DEPORTES EVASION

Cuando el fútbol hace trampa

Los contratos en negro, la llave que usan los futbolistas y los clubes para no pagar impuestos y ganar más. Por que la AFIP solo revisa los papeles de la AFA.

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Foto:Cedoc

El fútbol argentino y el teatro tienen mucho en común. Lo real es aquello que pasa entre bambalinas. Cada fin de semana, el telón sube y el espectáculo luce. Las irregularidades del fútbol argentino no se pueden –ni se quieren– mostrar. Los contratos de los jugadores son uno de esos elementos misteriosos: no se sabe cómo cobran los futbolistas, ni cuántos billetes entran a sus cuentas. Tampoco se conoce que varios de ellos trampean para evadir impuestos. PERFIL intentó mezclarse entre los actores. Ellos accedieron, pero en off, con la máscara puesta: sólo una de las seis fuentes consultadas –funcionarios de AFIP, directivos de Futbolistas Argentinos Agremiados, representantes, abogados, dirigentes de clubes– accedió a dar su nombre.

Alrededor de los pagos a los jugadores de fútbol hay engaños y evasiones. Los futbolistas arreglan un contrato por fuera del círculo de AFA y AFIP para ganar más; los números, en innumerables casos, se alejan de las realidades de un fútbol quebrado, pobre y mal administrado.
La AFIP irrumpió en el fútbol en 2012. El fútbol, hasta entonces, era un terreno baldío, una zona liberada: las faltas tributarias y el manejo indiscriminado de dinero eran elementos corrientes. Todo se acercó a una supuesta normalidad cuando el ente recaudador puso los pies sobre la pelota. Se alió con la AFA, su principal fuente de información, proveedora de los números de los clubes. Y de los ingresos de los jugadores: una vez cada seis meses –la última, el 28 de febrero–, la Asociación les facilita una planilla por cada equipo de Primera y B Nacional con los números de los contratos de cada futbolista y quiénes son los dueños de sus pases.

Verdades y mentiras. Ahí, los contratos privados no registrados en AFA están eximidos. Un futbolista, cada vez que llega a un equipo, suele firmar dos contratos. Uno es el federativo: el que va a AFA para demostrar que efectivamente el firmante es hombre del club. Indica el sueldo, y algunos rubros de prima: reconocimiento a la trayectoria, premio por gol, por partido jugado, por título conseguido.

La prima representa el 80% del total del ingreso bruto del jugador. Originalmente, se pagaba cuando el club lo disponía. Ahora, los acuerdos especifican en qué momento se abonan. River, por ejemplo, la paga mes a mes. Racing, en siete cuotas. Pero el grueso de la prima va aparte del contrato. Por un vicio que quedó de las épocas de anomia, todavía hay casos donde se rubrican acuerdos privados. Y porque, además, implica una ganancia extra para los jugadores: la más jugosa. Esos contratos, en numerosas ocasiones, no se registran en AFA. AFIP no tiene noción de ellos; así, el deportista se exime de Ganancias: esa parte la cobra en efectivo.

La AFA intentó luchar contra la evasión. En 2012 lanzó una normativa: obliga a los futbolistas a que, cuando firman sus contratos, hagan una declaración jurada donde indiquen que todos los vínculos con el club están registrados en AFA. Entonces, además de impositiva, la falla también es federativa. Y los jugadores continúan evadiendo.

Para algunos futbolistas, tener un contrato por fuera del círculo formal es condición de negociación. Un volante de larga trayectoria, de reciente vuelta al club en que debutó, pidió cobrar la mitad de su contrato en negro. Las instituciones deportivas disponen de una caja negra: “Estacionamientos, entradas que se venden por atrás, subfacturas”, señalan.
—¿Contrato privado? No, eso no existe –dicen, asombrados, en una oficina de Hipólito Yrigoyen 370, sede central de AFIP.

Ley y trampa. El contrato privado es una práctica tan vieja como el fútbol. Antes se firmaban para estafar al jugador: se le ponía el 10% de la cifra acordada en el contrato federativo, y el 90% restante iba en uno privado. Como el gremio era débil y el convenio colectivo no reconocía aquellos acuerdos que no estaban registrados en AFA, los futbolistas no tenían forma de reclamar si después no les pagaban.

Eso cambió en 2009. Actualmente, el artículo 3º del convenio indica claramente que “la falta de presentación de los respectivos ejemplares del contrato a AFA por una de las partes no invalidará la vigencia del contrato registrado por la otra”. En criollo: ahora se reconocen todos los contratos que se firmen, por más que la AFA no tenga noticia de ellos. Si el jugador lleva la documentación a FAA, ésta activa su maquinaria y el futbolista cobra.

Por eso, los clubes denominados “prolijos” firman un solo contrato. La prima se registra en AFA, y “zapatero, a tus zapatos”: cada jugador se hace cargo de su situación impositiva. Andrés Ballota, tesorero de River, lo confirma: “River registra el 100%”. Newell’s y Racing también implementan esa metodología. Boca es otro caso, pero con una particularidad: arregla el contrato neto. El club –tan identificado con Mauricio Macri– no quiere tener a la AFIP encima en un año político: se encarga de retenerles el impuesto a las ganancias a los jugadores.

 

El rol del gremio de la pelota

Sergio Marchi es el secretario general de Futbolistas Argentinos Agremiados. Con la inhibición como principal arma, lidera uno de los pocos gremios del país que logran que un empleador no pueda incorporar nuevos trabajadores hasta no resolver la cuestión salarial con los actuales o anteriores. Pensémoslo así: si un empleado de cualquier rubro es despedido y no obtiene la liquidación correspondiente, debe meterse en un engorroso proceso legal. Mientras, la empresa puede contratar nuevos trabajadores. En el fútbol, no: la figura de la inhibición, conseguida en 2010, obliga a los clubes a ponerse al día con todos aquellos que presenten una deuda documentada en FAA o un contrato no cobrado, registrado en AFA o no.

Los contratos se guardan en los cajones de Salta 1144, la sede de Agremiados. Marchi los maneja: los clubes deudores no obtienen los papeles correspondientes al próximo año y no pueden inscribir nuevos futbolistas en AFA si tienen asuntos pendientes con algún jugador.
Para asegurarse de que nadie se escape de su ala, Agremiados implementó un sistema de colores en los contratos. Cada año, los contratos federativos cambian el holograma y su color: este 2014/2015 fue rojo. Los equipos en regla pueden pasar a llevárselos y registrar a sus jugadores en la AFA. Los que no, deben presentarse con la plata que adeudan en la oficina del gremio y pagarles en vivo a los jugadores. Sólo así consiguen esa documentación sagrada.



Nicolás Rotnitzky