CULTURA KARL HESS

Soy leyenda

Militar, obrero y filósofo, vivió al margen del Estado y padeció la confiscación de sus bienes. Editorial Innisfree publica por primera vez en castellano La muerte de la política, ensayo medular del pensamiento libertario.

PERFIL COMPLETO

Karl Hess (1923-1994), como Epicuro o Thoreau, llevó una vida de autosuficiencia plena. Fue un ser singular que vivió al margen del Estado, sin recibir retribución de dependencia alguna ni subsidio. Hess fue objetor fiscal (se rehusó a pagar impuestos) y padeció, por ello, la confiscación de sus bienes por parte del presidente Lyndon B. Johnson. Fue expropiado y, como consecuencia, se le prohibió titular propiedades y operar con dinero. Subsistía de bonos, del trueque, de su trabajo como soldador y de las finanzas de su esposa, con quien se fue a vivir a West Virginia en la década de los 70.

Como adicional, haber crecido en Filipinas le otorgó a su pensamiento una visión integral y alternativa de la sociedad y del lugar de los Estados Unidos en el mundo.
Adscripto al Partido Republicano en sus inicios, Karl Hess escribió los discursos del candidato a presidente Barry Goldwater (en la campaña de 1964), que se anteponía y expresaba chispazos de cuño libertario dentro del conservadurismo generalizado del partido. Fracasada esa elección, Hess se vuelve un radical antipolítico que descree profundamente de la representatividad democrática. Colaborador de los Panteras Negras y manifestante contra la guerra de Vietnam, Hess fundó la revista Left and Right (1965-1968) junto con el filósofo Murray N. Rothbard. Desde esas publicaciones comenzó a sostener el ideario de la filosofía libertaria; para ser más específicos, del “libertarianismo”. Posteriormente editó Libertarian Forum y se afilió al Partido Libertario, de cuyo periódico fue editor.

Karl Hess fue un filósofo. Del mismo modo que Henry Thoreau señalaba que había muchos profesores de filosofía y pocos filósofos, podemos decir que Hess constituyó esa excepción de manera integral: vivió como tal, y su coherencia letal le hizo ganar el respeto de conservadores y marxistas por igual. Su talante persuasivo y racional, su modelo ético irreductible de convertir la filosofía en una forma de vida y la política en un modo de ser lo hicieron granjearse el respeto de comunistas y fascistas, de progresistas y puritanos. Hess colaboró ampliamente con grupos de tecnología alternativa y autogestionada, se vinculó con la comunidad afroamericana y alentó la alianza de su filosofía anarquista de mercado con la nueva izquierda. La vida de Hess fue un testimonio colosal de su pensamiento, lo que llevó a los realizadores Roland Hallé y Peter Ladue a realizar un corto documental llamado Karl Hess: Toward Liberty (1980), que ganó el Oscar en esa categoría en 1981. Posteriormente, el pensador fue objeto de un largo documental titulado Anarchism in America (1983).

En la edición de marzo de 1969, la revista Playboy, dirigida por Hugh Hefner (un libertario declarado), publica su ensayo vibrante, sobrio, contundente y trágico, titulado La muerte de la política, recientemente editado por primera vez en español por Editorial Innisfree. Ese artículo, que con los años se convertiría en el texto central de Karl Hess, también operará como la punta de lanza del libertarianismo o libertarismo, es decir, la filosofía política que se desarrollará desde los años 70 en los Estados Unidos y que tendrá como pilares la libertad individual, la cooperación voluntaria y el mercado libre sin regulación.

Karl Hess desarrolló, junto con otros pensadores de nota, como Murray Rothbard, Ayn Rand y Samuel Konkin III, un anarquismo radical de mercado que, curiosamente, nace en medio del gobierno infecto, inepto y corrupto de Richard Nixon. Suele ser norma que los estilos radicales en estética o política sean producto de condiciones adversas y que permitan esa emergencia rapaz como balance, aire fresco y necesidad de urgencia.

Habiéndose formado como pensador e intelectual de derecha, Hess evolucionó hasta arribar al libertarianismo, es decir, un anarquismo de mercado libre, que técnicamente no será anarquismo. La crítica total que expresa La muerte de la política reside en dos elementos: el poder y la autoridad.

Contra toda expresión autoritaria, Hess plantea la indisolubilidad de la libertad mental y económica. Ambas son una: no hay libertad individual sin libertad de mercado, una sin la otra es renga. Hess parte de un diagnóstico pesimista articulado en tres premisas: en primer lugar, no es tiempo de política revolucionaria y radical; luego, la política es reaccionaria y, por último, tanto la derecha como la izquierda son autoritarias. Esa posición radical (como cualquier otra), marca Hess, es solitaria y, por lo tanto, temida y odiada por derecha e izquierda. La respuesta de Hess es el libertarianismo, que también podemos expresar como anarquismo de mercado. ¿Qué es el libertarianismo? Tres ideas constituyen su core ideológico: el hombre es dueño absoluto de su vida y dispone de ella como desea, todas las acciones entre los hombres son voluntarias y cooperativas, y el respeto irrestricto de la propiedad privada. Hess marca su diferencia con el anarquismo en el sentido de que si un conjunto de hombres decide voluntariamente formar comunidades con gobiernos, es lícito desde esa base ética. Lo ilegítimo será el gobierno centralizado. Así como alienante. La ética libertaria de Hess da cuenta del uso del cuerpo propio como la primera propiedad y del capitalismo laissez faire (sin regulación) como sistema económico-político. La crítica del libertarianismo como filosofía política es multipolar, a saber: la izquierda colectivista, la derecha proteccionista, el fideísmo puritano, el nacionalismo patriótico e imperialista y el hippismo ecologista. Señala Hess: “Ningún movimiento actual está fundado en el libertarismo”.

