DEPORTES VEINTE AñOS SIN TíTULOS

Argentina, una potencia de la boca para afuera

El jueves se cumplirán dos décadas de la Copa América ganada en Ecuador, el último festejo de la Selección Mayor. Por qué se vive de fracaso en fracaso.

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Gardel y los 20 años que no son nada se deslegitiman ante la Selección argentina, que desde la era post Maradona, el Gardel del fútbol, no gana un Mundial y desde la última vez que obtuvo un título, la Copa América de Ecuador 93, ya pasaron 20 años. En el medio, 286 partidos inconducentes al logro mayor; un 0-5 ante Colombia en el Monumental que aflige a la memoria; una doble eliminación en el Mundial de Estados Unidos, primero de Diego por doping y después del equipo, huérfano de líder; el paso abrupto del talco-café-gorritas con publicidad de Basile al disciplinamiento-corte de pelo-rinoscopía de Passarella; Bielsa fue, quizás, la apuesta al proyecto que la AFA se debía. La Selección que se había erigido en la gran candidata a ganar el Mundial 2002 ni siquiera fue más allá de la primera ronda y, tras renovársele el contrato y ganar los Juegos Olímpicos de Atenas 2004 (no cuenta como título ya que se trataba de una sub 23 con tres mayores), Bielsa se quedó “sin energías” y la sucesión se le concedió a Pekerman, el que había resignificado la palabra proyecto: sus juveniles fueron ejemplo de buen juego y títulos; volvió Basile, un perfil antagónico al de su antecesor, y se suscitó un gran quiebre: por primera vez Grondona interrumpió un contrato con un entrenador de la Selección; llegó Maradona, el ciclo volcánico, los 102 futbolistas convocados, el cachetazo ante Alemania en Sudáfrica, el “tocuen”, el me voy-me quiero quedar, el affaire con Bilardo, siempre Bilardo, y Batista. Checho asumió como interino pero empujado por un puñado de resultados braceó hasta la orilla y hasta firmó el contrato para ser el técnico oficial, pero cuando perdió la Copa América en casa, como también se perdieron las anteriores cinco Copas América, le rompieron el contrato y otra vez, como en una ruleta, se tiraron nombres al azar hasta que Grondona, con la anuencia de Bilardo, siempre Bilardo, le confió el mando del equipo de Messi a Sabella.
La Selección rema contra la historia reciente y la nebulosa de un proyecto o estructura que avale el prestigio de un grupo de jugadores superpoderosos de mitad de cancha hacia adelante.
Messi, el nuevo Gardel, tiene la cinta y la responsabilidad de gambetear rivales y disimular los despropósitos de la AFA. Que, entre otras cuestiones, se evidencian en 20 años sin títulos, sin que pase nada.

El gran tesoro. Messi es el hombre; el que llegó de casualidad a la Selección, después de que un héroe anónimo le entregara un video a Claudio Vivas sobre un genio en miniatura y que, una vez que lo supo Hugo Tocalli, a cargo de la Selección sub 20, recibió el primer llamado; el que ahora tiene que jugar sí o sí, para que la AFA cobre su cachet extraordinario. Los últimos partidos de la Selección denotan las prioridades y las formas en que se trazan los caminos ligados a la camiseta celeste y blanca. Por cuidados físicos, Messi no fue titular en la última doble jornada de Eliminatorias: apenas jugó 33 minutos ante Colombia y media hora ante Ecuador. Tres días después, en un amistoso ante Guatemala, un equipo insignificante en la consideración mundial, Leo jugó desde el arranque y salió cuando promediaba el segundo tiempo.
En su figura se concentra la creencia de que la Selección todavía se sienta en la mesa de las potencias, aunque no haya defensores de alto rendimiento entre los convocados por Sabella.
“Estuvimos años buscando el reemplazante de (Roberto) Ayala, tampoco tenemos marcadores de punta. Algo hay que hacer, no se puede empezar siempre de cero”, dijo Batista con honestidad brutal, luego de que la prensa le cayera con críticas duras por la derrota 1-4 ante Nigeria, en un partido amistoso de junio de 2011 armado con sub 25. Otro papelón.
Sin laterales no hay paraíso. Al revés que Brasil, Argentina no cuenta con defensores con proyección. Maradona opinó al respecto: “Me criticaban que Otamendi no podía jugar por el costado, y acá Campagnaro marca la punta”.
Sin continuidad de plan, la Selección acumula frustraciones y nadie es capaz de explicar el fenómeno. Mucho menos cuál es la verdadera función de Bilardo, el secretario general de Selecciones. Su rol testimonial es tal vez una síntesis de estos 20 años sin nada. Y la confirmación de la nostalgia: la última vez que Argentina ganó un Mundial fue con Bilardo de técnico. Cuando todavía, para algunos, el hombre era Gardel. Esa foto borroneada por los fracasos siguientes cumplió, justo ayer, 27 años.


Redacción de Perfil.com


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