CULTURA


La vida de los amigos

PERFIL COMPLETO

Osvaldo Lamborghini, una biografía termina con los testimonios de tres amigos acerca de la muerte de Lamborghini: Fogwill, Héctor Libertella y César Aira. De las muchas y muy buenas biografías de escritores argentinos, en el momento de su publicación, septiembre de 2008 en Mansalva, la de Strafacce era una de las dos mejores de Argentina. De algún modo seguimos leyendo las nuevas novelas de Strafacce imaginando que son una suerte de continuación de aquel libro riguroso. En 2006, al cuidado de Daniel Martino, se había publicado Borges, de Adolfo Bioy Casares, en Destino, que a todos los méritos del libro de Strafacce sumaba la escritura de alguien que había compartido la amistad con el biografiado por más de cincuenta años. El Borges, de Bioy, termina con una entrada de 1989 en la que rescata un testimonio de Bernés, un crítico francés, que presenció la muerte de Borges. Algunos han querido presentar el Borges como un libro de chismes, ¿Cuál sería el problema? En ese libro hay narración, crítica, análisis, tramas, poemas, chistes, escenas, ensayos, chismes y es sin duda uno de los puntos más altos de la literatura argentina del siglo XX, sólo comparable con la obra del mismo Borges. Es conmovedor cuando Bioy se entera en un kiosco de Callao y Quintana de la muerte de Borges, sus primeros pasos en una vida sin Borges. El Borges de Bioy establece una línea directa con Vida de Samuel Johnson, de James Boswell. Un libro devuelve al otro, se pueden leer en espejo. Bioy en dos páginas despacha el período entre 1931 y 1946, desde que se conocen con Borges y se hacen amigos íntimos hasta que empieza a tomar notas en su diario. Boswell se apura, pero aun así demora trescientas cincuenta páginas en sacarse de encima la vida de Boswell antes de conocerlo y a partir de ahí toma nota y escribe punto por punto testimonios de todo tipo. El libro es de una lucidez y generosidad difíciles de encontrar aún hoy. Es el primero y tal vez sea el mejor en su género. Vida de Samuel Johnson termina con un largo ensayo de Boswell después de narrar su muerte a partir de testimonios de terceros. El párrafo final dice: “Tal fue Samuel Johnson, un hombre cuyo talento, adquisiciones y virtudes fueron tan extraordinarios, que cuanto más se considere su carácter, más se le tendrá en estima en la época actual, y mayor será la admiración y reverencia que la posteridad le rinda”.
Alguna vez, en la década del 80, un joven escritor le dijo a Bioy Casares que Boswell era mejor escritor que Johnson, algo que cualquiera tiende a pensar en virtud de la vigencia de las obras de cada uno. Bioy Casares se molestó y sugirió que al joven aún le faltaba entender. Tal vez el Borges, publicado post mórtem, es la mejor contribución, monumental, paradójica, a ese entendimiento.

*Es escritor y editor.



Damián Ríos