DEPORTES VICTOR BLANCO


El arte de caer siempre bien parado

como hace el presidente de racing para tener buena imagen luego de sus groseros errores.

Espalda. Es la que tiene el presidente tras el título ganado. Sin embargo, su 2016 no es el mejor.
Espalda. Es la que tiene el presidente tras el título ganado. Sin embargo, su 2016 no es el mejor.
Foto:Fotobaires
Del otro lado del teléfono, la voz tenía el tono de una advertencia: “¿Qué estás haciendo?”. El que hablaba era Diego Milito. El que escuchaba, Víctor Blanco. Era mayo y faltaban apenas unas horas para la reunión en la que, supuestamente, el presidente de Racing le iba a anunciar a Facundo Sava que dejaría de ser el técnico del equipo. Sava lo sabía –o lo intuía– porque Blanco se había encargado de adelantarlo unos días antes: “Racing estaba para más este semestre. Existen cláusulas para revisar el contrato cada seis meses”.

Para Sava, y para casi todos, la reunión de la que saldría sin trabajo tuvo un final impensado: con Blanco confirmando la continuidad de un técnico al que, a esa altura, ya no quería. La llamada de Milito, el ídolo retirado, había logrado convencerlo.

Cien días después, sin Milito y sin Sebastián Saja, los escudos con los que contaba Sava dentro del plantel, Blanco tomó la decisión de despedirlo. Fue después de la final contra Lanús por la Copa Bicentenario, un invento que valía una medalla oficial y no mucho más. Racing perdió en el último minuto contra el campeón, y a Blanco eso le bastó para apretar el botón de salida del DT. A sólo diez días de empezar la temporada, y más de tres meses después de su intento fallido, Racing se quedaba sin entrenador. Lo echó, según sus palabras, porque “no se cumplieron los objetivos”. Los objetivos: noventa minutos contra Lanús. Un gol. Lo único que estuvo en juego entre mayo y agosto.

Blanco no tenía plan alternativo: sin Sava, inició un casting que iba de un vértice a otro: desde Diego Cocca o Pablo Lavallén, hasta el uruguayo Juan Ramón Carrasco. Incluso se mencionó la posibilidad de Carlos “Chapa” Retegui, el entrenador de Los Leones, que acababa de ganar la medalla de oro Río de Janeiro. El presidente se entusiasmó, incluso, con la carpeta de Ramón Díaz, pero alguien le advirtió que, en San Lorenzo, el riojano se había peleado casi  a las trompadas con Agustín Orion, recién llegado a Avellaneda.   

Luego probó a Claudio Ubeda, el DT de la Reserva, que dirigió al equipo en la victoria contra Olimpo (por la Copa Argentina) y ante Talleres, en el empate inicial por el torneo. El rendimiento del equipo frente a los cordobeses hizo que Blanco diera un volantazo.

Finalmente, el elegido fue Ricardo Zielinski, un entrenador al que le fue muy bien en Belgrano, pero que rompe con la línea de juego tanto de Cocca como de Sava, los dos contratados por Blanco en su mandato.  

Pero si hay algo que hace bien Blanco desde que asumió como presidente de Racing, es salir airoso de situaciones incómodas, y en las que él actúa intempestivamente. Una gestión prolija desde lo económico –el club está al día con el plantel profesional y tiene una deuda mínima con la AFA–, cierto blindaje mediático de la prensa partidaria y haber salido campeón con Racing en 2014, un club que festejó apenas dos veces en el último medio siglo, le siguen dando margen para tomar decisiones como la que tomó con Sava, cuestionadas por hinchas, por los jugadores y hasta por dirigentes de su comisión directiva. Porque su vice, Miguel Jiménez, mantiene una guerra fría con Blanco. Y el despido de Sava intensificó las diferencias.
En el entorno de Sava, mientras tanto, hablan de maltrato. Y recuerdan que Blanco aún le debe todas las primas de su contrato.