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El golpe por golpe salio muy caro

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La jugada no terminó en gol, pero fue sintomática. Una pelota perdida por Argentina en ataque, con el resultado a favor, derivó en una salida rápida de Paraguay por derecha: eran cuatro que enfocaban el área de Romero contra tres que esperaban, y nadie retrocedía. El contraataque terminó en nada, aunque dejó patentado el descontrol en el que la Selección cayó durante el segundo tiempo, cuando el manual del partido exigía sacarle más brillo a las virtudes del primero: presión alta, control de pelota, orden posicional. La mejor manera de cuidar un triunfo amasado en 45 minutos de dominio absoluto.
Pero no. La imagen de Pastore y Banega corriendo de atrás a Haedo Valdez y al ingresado Derlis González retrataban un desorden preocupante, que Martino no pudo corregir ni con los cambios. Y esas salidas de Paraguay por las bandas tomaban mano a mano a Roncaglia y Rojo. Así, el partido terminó siendo una tómbola, librado a quien  embocaba antes: no fue Messi en dos oportunidades, Di María en otra ni Higuaín en una entrada por izquierda. Fue Lucas Barrios, argentino al fin, aunque con la camiseta cambiada; también podría haber sido Samudio, su compañero, unos minutos antes del agónico empate.
El precio de jugar al golpe por golpe terminó saliendo carísimo. Una nota de atención que no debe borrar lo bueno que se había tejido. O mejor dicho, que debe convencer al equipo de volver por los caminos del principio. Cuando la Selección puso la pelota bajo la suela y gobernó el partido.

Andres Eliceche