DEPORTES FUTBOL


Brasil se sacó una mochila de encima

El equipo de neymar le dio la primera medalla de oro al pais en la historia. La gente se acordo de messi y maradona.

Extasis. Brasil pone todo en su lugar y festeja el título olímpico por primera vez. Justo ante Alemania, que le había propinado el 7-1 en el Mundial. Fue por penales, luego de un empate 1-1.
Extasis. Brasil pone todo en su lugar y festeja el título olímpico por primera vez. Justo ante Alemania, que le había propinado el 7-1 en el Mundial. Fue por penales, luego de un empate 1-1.
Foto:afp
Desde Río de Janeiro

El ambiente era digno de una final. Pero no de cualquier final. Era la final que todos los brasileños querían ganar. El título que faltaba para el fútbol más ganador de la historia. Por eso Río estuvo pendiente del partido contra una Alemania, que era su peor pesadilla luego del 7-1 en la semifinal del Mundial 2014. Y lo consiguió. Neymar, con un golazo de tiro libre y el penal decisivo, desató la locura en un Maracaná que tuvo la fiesta que le arruinaron hace dos años. Un festejo que tuvo dedicatorias para todos, incluidos Maradona y Messi.

En los alrededores del estadio, un argentino imitador de Maradona –y muy parecido a Maradona– hizo que los locales que inundaron el estadio más mítico del fútbol mundial le dedicaran la canción  que hostigó a todos los albicelestes durante su estadía en los Juegos. No importa que no estuviese Brasil, ni tampoco Argentina. En el estadio retumbaba el “Mil gols! Mil gols! Mil gols! Mil gols! Mil gols! Só o Pelé! Só o Pelé! Maradona cheirador (aspirador)!”. También hubo tiempo para hacerle sentir el clima a Messi: “Eta, eta, eta; Messi nao tem copa, quem tem copa ê o Vampeta”.

La gente hizo sentir a Brasil más local que nunca. El ambiente no era de nerviosismo, como el de aquella fatídica tarde de Belo Horizonte en la que la historia del fútbol tendría uno de sus más grandes hitos. Y el destino le empezó a hacer guiños diferentes a aquel 8 de julio en el Mineirao –el mismo en el que Thomas Muller silenciaba a todos hace dos años– cuando a los diez minutos la pelota de Bender reventó el travesaño del arco de Weverton. Fue el primero de los tres que ayudaron a los anfitriones en los 45 iniciales. Los campeones del mundo iban en busca de un gol que no llegaba. El “eu acreditooo” de los torcedores pareció que hizo efecto inmediato en Neymar. A los 26, el crack del Barcelona, criticado hasta la final, hizo explotar al estadio con un enorme tiro libre. El festejo a lo Usain Bolt del capitán brasileño fue justamente para el triple medallista de oro en Río, que estaba en la platea.

Todo era perfecto hasta que los fantasmas volvieron y en el estadio se escuchó silencio. Nada fue igual a partir del empate alemán. La gente vivía otra vez el miedo de quedarse sin fiesta. Y llegó el alargue. Alemania quería pero no podía, y cada vez que atacaba el estadio se transformaba en una silbatina que aturdía. La hinchada también jugaba su partido. Pero llegaron los penales. Se escuchaban los ánimos que se daban los jugadores. Y las ejecuciones. Todos metían, hasta que Weverton le detuvo el quinto de la serie a Petersen. Después llegó Neymar. La gente lloraba de desesperación. Y fue gol. Y fue oro. Para que la fiesta fuera sólo brasileña.