CULTURA

Vanguardia y Libertella

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Rafael Cippolini le hizo una extraordinaria entrevista a Héctor Libertella en Ciudad abierta (en la época en que todavía era un canal de televisión interesante, antes de que Telerman lo hundiera y Macri lo enterrara en un lecho de olivas) sobre la vanguardia. Nunca más volví a ver ese video, filmado en un único plano secuencia, en el que Héctor caminaba por el Botánico, hablando con una respiración cada vez más entrecortada. Tampoco lo encuentro en YouTube. Es una pena. Si lo menciono, sin embargo, es por la pertinencia del tema: la vanguardia ha sido el asunto central de la obra de Libertella. Y ¡Cavernícolas! amerita ser leído como un momento en ese despliegue, en el que algunos términos –cavernícola, caverna, cueva– funcionan como un abanico de desplazamientos y condensaciones en torno a lo que Libertella entendía por vanguardia. O dicho de otro modo: son términos que responden a la pregunta por la posibilidad de pensar la vanguardia después de las vanguardias históricas y de las neovanguardias de los 60, de las que Libertella es evidente deudor. Parte de esa búsqueda se encuentra en un libro anterior –sobre el que siempre vuelvo, del que nunca me fui–, Nueva escritura en Latinoamérica, de 1977. Allí escribe: “(Se) sugiere un doble movimiento interior a la vanguardia, o la posibilidad de dos vanguardias coexistentes: una que, apoyada en cierto aparato teórico, alimenta la fantasía de una ‘evolución crítica’ (la vanguardia de pasos sucesivos), y su sombra, en la otra escena, que simula operar en el cuerpo social como escondida en un Caballo de Troya, que mientras espera el momento ilusorio de estallar se va comprendiendo en su disfraz, reinstaura el mito griego de la astucia, hace su negocio incluyéndose en un campo convencional de sus posibles negocios, invierte a largo plazo indiferente al mecanismo de las pérdidas o de las ganancias, y que, ajena a la conquista de rápidos efectos de mercado, sólo ‘funciona’ –pica, graba, talla– compulsivamente en las cuevas”.
Antes que una estética, hay allí un programa. Es una posición aún vigente y diría, casi, que no me interesa ninguna otra literatura que no vaya en esa dirección.



Damián Tabarovsky