CULTURA BORDADO, PINTURA E IMPRESION

Para una crítica de la violencia

A través de una técnica inspirada en los métodos policiales, El Azem transforma la dicotomía entre inocencia y culpabilidad con un juego aparente de la sangre: la suya misma. Preciosismo e incidentalidad pactan en un mismo instante: el de la representación de la realidad como algo en lo que se juega la carne del propio artista.

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Foto:Pabellon de las artes-UCA

Qué tienen de incidental las obras que componen la muestra de Karina el Azem? Me pregunto eso mientras la recorro y veo que lleva esa sola palabra como título. Pienso en algunas de sus acepciones: la que indica que repercute en el suceso de manera inesperada o la de contingente como aquello que tiene la posibilidad de suceder. Pero me estaba olvidando que, además de ser un sinónimo de accidental en algunos contextos, puede tener un sentido de secundario. Cualidad de accesorio o no fundamental al suceso, refiere el diccionario. Es la que prefiero y elijo para ver en ese plano de segundón, como de actor de reparto, toda la potencia de sus obras.

De desviar cursos, tal vez, es esta muestra. Como en los retratos que pinta con su propia sangre y que luego revela y devela con Luminol, un reactivo que se utiliza en las investigaciones policiales y que produce un efecto iridiscente por un instante. Allí está El Azem haciendo la captura de esos rostros que, a su vez, son de personas juzgadas, pero luego declaradas inocentes.

Innocence Project es el nombre de la asociación que logra que se revean estos casos. También con los efectos de la luz está vinculada la obra que vuelve a Perón un souvenir. Pintados con Pintura del Tiempo, un producto especial que varía según las condiciones del tiempo y que se usan en, por ejemplo, los lobitos marinos que se venden en las tiendas de Mar del Plata, estas esculturas de resina son polisemióticas. Por un lado, la imagen del General repetida con sus brazos en alto y su sonrisa insiste en las diferentes configuraciones del peronismo. Pero, también, cambia de color, lo que podría tomarse como la explicación más perfecta a la siempre enigmática teoría del movimiento peronista.

A primera vista, El Azem hace cosas lindas. Construye sus obras como una artesana fina y obsesiva. Ella pega, borda, pinta e imprime y los resultados son preciosos cuadros que compone con colores bien distribuidos y formas armónicas.

Todo lo que se ve, sobre todo, de lejos mantiene una apariencia equilibrada que se la da el trabajo con series y cuentas de colores. No bien nos vamos acercando un poco, algo se enrarece. ¿Qué son esas bolitas oscuras que se alternan con perlas para formar el retrato más conocido de Eva Perón? Balines de rifle. ¿Cómo están hechas las plantillas de muchas de las impresiones digitales que están pintadas y recuerdan a un bordado con paisajes naturales o composiciones abstractas? Con el perímetro de balas 9 mm. ¿Qué son las chapitas de aspecto metálico que sobresalen de esa alfombra? Balas de goma incrustadas. ¿De qué es el fondo de los cuadros de 2005 sobre la Guerra de Malvinas y la manifestación de diciembre de 2001? De balas de fusil FAL. Es decir, ese preciosismo en la composición que deslumbra a una mirada que busca lo estético se retuerce al momento de detectar el incidente. El efecto secundario: la violencia encapsulada. Que se da por uso desviado y certero de estas formas que están en proyectiles y que tienen como sentido originario y único el acto de matar. Que no adquiere el tono altisonante ni de denuncia. Por el contrario, está larvada y sumergida en una inofensiva plantilla, en una decoración bella. Son los tonos bajos de la agresión los que elige Karina el Azem para descargar su propia arma: el arte que se inmiscuye en asuntos que no le son propios, pero le imprime sus leyes. Las del color y la trama. Captura esas balas de diferentes calibres, como quien quita las armas de circulación, para explorarlas en el sentido estético. Les interesa su tamaño, sus proporciones y su eficacia para hacer sus obras. Es notable como en ese otro uso de esos materiales tan peligrosos, se les obtura su eficacia en el terreno de la muerte sin quitarles el valor en su representación.



Laura Isola