DEPORTES SAN LORENZO NO PUDO

El agrio sabor de un golpe esperado

El ciclón planteo un partido especulativo para frenar al Real Madrid, hasta que el gol de Sergio Ramos cambio el escenario. Derrota y lagrimas.

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Cerca de Casablanca, se impuso la Casa Blanca. Sin embargo, los 242 kilómetros que separan a la mítica ciudad inmortalizada por el cine con Marrakech fue menor que la distancia que existió entre el Real Madrid y San Lorenzo. El Ciclón no estuvo cerca de ganar, pero podrá colgarse una medalla invisible: el partido imposible no le quedó lejos. De hecho, Real Madrid no logró ser ostentoso, ni el equipo asesino que este año hizo 178 goles entre Liga y Copas, ni brillante en el juego, ni tuvo al mejor Cristiano Ronaldo. Mérito de San Lorenzo.

Como coche viejo y rendidor, el equipo argentino aguantó con un chasis fuerte, sostenido por dos disciplinadas líneas de cuatro. O todos atrás y Cauteruccio de nueve. La táctica que lo puso a salvo del papelón de una goleada tuvo dos grietas en el lugar menos pensado. Torrico fue figura en el torneo que le dio a San Lorenzo el boleto para entrar a la Libertadores. Y clave en la obtención de la Copa que lo llevó hasta Marruecos. El arquero ayer falló dos veces. Primero no salió a cortar el centro que cabeceó Sergio Ramos en el área chica, ante la marca de Yepes. Después transformó la realidad: convirtió un tirito de Bale en un remate letal.

Con el segundo gol, Real Madrid puso a resguardo el resultado. Aunque no le alcanzó para todo lo otro: ser ese equipo galáctico, capaz de amasar goleadas aún en tiempos de un fútbol parejo,  tecnológico, estudiado al detalle.
San Lorenzo jugó su partido y el Real no pudo hacer el suyo. Esa muralla no fue impedimiento para que lograra el triunfo. Otro. El vigésimo segundo de manera consecutiva. Un número extraterrestre.

San Lorenzo no fue una cenicienta. Le faltó la cabeza del cuerpo, esa parte vital para resolver de mitad de cancha hacia adelante. El equipo de la Copa tenía a Piatti y a Correa. Tenía la gambeta, la velocidad y el gol. Ayer fue a la pelea del mundo sin esos atributos. Y sin embargo perdió de pie.

Con dignidad. San Lorenzo debería recortar el último tramo del partido y guardarlo en su vitrina. Ya con el 0-2, amplió su horizonte y arriesgó más arriba. Casillas tapó los remates de Kalinski y Mercier. Y miró cómo pasaba cerca el de Buffarini.

En esa misma vitrina podría poner el partido de Mercier, el relevo del mundo. El volante jugó entre los centrales, pero también impulsó la salida de su equipo y hasta llegó a ver de cerca al arquero rival.

Real Madrid tuvo como mejores hombres a Toni Kroos, Sergio Ramos y Marcelo, hasta que salió por lesión. Sus grandes figuras no se destacaron en el álbum de la final. Cristiano Ronaldo dejó la sensación de que nunca aceleró. Y Benzema no fue ese futbolista intimidante de siempre.
El festejo tibio del Madrid contrastó con las lágrimas de los jugadores de San Lorenzo, tocados aún por una derrota previsible. Los hinchas también jugaron su partido. Un pedazo del Bajo Flores ayer fue una postal de Marrakech. Ahí, donde ayer se filmó una película en la que a San Lorenzo le faltó el final feliz.



Marcelo Rodriguez