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Barcelona campeón: un éxito del Mercosur

Con Messi como bandera, el peso de los jugadores sudamericanos fue decisivo en el nuevo rey de españa. Ayer, fue 3-0 al Granada con tres tantos de Luis Suarez.

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Si algún cráneo de la publicidad política y de los nuevos gobiernos de la región vio ayer la consagración del Barcelona, ya debe tener la idea preparada. Al menos un esbozo, un disparador. El modelo del Mercosur –del nuevo Mercosur que prometen– puede estar en Catalunya. Ahí, en ese lugar, está la foto (la de Neymar, Messi y Suárez), y también las palabras que todos buscan: alianza estratégica, reciprocidad, efectividad. Y sobre todo, la que más vale, la que más cautiva: campeón.
Este Barcelona versión sudamericana ayer se pintó de celeste: porque el uruguayo Luis Suárez hizo los tres goles con el que le ganó 3-0 al Granada de visitante, porque se coronó como el goleador de la temporada, y porque todas las fotos e ilustraciones del campeonato se centraron en él: esos dientes que hace dos años hicieron hablar al mundo por un mordisco, y que más de una vez fueron motivos de diatribas, ayer se dejaron ver para gritar gol y campeón. Sólo hubo sonrisas en la cara de Súarez y sus compañeros.
El uruguayo, además, como una yapa que agrada a muchos, dejó al portugués Cristiano Ronaldo en el segundo lugar de la tabla de goleadores, sin ni siquiera el premio consuelo de ser nuevamente Pichichi (lo había sido tres veces desde que viste la camiseta del Real Madrid).
El botín de oro para Suárez vino también a romper la hegemonía Messi-Ronaldo impuesta desde hace más de cinco años en el fútbol español. El delantero es el tercer jugador de su país que logra quedarse con este premio –los otros habían sido Jorge Da Silva en los ochenta, y Diego Forlán dos veces, una con el Villarreal y otra con el Atlético de Madrid– y, desde ayer, el uruguayo que más goles hizo con la camiseta de Barcelona (superó a Ramón Villaverde).

Para entender la importancia de los futbolistas sudamericanos en este Barcelona sólo basta describir cómo fueron los tres goles de ayer. En el primero, Suárez sólo debió empujar una pelota cedida por Jordi Alba; en el segundo, tras un pase cruzado de Mascherano, Dani Alves tiró un centro imposible para que el uruguayo se anticipara de cabeza; y en el tercero, otra vez tuvo que empujarla, pero la asistencia se la dio Neymar.
Curiosamente, Lionel Messi, el ídolo máximo del Barça, no tuvo participación en ninguna de las jugadas. Tomó un descanso y se dispuso a festejar después del partido. ¿Se sorprenderá cuando le dicen sus logros con la camiseta blaugrana? Porque leerlo impresiona. El rosarino fue campeón por octava vez del campeonato español. Suma tres Copas del Rey (podrá conseguir la cuarta el domingo 22 cuando dispute una nueva final contra el Sevilla), cinco Supercopa de España y diez coronas internacionales: cuatro Champions, tres Supercopas de Europa y tres Mundiales de Clubes.
El tridente Neymar-Suárez-Messi será, con seguridad, lo más recordado del equipo de Luis Enrique. Como todos recordamos el tiki taka de Busquets, Iniesta, Xavi, Henry y Messi de la era Guardiola, ahora, lo inolvidable de esta versión blaugrana fue la contundencia y el entendimientos entre sus tres delanteros, a los que encima se le sumaron laterales en el ataque, y las exquisiteces de los volantes.
Y aunque no estuvo ayer por lesión, el otro sudamericano que resultó importante en este nuevo festejo blaugrana fue Claudio Bravo, el arquero chileno que dio solvencia y respuestas cada vez que lo amenazaron. En un equipo con tanto gol, con tanto brillo, a veces ser arquero puede ser ingrato. Algo que Bravo ni nadie percibió.



Agustín Colombo