfil
Alain Badiou participa activamente del debate político actual y, por supuesto, toma posición sobre los diversos procesos surgidos en lo que va del siglo, tanto desde las masas como desde la superestructura estatal.

 —¿Cómo analiza la etapa vivida en los últimos años en Latinoamérica, durante los cuales, contrariamente a toda tendencia internacional, hubo una política de fortalecimiento de los Estados nacionales y, en esa misma línea, ¿cómo explica el actual avance liberal-conservador?
—Con frecuencia, el refuerzo del Estado puede ser necesario, efectivamente, para luchar, o bien contra el debilitamiento imperialista del Estado bajo la forma de la zonificación, o bien contra su fascización. Después de todo, el Estado soviético y el Estado chino constituyeron un importante refuerzo de los Estados en los países concernidos. Sin embargo, nunca hay que olvidar que  al debilitamiento de los Estados con el fin de reducirlos a ser zonas anárquicas del mercado mundial, la política comunista opone, estratégicamente, el proceso de extinción del Estado separado en provecho de la propiedad del pueblo entero y del control del proceso productivo por una libre asociación de los proletarios. Pienso que las políticas progresistas, en América del Sur no eran de ningún modo revolucionarias, y menos aún comunistas. Se trataba de políticas de tipo welfare state, que consistían en una recuperación parcial del retraso social de grandes países capitalistas (Brasil, Argentina), de países donde dominaba la renta petrolera (Venezuela) o de países menos importantes en lo económico, pero cuya historia política era compleja y a veces prometedora (Bolivia). En esos países, las “reformas” se parecieron a las que hace mucho tiempo se hicieron en los países imperialistas –en los Estados Unidos desde la presidencia de Roosevelt, en Europa después de la última guerra mundial–, reformas que dejan intacto lo esencial de la base capitalista de la producción y de los intercambios. Además, esas reformas tuvieron lugar sin que se cambiara nada en el marco general del Estado, en especial el ritual electoral. Ahora estamos en una revancha general de las fuerzas reaccionarias, que aprovechan, con el apoyo de los occidentales, el hecho de que el reformismo, la recuperación, se agotan siempre, en un momento dado, y tienen que cederle el lugar a las fuerzas tradicionales del conservadurismo.

—¿Y el surgimiento de nuevos movimientos políticos como Podemos en España y Nuit Debout en Francia?
—Siempre es preferible que existan movimientos de revuelta en lugar de que no haya nada. Sin embargo, por el momento constato dos puntos: el primero es que las consignas de esos movimientos son únicamente negativas. Ya sea luchar contra “la falsa democracia” o reemplazar la corrupción por la honestidad (Podemos), ya rechazar la ley que desmantela una protección social o –algo que en política no quiere decir nada- “cambiar nuestras vidas” (Nuit Debout). Y, por otra parte, la base social real de esos movimientos es muy estrecha; en Francia, por ejemplo, es mucho más estrecha que la del Front National (Frente Nacional). Hay que recordar aquí que un movimiento masivo no constituye una política, ya que el corazón de una política, en su duración y en su eficiencia, es la organización. Mao tenía como directivas cruciales, inclusive en dirección de las masas populares exteriores al partido, dos consignas: 1) Es justo rebelarse contra los reaccionarios; 2) ¡Organícense! Lo que cuenta es la articulación de ambas. Muy lejos estamos, tanto en Francia como en España, de eso. Y recordemos la vergonzosa capitulación de Syriza en Grecia. De hecho, la finalidad de estos movimientos es oscura, y su organización, fuera de algunos grupos nihilistas cuya “política” consiste en atacar a la policía, es totalmente inexistente. Agreguemos que su ideología es muy débil, ya que no han asumido la historia y la etapa de la voluntad comunista en curso. Mao decía, también, que no se puede hacer nada sin “una preparación ideológica de la opinión”. Algunas cantinelas sobre la “verdadera democracia” y sobre las “formas de vida” no constituyen ninguna base para tal preparación. No soy optimista al respecto.

—Entonces, como dice su amigo Slavoj Zizek, repitiendo a Lenin: ¿Qué hacer?
—La línea general, hoy en día, es necesariamente mundial. El problema consiste, en todas partes, en desarrollar la “preparación ideológica de la opinión” mediante una renovación de la propaganda intelectual de tipo comunista, y en hacer que ciertos intelectuales se vinculen con el proletariado nómada en todos los lugares en que las circunstancias lo permitan: los obreros inmigrantes y los refugiados en Europa, las masas campesinas pobres y las masas semiproletarias de las grandes ciudades en Africa, y también, sin duda, en América Latina. Hay que hacer existir un diario mundial e investigar, también, a propósito de todas las situaciones de movimiento. Todo eso debe hacerse con la mira puesta en una Organización Comunista Mundial del Proletariado Nómada, la OCMPN.