CULTURA MUESTRA

Tecnologías del yo

En el Espacio de Arte de la Fundación OSDE acaba de inaugurarse la primera muestra del 2014: “Yo, nosotros, el arte”, curada por Laura Malosetti Costa, que podrá visitarse hasta el 3 de mayo. La misma se propone reflexionar sobre la figura del artista y el lugar de los artistas, tanto en la sociedad como en la institución artística.

Foto:Cedoc Perfil

En 1969, Michel Foucault se preguntaba en la Sociedad Francesa de Filosofía ¿Qué es un autor?, y de esa manera le daba título al artículo que con cierta indiferencia, tomando la cita de Beckett “¿Qué importa quien habla, dijo alguien que importa quién habla?”, afirmaba el principio ético, tal vez el más importante, de la escritura contemporánea. En esa desaparición, entonces, menos que constatarla se encargó de localizar su función, los lugares donde la ejerce, al haber dejado un vacío. Pero el mismo filósofo no sólo se excusaba de traerles “algo demasiado pobre”, un proyecto o un trabajo en ciernes, sino, al promediar su texto, algunas limitaciones: “Advierto que hasta ahora he limitado mi tema de manera injustificable. Sin duda alguna hubiera sido necesario hablar de lo que es la función-autor en la pintura, en la música, en las técnicas, etc.” No tenía por seguro que esa pregunta funcionara del mismo modo si se cambiaba “autor” por “artista”. Casi como una continuación imaginaria, Laura Malosetti Costa puede responderla un tiempo después. Yo, nosotros, el arte, la muestra que la tiene como curadora, es una manera de pensar la figura del artista y sus relaciones tanto con el campo del arte, la sociedad y entre ellos mismos. La exhibición está dividida en ocho partes, como si fueran capítulos, en los que la investigadora revisa las configuraciones por medio de una selección espléndida de obras. Un poco a eso nos tiene acostumbrados Malosetti Costa: poner a prueba una tesis por medio de un corpus que estéticamente funciona de maravillas. Por lo tanto, la exposición tiene la impronta de quien “escribe” un texto inteligente y arriesgado, al tiempo que revisa secciones de la historia del arte, como si cortara una tela al bies para darle todo su vuelo. “Sociedades de artistas”, “El artista y su modelo”, “Asuntos de estilo”, “El espejo”, “El taller”, “Héroes y mártires”, “El cuerpo político” y “El arte y sus circunstancias” son los subtítulos con los que ensaya y organiza las obras de artistas como Pablo Suárez, Liliana Porter, Collivadino, Schvartz, Guttero, Jacoby, Minujín, Alonso, Berni, Greco, Peralta Ramos, Stern, Maresca, Klemm, Forner, Gallardo, entre otros. María Isabel Baldasarre, por su parte, es la responsable de un panel que vincula vida, obra e imagen pública. Allí están todos, desde fines del siglo XIX en las revistas ilustradas. El que hacía posar era el que posaba para la foto y de esa manera, obliterada, también ingresaba al mundo de la farándula.  

Por medio de diferentes recursos teóricos que le permiten vincular al arte contemporáneo con un pasado, el recorrido demuestra que ese sujeto evanescente que Foucault había detectado para los textos, se corporiza en las artes plásticas. Que se puede decir “yo” desde la obra, desde la biografía y que en esa conjunción, en ese instante de juntura, aparecen estas series, esos vasos comunicantes. Asimismo, la historiadora del arte le da pleno sentido a las frases tan gastadas como poner el cuerpo y la relación cuerpo-obra. Demuestra, en mejor sentido de una sólida argumentación, como tanto la autorrepresentación, la autorreferencialidad, son motores de la acción artística. El cuerpo del artista, el que se retrata, el que se mira, el que se somete a transformaciones, se pone en el centro de una manera visceral. Viejos motivos de la historia del arte que devienen en proto selfies circulan de manera afirmativa tanto en primera persona del singular como del plural. Los
pronombres, yo y nosotros, para una conjugación proteica: el arte.


Redacción de Perfil.com


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