CULTURA CRUCE POLEMICO

Las razones del conflicto

Semanas atrás se publicó en este suplemento un artículo que retrataba, de manera descarnada, la interna desatada en torno a la toma en el Centro Cultural San Martín. En dicho texto se mencionaba además la disputa que mantuvieron Ernesto Mallo, organizador del Festival BAN!, y Elsa Drucaroff, quien en esta nota presenta su descargo.

PERFIL COMPLETO

El 12 de marzo el Festival BAN! Buenos Aires Negra envió un correo a quienes participamos en 2012, pidiendo que adhiriéramos con firmas a “terminar con la ocupación” de la Sala Alberdi del Ccgsm, fruto de un largo conflicto entre artistas, docentes y estudiantes y el Gobierno de la Ciudad.
Esa misma noche la Policía Metropolitana, por orden de Macri, reprimió brutalmente a 600 jóvenes que sostenían la ocupación. Utilizó gases, balas de goma y balas de plomo. Apenas horas después el Gobierno de la Ciudad tuvo que reconocer que había heridos de balas de plomo; uno (por suerte ya fuera de peligro), en una región vital. Hay que hablar antes de que haya muertos, no rasgarse las vestiduras cuando la muerte ya está. La pregunta es cuánta complicidad activa o pasiva existe para hacer esa muerte posible. El 12 de marzo no hubo que lamentar esto, afortunadamente; hay tiempo de preguntarnos cómo hacemos para no avalar semejante atroz posibilidad.

¿Quién tiene razón en el conflicto de la Sala Alberdi? ¿Tienen derecho los jóvenes activistas a permanecer allí? Cada cual puede opinar lo que quiera, BAN! Buenos Aires Negra tiene derecho a expresar su opinión en contra de la toma y lo hace. Pero además salió a pedir “terminar con la ocupación” a secas, sin decir cuál debe ser el sujeto del verbo terminar ni cómo debe ser ese final. Eso es –en el mejor de los casos– una irresponsabilidad incomprensible, inadmisible, si hay memoria de la historia terrible de Argentina y si es sabido el accionar de la Policía Metropolitana, incluyendo su reciente represión a vecinos desarmados en el Parque Centenario. En el peor de los casos no es una irresponsabilidad sino un acto cómplice que en los hechos intentó legitimar con firmas de escritores la acción represiva que ocurriría apenas horas después, y luego ni siquiera se desmarcó, repudiándola.

“Terminar con la ocupación de la Sala Alberdi” ¿A qué nos llamó BAN! a adherir? ¿A quién le pidió que “terminara”? ¿A los ocupantes o a la Policía? Confrontar a los ocupantes para que terminen es una expresión democrática, pero deja en la ambigüedad quién y cómo abre la puerta a “terminadores” y métodos que conocemos de sobra.
BAN! Buenos Aires Negra no aclaró nunca que pedía desocupación pacífica, una salida negociada. Al contrario, varias horas después de que la noticia del plomo contra los jóvenes estuviera en los diarios, callaba. Hice circular un e-mail de repudio contra la actitud del Festival y denuncié la represión con plomo. El Festival respondió con agresión personal y su delimitación ante la represión fue apenas ésta: “BAN! estima que el desalojo es justo. También que el método empleado es condenable”.

Así como alguien puede no querer leer algo “legible”, puede no querer condenar algo “condenable”. Y de hecho eso hace BAN! cuando no escribe claramente nunca, en su respuesta, que BAN! condena la violencia policial aunque estime que el desalojo es justo, y pide que se haga pacíficamente. Al contrario, saca a relucir la triste teoría de los dos demonios: “No justificamos ningún acto de violencia sin importar de quién provenga”.

Pero la violencia enorme provino de un lugar y no de otro; quien ha pedido firmas para “terminar” a secas no puede jugar ahora a que hubo dos violentos iguales. Por equivocados que estuvieran los ocupantes y por justo que fuera el intento de desalojo, la violencia policial deja esa discusión en segundo plano.

El domingo pasado Omar Genovese llamó a este episodio en Perfil “escándalo cultural”. Error. No es mi pelea personal con Ernesto Mallo. No hay de un lado una “comisaria política” que levanta el dedito ideológico y del otro alguien políticamente incorrecto. ¡Hubo balas de plomo! ¡No hubo muertos de casualidad! ¿Hay que esperar que muera alguien para que se vea la diferencia entre una delimitación política y una peleíta de vedettes?

Recibí en privado numerosas adhesiones de colegas que participaron conmigo en BAN! pero solamente yo hice público mi repudio. Pese a mi soledad, el gesto es político y no personal. Disfruté del BAN! 2012 pero ninguno de nosotros debería admitirle estas actitudes.

En un país donde se dijo “por algo será” y se justificó consensuadamente la desaparición, la tortura y la muerte de miles, es imprescindible que nadie tenga derecho a pedir que “se termine” una protesta sin aclarar que no es la policía violenta la que tiene que hacerlo. Y que exijamos a quien lo pida (por despistado o por facho, no importa) que si horas después hubo balas, repudie y se delimite.

En su nota Genovese especula sobre provocadores e intenciones ocultas en la toma de la sala. No interesa. Importa que el Estado ejerció violencia desmedida contra jóvenes sin armas. No interesa si el provocador (un infiltrado, según claras declaraciones de los manifestantes) que tiró la molotov que la Policía usó como pretexto para reprimir era de la misma Policía o de otros intereses. Hubo violencia ilegal del Estado. Un Festival de Literatura no puede avalarla.



Elsa Drucaroff