CULTURA VOLUSPA JARPA EN EL MALBA


Violentamente dulce

Inauguró la artista chilena una muestra que da una mirada a catorce países del continente americano basándose en los archivos desclasificados de la CIA durante el período 1948-1994. A partir de ese material realiza un cruce artístico con el minimalismo estadounidense, vinculando el arte con los procesos políticos que azotaron la región.

desclasificados. La muestra propone una revisión de los archivos desclasificados de la CIA en 14 países latinoamericanos.
desclasificados. La muestra propone una revisión de los archivos desclasificados de la CIA en 14 países latinoamericanos.
Foto:Gza. Mar Dulce
El espionaje no es lo que era. O lo que fue. Por lo menos, no lo es desde las imágenes de una narrativa cinematográfica y literaria, donde los agentes secretos calzan trajes impecables, son seductores hasta el mareo y manejan autos carísimos. Mucho encanto y cócteles.
En esta región del mundo, la posguerra y la Guerra Fría, los años que van entre 1948-1994, pueden ser narrados desde diferentes archivos. Voluspa Jarpa, artista chilena nacida en 1971, eligió hacerlo desde los desclasificados de los Servicios de Inteligencia de Estados Unidos. Con esos millares de hojas escritas, borroneadas, tachadas, ocultas, secretas y de un tiempo a esta parte, públicas y desclasificadas logra construir un relato que involucra no sólo a la pequeña historia de ese tiempo latinoamericano, con su violencia política, sus muertes y sus tragedias, sino que plantea un cruce con la historia del arte, al tomar el gesto minimalista, coincidente con ese momento, tanto en contenido como en forma.
La muestra es “violentamente dulce”, oxímoron cortazariano. Pensada para el espacio de arte contemporáneo del Malba, junto con Agustín Pérez Rubio, la luz y la blancura del espacio refuerzan el contraste. De texto cuelgan esos mismos archivos en impresos en gran tamaño. No sólo para mostrarlos y bien sino para dar cuenta del esperpento escriturario que se guardaba. Contener toda esa información hasta que explote, guardar bajo siete llaves los secretos de las peores tragedias, de los más espantosos planes de destrucción. El museo vuelto una sala de operaciones. Un centro inmaculado para viviseccionar ese monstruo creado por la CIA. Asimismo, entre la artista y el curador han logrado darle plena potencia estética: los rollos que se despliegan no sólo son la letra del horror; son delicados, poderosos, inquietantes.
Otro tanto ocurre en el salón de medios. Los rostros de los políticos latinoamericanos muertos pintados sobre placas de bronce. La máscara mortuoria, el panteón, los héroes y los mártires se enlazan como nudos en la garganta y como piezas que brillan y vuelven a la intensa claridad de la sala, un lugar oscuro y lúgubre.
La multiplicidad de materiales, la muestra está compuesta por doce piezas e incluye pinturas, objetos, instalaciones, videos, registros sonoros y documentos históricos, lejos de diversificar el sentido lo condensa y lo proyecta, como se decía, no sólo a una revisión histórica sino a una hipótesis sobre el minimalismo norteamericano, como estilo predominante de ese período. La cita a Donald Judd, el artista norteamericano que a principios de los años 60 propone un vocabulario  esencial para su trabajo futuro y despliega esta corriente artística, se vuelve imprescindible. Con una gran sutileza –toda la muestra maneja este tono tan inteligente–, los archivos “envuelven” la referencia a Judd: retoma su idea de los “objetos específicos”, utilizar formas simples y repetidas para explorar espacio y uso. Sin embargo, habilita la posibilidad de la denuncia sobre la base de los mismos preceptos de esta corriente artística. Si para Judd, el artista no generaba discurso, producía un objeto maravilloso y ya, Jarpa le tapa la boca. Le hace decir mucho.
A su vez, la estética minimalista, la pureza de la línea, lo abstracto y lo restrictivo, se confronta con la desmesura de la empresa. La de la CIA, la de controlar al continente, y la de la artista, sustraerlo del ámbito de la política y llevarlo al del arte, sin perder la potencia. Tampoco, sin caer en el panfleto y la denuncia. Por eso, en la disposición de los materiales y en título de muestra, En nuestra pequeña región de por acá, está cifrada parte de la premisa. Volver a clasificar esos archivos en una nueva biblioteca: la artística. La “pequeña región” es casi un continente entero y la posibilidad de una verdad, de una redención.


En nuestra pequeña región de por acá
Hasta el 3 de octubre
Curador: Agustín Pérez Rubio
Malba. Fundación Costantini
Avda. Figueroa Alcorta 3415

Laura Isola