Karl Hess plantea en su ensayo la necesaria confluencia de la llamada “nueva izquierda” o new left con la vieja derecha (de donde él provenía). La nueva izquierda emblemática de movimientos como Mayo del 68 en París o la contracultura californiana (la filosofía del deseo) coincidía con el libertarianismo en su crítica al capitalismo monopólico corporativista y el estatismo. La producción de estilos de vida alternativos, radicales y su clamor por los derechos civiles (afro, feminismo, gay) colocaban a la nueva izquierda en sintonía perfecta con el libertarianismo. El error, señala Hess, de la nueva izquierda, es creer que toda forma capitalista es mala per se y no ver que en rigor lo es el capitalismo estatista favorecido por el engorde del Estado. Esto se debe, como señalaba Konkin, al desconocimiento de la materia económica por parte de la izquierda. La distancia de la derecha se dará por su carácter puritano y su llamado a recuperar los “valores perdidos”, vale decir: supeditar el capitalismo a la fe religiosa. Para Hess, lo mismo que para filósofas libertarias como Ayn Rand (ambos ateos), no hay nada que conservar, sino, a la inversa, hay que transformar y reinventar nuevas formas. Del mismo modo en que la nueva izquierda veía en el deseo, desde Nietzsche y Freud, la salida lícita para fugar de la normalización autoritaria y economicista de Marx, el libertarianismo reivindicó el mercado libre desregulado contra el conservadurismo corporativo y normativista. Ambos iban contra los mismos enemigos y con retóricas no muy diferentes: la autoridad y el poder. El socialismo libertario y el liberalismo libertario encontraban sus llaves de acceso: amor libre y mercado libre.

Es sorprendente verificar cómo Karl Hess marca que tanto el Estado policial de los conservadores como el Estado de bienestar de los liberales ocultan el problema real: el poder. En el libertarianismo se construye un poder diversificado y microscópico, donde todos los emprendedores pequeños o medianos venden sus productos y servicios en el marco comunitario. Esa crítica voraz al Estado-Nación es también la apertura hacia políticas que eran vistas como radicales y peligrosas tanto para la derecha conservadora como para la izquierda reglamentarista. Hess abiertamente aboga a favor de la despenalización de las drogas (la marihuana, pero también las drogas duras debían evaluarse) en el marco del mercado laissez faire. Para un libertario, un adicto sería un irresponsable que muere por su carencia de cuidado de sí, mientras que para un conservador sería peligroso para otros, y para un progresista, un enfermo o una víctima para curar.

La “protección” del Estado contra las acciones que uno realiza consigo mismo es objeto de crítica por parte de Hess. El filósofo y economista Murray Rothbard llamaba “crímenes sin víctima” a las acciones donde cada individuo decide sobre el consumo de drogas, alcohol, tabaco, prostitución, pornografía, perversión sexual, etc. Vale decir, uno mismo es responsable de la decisión sobre su propio cuerpo, los consumos y las relaciones que voluntariamente acepta.
La mirada libertaria de Hess expresa un capitalismo desregulado como llave para barrer los monopolios. Al revés de lo que intuye el sentido común: el monopolio se produce por excesiva presencia, regulación y beneficios de un Estado grande hacia determinados grupos empresariales. La desregulación completa dejaría en pie y estimularía a los emprendedores, autogestores, pequeñas empresas, grupos mutuales, asociaciones, grupos de afinidad sexual, racial, etc.

La muerte de la política de Karl Hess es un ensayo que está destinado a la soledad, la virulencia y la excentricidad donde fue publicado: una revista erótica de los años 60. Magia residual, así es como Hess califica a la política. El filósofo considera, sin apelación, que la política representativa niega la naturaleza racional del hombre y propicia el intuicionismo mágico (“las cosas vienen de la nada”, señala). El mal del mundo, para Hess, es el poder y la autoridad contra el desempeño y la razón. La política devora a los hombres, y el libertarianismo de libre mercado los libera. ¿Cómo es posible pensar ello? A través de la práctica de la “contraeconomía”: vivir como si el Estado no existiese, al margen, sin pagar impuestos, propiciando el mercado en negro o gris, el contrabando, el trueque, el dinero virtual. Paradójicamente, una filosofía tan radical pareciera encontrar territorio fértil por estos tiempos. La política, lejos de estar de regreso, parece encontrarse herida, partida o contusa; en este sentido, el legado libertario de Hess se puede verificar en los Estados Unidos en dos movimientos antitéticos: por derecha en el Tea Party, por izquierda en Occupy Wall Street. Los dos aguijonean el Estado corporativo. La apertura de Karl Hess dota de sentido al canon libertario que luego será incrementado y alimentado por estéticas y prácticas muy diversas, como la ciencia ficción ciberpunk, la pornografía, la antipsiquiatría de Thomas Szasz, y el rescate del anarquismo individualista del siglo XIX con figuras como Lysander Spooner y Henry David Thoreau. El estilo radical de Karl Hess permitió la fuga hacia sectores impensados.

En el cierre del ensayo, señala: “El hombre puede sobrevivir en un universo inclemente sólo mediante el uso de su mente. Sus pulgares, sus uñas, sus músculos y su misticismo no bastarán para mantenerle con vida”. Esa mónada solitaria y figura ética de Karl Hess brilla en el sol de quienes apuestan por la libertad en tiempos oscuros, a contracorriente, sabiendo de un Gulliver que crece y, que, paradójicamente los fortalece más en la diferencia, en la conciencia de ser liliputienses insobornables. La lección radical de Hess habrá sido, entonces, que la única política posible es una forma de vida, la resistencia más grande y hermosa es vivir libremente.



Luis Diego Fernandez