CULTURA HISTORIA DE LA BIOGRAFIA MODERNA

Vidas maravillosas y vulnerables

La aparición de la biografía del escritor John Kennedy Toole y de la reedición de “Vidas imaginarias”, de Marcel Schwob, son terreno fértil para reflexionar sobre de dónde surge la biografía moderna, de la que Borges fue un gran amante.

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Foto:Cedoc Perfil
Una mariposa en la máquina de escribir, de Cory MacLauchlin, es la biografía de John Kennedy Toole, el trágico autor de La conjura de los necios, el título más vendido y la novela más delirante que tuvo por mucho tiempo Editorial Anagrama, que hoy aparece en la Colección Memorias del mismo sello. Otros títulos de esta misma colección son Vladimir Nabokov: los años rusos y Vladimir Nabokov: los años americanos, del norirlandés Brian Boyd. Por otro lado, Ediciones Godot reeditó Vidas imaginarias, de Marcel Schwob, que, como bien escribió Juan Forn en una columna, “en cualquier otro país del mundo está agotado” y “acá, en cambio, no hay librería ni biblioteca que no tenga un ejemplar”. La traducción de Godot es del español Julio Pérez Millán, que data de 1944 y sobre la cual Borges escribió un prólogo para la serie Biblioteca Personal que llevaba su nombre.
Vidas imaginarias es un libro en el que reverbera Historia universal de la infamia, del propio Borges, pero también Literatura nazi en América, de Roberto Bolaño y La Librería Argentina, de Héctor Libertella. Trata de pequeñas biografías que van recorriendo y construyendo una historia universal desde Empédocles hasta vidas de piratas que se van repitiendo hacia el final del libro, pasando por Pocahontas. Todas las biografías parten de un supuesto real, de mitologías o de historia, pero a poco andar se vuelven delirantes y conducen indefectiblemente hacia la muerte, como la vida real.
Pero quizá lo más interesante del volumen es la historia que Schwob traza en el prefacio sobre la biografía moderna, que para él empieza con el escritor inglés John Aubrey en el siglo XVII (que, al igual que Schwob, escribía piezas biográficas breves) y continúa un siglo más tarde con Joseph Boswell y Johann Peter Eckermann. Aubrey se destacó con Vidas breves, mientras Boswell, con La vida de Samuel Johnson y Eckermann, con Conversaciones con Goethe. Sin estos autores y textos es imposible entender la biografía y menos al biógrafo moderno que, para Schwob, “no tiene que preocuparse por ser veraz”, sino por saber “elegir, de entre los posibles humanos, aquel que es único”. Aubrey apelaba a la singularidad, porque sabía que así hallaría lo artístico, mientras que si apelaba a lo general encontraría simple historia.
En el Borges, de Bioy Casares, hay largas discusiones sobre dos de las biografías que menciona Schwob. Cuenta Bioy de Borges: “Dice que la Vida de Johnson por Boswell es mucho más importante y entretenida que las conversaciones de Eckermann con Goethe: ‘Boswell resolvió el problema de mostrar manías, rasgos absurdos y hasta desagradables de Johnson y, al mismo tiempo, persuadirnos de que era un gran hombre, admirable y querible’”. Borges demuestra ser un gran lector de biografías y se interroga por qué hay tan pocas obras literarias de este tipo en lengua castellana.
Tanto las biografías de Boswell como las de Eckermann se plantean en el eje maestro-discípulo, o alguien que ya tenía un camino recorrido y otro que se ha visto deslumbrado por ese camino. Aunque como discípulos eran bien distintos: Boswell era más picante, hacía hablar de más a Johnson, mientras que Eckermann mantenía la distancia y el aura de su maestro. Las dos biografías han sido traducidas y publicadas en los últimos años por Acantilado: en ellas no hay una narración lineal histórica ni un único registro, sino múltiples registros: diarios, memorias, pero también aparecen cartas, citas de poemas o textos narrativos, al igual que en el Borges, de Bioy.
Hay muchas coincidencias entre el Borges y Conversaciones con Goethe: las discusiones sobre las literaturas de otros países son muy similares, aunque en el caso de Goethe y Eckermann hay mayor indulgencia; sin embargo, igual terminan reconociendo la superioridad de la literatura inglesa (Goethe prefiere a Byron; Borges, a De Quincey, ambos a Shakespeare); Goethe, al igual que Borges, también en sus comienzos fue “vanguardista” y lentamente se fue haciendo más conservador; mientras Borges leía biografías, Goethe amaba las cartas y las coleccionaba, en especial su correspondencia con Schiller; los dos escribieron su autobiografía, Borges por encargo, Goethe porque quiso contar que “la época más relevante de un individuo es la de su desarrollo”; ambos sabían quién era quién en la literatura de su país, sin embargo fueron conscientes de que una literatura nacional no era suficiente. Y aquí está tal vez lo que más los emparenta, porque parece ser que en Goethe y en esta biografía estuvo el germen del ensayo El escritor argentino y la tradición. Dice Goethe: “Hoy en día la literatura nacional ya no quiere decir gran cosa. Ha llegado la época de la literatura universal y cada cual debe poner de su parte para que se acelere su avenimiento”.
No es extraño que se hable tan mal del libro de Eckermann en el Borges, de Bioy, pero sí que se haga en un período tan extenso de tiempo: veinte años o más. Sin embargo, en este interés de Borges por la biografía moderna encontró Vidas imaginarias y un camino que, como bien escribe Enrique Vila-Matas, lo condujo hacia Historia universal de la infamia y hacia más allá.

Gonzalo Leon