CULTURA

La velocidad aparente

PERFIL COMPLETO

A diferencia del ritmo y los tiempos de la literatura –una de las formas más evidentes de la lentitud–, la ejecución de la Feria del Libro de Guadalajara permite sostener la ilusión compartida de que la comunidad de lectores, autores y editores vive inmersa en una vorágine de presentaciones, conferencias, conciertos y otros alimentos espirituales en los que el canto a las bondades del mundo libresco instala en una burbuja dinámica y armónica a todos sus participantes. En ese sentido, la FIL –sin lugar a dudas la más importante de la lengua–  cumple con su cometido, posibilitando por unos días un flujo de experiencias que de otra manera resultarían difíciles de sopesar y compartir.
Empero, es la misma dimensión de la Feria la que instala al paseante dentro de una nube de intoxicación de la que es necesario sustraerse para no caer en la abulia y el ruido. Ante una tonelada ingente de libros y presentaciones, el apetito común no puede sino sentirse horrorizado frente a una oferta que sepulta y ensordece. País como pocos predispuesto a la grandilocuencia y el exceso, el mexicano confunde con soberana facilidad lo grandioso con lo grandote, por lo que no es de extrañar que en cualquier intentona por levantar un templete se oculten soterrados los deseos de erigir una pirámide.
Desde luego, uno no va a leerlo ni a probarlo todo; pero destaca por oposición al acto íntimo y sensual de la lectura silenciosa del libro la bacanal estrepitosa de un lugar que, en su nombre, coordina una orgía desaforada de proporciones industriales.
La Feria del Libro es sobre todo un negocio transnacional que agasaja el ego de los autores, las infatuaciones de los lectores y da empleo y ocupación a toda suerte de forajidos. Sin embargo, es también la cara social de un fenómeno íntimo como lo es el universo de la lectura, que ayuda a ponderar las palabras de los antiguos con respecto a la velocidad a la que nos somete la vida contemporánea: festina lente, o lo que es lo mismo, vamos despacio, que llevo prisa.
*Desde Guadalajara.

Rafael Toriz