CULTURA POLEMICA

¿Puede una obra incitar a la pedofilia?

Una ciudadana estadounidense elevó un pedido al Metropolitan de Nueva York (Met) para que retire o contextualice una pintura de Balthus de 1938. El museo se niega.

Exhibición. Teresa soñando, el cuadro de Balthus que se exhibe en el Met.
Exhibición. Teresa soñando, el cuadro de Balthus que se exhibe en el Met. Foto:cedoc

En 1934 el conde Balthasar Klossowski de Rola –más conocido como Balthus– pintó un cuadro polémico: La lección de guitarra. En él una maestra tiene sobre sus rodillas el cuerpo arqueado y semidesnudo de su discípula, a la que somete sujetándola por el cabello y las piernas, en lo que parece algún tipo de juego sexual. La guitarra aparece tirada sobre el piso. La pintura fue un escándalo, no sólo para sus espectadores, sino también para las vanguardias del momento. Cubistas, surrealistas y futuristas se sintieron directamente increpados. Balthus había recurrido a motivos clásicos, a un estilo figurativo que lo dejaba al margen de su época. Pensaba que el repudio a la tradición de las vanguardias se basaba en la ignorancia, y rechazó todo recurso que no estuviese vinculado con la tradición. Hasta su muerte no abandonó jamás la senda de la más pura ortodoxia.

Es curioso que este apego a la tradición de Balthus, su figurativismo, sea lo que hace unos pocos días llevó a Mia Merrill, una mujer en Nueva York, a elevar un petitorio al Metropolitan Museum donde solicitaba que el museo retirara o contextualizara otra famosa pintura de Balthus, Teresa soñando (petición que ya cuenta con 8.700 firmas). La obra es de una belleza extraordinaria: una niña de unos diez o doce años recibe la luz en la cara con los ojos cerrados. Tiene las manos cruzadas detrás de la cabeza y una pierna apoyada en un banco. La postura deja al descubierto sus muslos y su ropa interior.

“Dado el reciente clima sobre el acoso sexual y las acusaciones que se hacen más públicas cada día, al exhibir este trabajo a las masas sin proveer ningún tipo de clarificación, el Met está, tal vez sin intención, respaldando el voyeurismo y la cosificación de los niños”, señaló Merrill. El Met indicó que no retirará ni tampoco contextualizará la obra, invocando el respeto a la expresión creativa.

Una vez más asistimos a un caso de total confusión entre realidad y representación. Por un lado, es interesante en la frase de Merrill el uso de la palabra “masas”. ¿Quiénes serían estas masas? ¿Los poco ilustrados ciudadanos estadounidenses que luego de ver un cuadro saldrían a “cazar” lolitas e intentar llevar a cabo sus fantasías? ¿Los pedófilos? ¿Los niños que asisten a las escuelas? Por otro lado, es alarmante constatar el deseo de un amplio sector de la sociedad de que las conciencias sean esterilizadas. Ya no se trata de que no se cometan actos aberrantes, sino de que ni siquiera puedan ser pensados.

Balthus, por otro lado, defendía que no había intención erótica en sus retratos de niñas, de modo que de alguna forma la responsabilidad quedaba en el ojo del que miraba. ¿Será que nos excita la inocencia de las niñas de Balthus? ¿Será que, como a los vampiros, nos asalta el deseo irreprimible de pervertir lo más puro?

Por último, sería interesante, de acceder el Met a poner un cartel aclaratorio, definir su contenido. ¿Qué diría? ¿“Advertencia, no lo intenten en sus casas”? O quizá: “Recuerde, la pedofilia es un delito”. Sin embargo, sería delicioso que el Met accediera a exhibir ese cartel, y reprodujera la frase que Balthus dijo en una de sus pocas entrevistas, concedida a Le Monde en 1991: “No sé qué decir de aquello que pinto”.


Mercedes Alvarez


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