CULTURA LOS MEJORES ENSAYOS DE NORMAN MAILER


Prosa del resentimiento

Traducidos con eficacia por Elvio Gandolfo, se publica en español una colección de ensayos de Norman Mailer, polemista de calibre. En el libro se registran sus enconos, perspectivas y venganzas en contra de un mundo al que despreciaba en la misma medida en que adoraba.

Seleccion estelar. Marilyn Monroe, Jean-Paul Sartre, Truman Capote y Jacqueline Kennedy son algunas de las personalidades retratadas por Mailer. Fue publicado en inglés en 2013.
Seleccion estelar. Marilyn Monroe, Jean-Paul Sartre, Truman Capote y Jacqueline Kennedy son algunas de las personalidades retratadas por Mailer. Fue publicado en inglés en 2013. Foto:Cedoc Perfil
Publicado en inglés en 2013, Fuera de la ley presenta una selección de “los mejores ensayos” de Norman Mailer (1923-2007) en un recorrido que comprende seis décadas y hace foco en grandes temas e iconos de la cultura norteamericana. Marilyn Monroe y Jacqueline Kennedy, la novela de posguerra y el nuevo periodismo, Jean Paul Sartre y Sigmund Freud, la pena de muerte y la Guerra del Golfo son apenas algunas de las cuestiones y personajes del amplio espectro que domina el escritor, con un estilo caracterizado por la polémica, la incorrección y la idea de que su trabajo consiste en “destruir estereotipos, categorías y etiquetas”.

El artículo que inicia la recopilación, “Un credo para los vivos” (1948), corresponde al momento en que Mailer disfruta del reconocimiento por Los desnudos y los muertos, su primera novela. Si bien se define como “un marxista ignorante”, está de acuerdo entonces “con muchísimos principios de la izquierda” y anticipa lo que hará a continuación a través de sus textos: intervenir en la discusión pública en función de sus convicciones. Y también de sus gustos y caprichos, como queda claro en las opiniones sobre escritores contemporáneos, donde valora a Truman Capote, William Burroughs y Gore Vidal, entre otros, y rechaza a Jack Kerouac, Philip Roth y J.D. Salinger, en este caso con ironías sobre la vida retirada que llevaba y con la admisión de que hay también algo de envidia en sus observaciones.

Pasada la bienvenida inicial, la crítica especializada tuvo pocas contemplaciones con sus libros. La queja contra lo que Mailer llama “mafia literaria” –los reseñistas de los principales diarios y revistas norteamericanas y “los elementos elegantes de las editoriales”– es constante en sus ensayos. Su declaración de guerra fue el aviso irónico de El parque de los ciervos que publicó en The Village Voice en 1955, con extractos de las descalificaciones que recibió esa novela. Pretendía mostrar “que ya no daba una cagada de perro enfermo por la sabiduría, la confiabilidad y la autoridad de la mente literaria pública”.

El arte de provocar. Mailer no disimula sus prejuicios, y esa franqueza es parte de su encanto. Provoca a sus adversarios, deplora el nivel de los lectores en la prensa norteamericana y es presumido al punto de pensar que un artículo suyo en Esquire incidió en la elección presidencial de John F. Kennedy. En El villano homosexual admite que atribuyó connotaciones desagradables a personajes homosexuales de sus primeras ficciones porque creía en cierta relación entre la homosexualidad y el mal. Su comparación de la novela con “la gran puta” y del escritor con el soldado que se acuesta con una prostituta tampoco suena edificante. En un show de televisión se mostró ambiguo ante la pena de muerte, aunque el ensayo que escribió al respecto en 1981 compone un brillante capítulo de sociología criminal sobre los significados y usos de la pena capital en Estados Unidos. “Tenemos una necesidad profunda de encontrar un asesino al que podamos ejecutar”, dice.

En el prólogo, Jonathan Lethem sostiene que “Mailer, autodesignado gran novelista sin novelas definitivamente grandes a su favor, encontraba en cambio su grandeza en la voz de no ficción”. Sin embargo, se muestra crítico de las convenciones del periodismo de investigación y de sus límites en la comprensión de los fenómenos que aborda.
En Algunos hijos de la diosa (1963), uno de los ensayos donde juzga a los narradores de la época, destaca la novela como el género que pone a prueba al escritor y revela su capacidad y sus debilidades. La ficción aparece, además, como una especie de desvío que Mailer considera necesario seguir en la búsqueda de una verdad que se afirma desde la literatura y contra los medios masivos que comunican “mediante el común denominador más amplio y más degradado posible”.

El ejemplo al respecto es Ante la corte literaria, un ensayo de manual sobre periodismo narrativo, donde responde a un supuesto juicio por un texto sobre Marilyn Monroe escrito para un libro de fotografías de Milton Greene. Se trata, dice en su defensa, de “una autobiografía falsa, o una memoria imaginaria”, que mezcla lo real y lo ficticio y no busca reproducir la leyenda sino sacudir sus raíces, para componer finalmente un retrato que resulta más auténtico que el de los hechos mismos.

El escritor, dice Mailer, debe mantenerse en estado de alerta, más atento a su proceso creativo que a la aprobación social: “No es el maestro sereno en su oficio sino más bien un ser que se aventuró en la jungla de su inconsciente para traer en el regreso un sentido de orden o un sentido de caos”. Su modelo parece Ernest Hemingway, por la figura que proyectó a partir de su vida y a la que encuentra comparable a la de las estrellas del cine.

En “Vida social, deseos literarios, corrupción literaria” (2003), uno de sus últimos artículos, considera que “las cosas por las que luchaba en general han sido derrotadas duramente”. La afirmación es discutible. Pero lo que nadie podrá decir es que Mailer abandonó la pelea.

Osvaldo Aguirre