DEPORTES DARIO LOPERFIDO

“El Colón no tuvo conflictos este año”

El director artístico del primer coliseo dice que cierran el año con las cuentas en orden, anticipa la temporada 2017 y se lamenta por los que pagaron para ver a Al Pacino.

Historia. Ascenso y caída de la ciudad de Mahagonny; Ludmila Pagliero; Martha Argerich y Daniel Barenboim, y la Gala Mundial de Ballet del Colón. Todo bajo la gestión de Lopérfido.
Historia. Ascenso y caída de la ciudad de Mahagonny; Ludmila Pagliero; Martha Argerich y Daniel Barenboim, y la Gala Mundial de Ballet del Colón. Todo bajo la gestión de Lopérfido. Foto:Grassi

Es una programación muy buena. Tenemos una temporada de ópera con Angela Gheorghiu, y a Marcelo Alvarez; a Lucrecia Martel como régisseur, otro plato fuerte... Son highlights”. Con ese espíritu optimista, Darío Lopérfido, director artístico del Teatro Colón, adelanta lo que se verá durante el año que viene. En el diálogo se advierte su especial apasionamiento por la ópera. Contrasta a la hora de hablar de la danza, en la que pasa de “muy buena” a “bien” a la hora de hablar de ella: “La temporada del ballet está bien. Sylvia lo reponemos porque es una producción nuestra, e invitamos a Isabella Boylston, del American Ballet. Hacemos La fierecilla domada y La bella durmiente del bosque con Marianela Núñez, y en Notre Dame de Paris quizás baile Ludmila Pagliero. Como parte del exitoso programa El Colón en Familia estarán La bella durmiente [del argentino Galizzi] y Alicia en el país de las maravillas [otra obra también ya realizada de Alejandro Cervera]. La Noche Contemporánea será en el Gran Rex, porque no entra en la temporada. Y en la gala internacional volverán Alessandra Ferri y Herman Cornejo. Es una temporada linda, con el gran logro que se produjo en el ballet, el regreso de gente que se había formado aquí y no bailaba aquí: Marianela y Ludmila. Y además, este año hicimos un acuerdo con 23 bailarines para que se retiraran y llamamos a concurso, de modo que garantizamos que chicos chiquitos ya tengan su puesto”.

—También hay varias coproducciones internacionales. ¿Esto reduce los gastos al Colón?

—A veces sí. En Ascenso y caída de la ciudad de Mahagonny, con Bogotá y con Santiago de Chile… A veces más o menos. [Las coproducciones] obedecen a una intención mía de que el Colón vuelva a jugar en una liga grande. Hay una coproducción con el Royal Opera House y el Teatro Real de Madrid; la otra, con el Royal Opera House y el Met de Nueva York. Es poner al teatro en el radar del mundo.

—¿Cómo fue la selección de la programación en relación con el presupuesto asignado? ¿El de 2017 fue menor o mayor que el de 2016, teniendo en cuenta que se pasa por un difícil momento económico?

—La programación se arma según el presupuesto, pero no hubo que achicar obras ni figuras. Podríamos haber tenido muchísimo más dinero si el dólar no hubiese aumentado; contratamos mucho en dólares. Pero no, no nos complicó. [Incluso] el año pasado hubo nueve óperas y en 2017 habrá diez.

—¿Cómo es el balance económico del Colón en 2016?

—El Colón terminó bien 2016. Recaudó mucho dinero en venta de tickets. Tuvimos una gran cantidad de noches ocupadas.

—Maximiliano Guerra es uno de los últimos en incorporarse a tu gestión. ¿Cómo describirías su labor?

—El ámbito del ballet es muy discutido. Hay actitudes que no son lindas en el ambiente. Se banca todo, tiene una actitud medio zen y va consiguiendo los objetivos. Es de ir de a poco pero seguro. Mientras yo esté, va a estar Maxi.

—Ya has tenido un paso por la política. ¿Te interesa candidatearte para algún puesto?

—No, no, no, no. [Aquí] estoy bien, estoy cómodo.

—¿Hasta cuándo te imaginás en este teatro?

—No sé… Me imagino para siempre [se ríe, y sigue con una ironía sobre sí mismo]. El tipo era tan poco republicano que quería quedarse acá… Sí, un tiempo sí.

—¿Cómo calificarías tu gestión?

—Innovadora. Marcelo Lombardero y Pablo Maritano comenzaron a dirigir acá. Este año es la primera temporada en que hay dos régisseurs mujeres [Sofia Coppola en La traviata y Martel en Andrea Chénier]. Todo eso es innovación. No porque yo me crea nada, sino porque me entero de cómo funcionan las cosas en el mundo.

—¿Cómo te llevás con la comunidad artística?

—Acá somos como una familia. Estoy en los ensayos, le pregunto al concertino. Y cuando discutís, es como en el marco de una familia. No hay ningún conflicto. Me reuní con las comisiones artísticas de la Filarmónica y de la Estable. Y no hablamos de los sueldos, eso no me toca a mí; hablamos de repertorio, de directores. El Colón no tuvo conflictos este año.

—¿Cómo es la relación con los sindicatos?

—Los sindicatos están más del lado de la dirección general, María Victoria Alcaraz, con quien nos complementamos muy bien. María Victoria fue jefa de Gabinete mía cuando yo fui secretario de Cultura en el 96. Estuvo en mi casamiento. Tenemos una relación muy natural. Nos llevamos bien y nos conocemos desde hace treinta años.



“Antes, popular era Mercedes Sosa”

Luego de la polémica en torno a la actuación de Al Pacino, Depardieu y Babasónicos, entre otros artistas fuera de la tradición del Colón, opina Lopérfido: “No estoy en contra de que el teatro se alquile, porque eso implica dinero para el teatro en días muertos. Por ejemplo, Babasónicos tocó acá un lunes y los lunes, acá, o está cerrado o ganás 650 mil pesos por alquilar la sala, según el valor de tasación que nos brinda el Banco Ciudad. Igual, creo que hay que ser un poco estricto en el alquiler. El Colón antes se alquilaba al Mozarteum, Nuova Armonía, la Asociación Wagneriana. Ahora el Colón se puso un poco de moda. Lo de Pacino a mí me da igual. Lo lamento por los que pagaron la entrada (risas). Yo no vine. Cuando leí lo de Norma Aleandro, entendí todo: ‘Vengo, converso un poco y te cobro 10 mil mangos...’. Pero en tanto director artístico, puedo oponerme. Babasónicos era un ciclo de La Nación, uno de nuestros sponsors. El año que viene no van a traer el ciclo así, sino que lo van a ver conmigo primero. Además, yo le había dicho al manager de Babasónicos que no se podía tocar a más de 95 decibeles. Los espectáculos que tienen formato sinfónico, ya ahí es más subjetivo. ¿Te gusta Cacho Castaña? Es un homenaje… Sus versiones son con una orquesta, no hay problema con la amplificación. Algunos piensan que soy un enfermo de la música clásica, que me levanto con Pavarotti. No es así. Pero en los últimos treinta años, la mercadotecnia reemplazó lo popular. Populares en otras épocas eran Piazzolla, Salgán, Pugliese, Mercedes Sosa, Los Fronterizos, Los Chalchaleros. Tenían calidad, sabían tocar. No es lo mismo eso que bailanta… [Hoy] la construcción de lo popular es industrial”.



Analía Melgar