DEPORTES YAYO, CAPO DE LA BARRA DE ALMAGRO

El otro Tevez de Fuerte Apache

El primo del ex jugador de boca lidera ‘LA BAndA tricolor’. todos LE TIENEN panico. figura como EMPLEADO DEL GOBIERNO DE LA CIUDAD.

AGUANTE CARLITOS. Yayo Tevez controla el barrio y la tribuna de Almagro. Extorsión, aprietes y negocios ilegales.
AGUANTE CARLITOS. Yayo Tevez controla el barrio y la tribuna de Almagro. Extorsión, aprietes y negocios ilegales. Foto:Cedoc Perfil
A cuatro minutos de la Avenida General Paz se encuentra el Barrio Ejército de Los Andes, complejo habitacional conocido como Fuerte Apache, ubicado en el partido bonaerense de Tres de Febrero. Allí viven cerca de cien mil personas, rehenes del narcotráfico y de la delincuencia, cuyos actores se apoderaron de sus 26 manzanas. Aun así el sentido de pertenencia no deja de sorprender: “Siempre voy a estar orgulloso de haber vivido en Fuerte Apache”, aseguró hace un tiempo Carlos Tevez, quien nació en el departamento L del primer piso de la torre B del Nudo 1.
Lo notable es que a pocos metros de la primera vivienda del ex jugador de Boca se esconden las armas con las que son amenazados los dirigentes de Almagro, institución tomada por una de las barras más peligrosas del fútbol argentino. La Banda Tricolor, como se autodenomina la facción violenta del club de José Ingenieros, se encuentra liderada por Claudio Luis Tevez, alias Yayo, primo hermano de Carlitos. “Son hermanos adoptivos, aunque Carlitos trata de no darle mucha pelota, ya que sabe bien la vida que lleva Claudio. Dicen que acaba de comprar una pizzería debajo de la torre en la que van a vender la indumentaria que se roban del club”, explicó una vecina del Nudo 12. Claudio, además, figura en los registros de la Ciudad de Buenos Aires como barrendero.

Los dueños del club. Yayo Tevez, hombre fuerte del barrio, y en consecuencia de la tribuna, está acompañado en la estructura jerárquica de la hinchada por Manotas Páez, empleado del Correo Argentino; Jesús Romero, capo del Nudo 13 y a su vez integrante de la barra de River; y por Cala, puntero de la Villa Los Rusos, ubicada junto al Cementerio Israelita de Ciudadela, identificada por la propia policía como el cajero de los secuestradores.
“Me voy a sentar con la barra para pedirle que deje de extorsionar al plantel”, confesó a PERFIL Julián Romeo, presidente del club, que ante la ausencia de los organismos de seguridad se vio en la obligación de negociar en busca de paz. Es que, tras haberles cortado parte de los beneficios a los que estaban acostumbrados, comenzaron los problemas. Tanto es así que después de la guerra en el partido ante Atlético Paraná, que terminó con el futbolista Franco Quiroz herido de bala, la comisión directiva no tuvo más remedio que abandonar el estadio de Tres de Febrero para ir a entrenar al predio de Pontevedra. Posteriormente hubo amenazas de todo tipo, entre ellas el ataque al vehículo particular del vicepresidente Fernando Cascino. “Cuando recibimos el club, estos tipos hacían lo que querían; firmaban contratos y traían jugadores”, manifestó Romeo, con cierta resignación.
El motivo del conflicto tiene que ver con el manejo del futsal y unos diez contratos de futbolistas del plantel profesional que usufructuaron a su merced durante más de una década. En cada mercado de pases, el cuerpo técnico se veía en la obligación de aceptar ese número de jugadores cuyos haberes iban sin escalas a los bolsillos de la barra. Así fue como el propio mandamás no tuvo más remedio que denunciar esa extorsión dos veces en la Fiscalía de San Martín, así como los reiterados robos de indumentaria, que luego comercializaban en el corazón del barrio.
La semana pasada, APreViDe les prohibió la concurrencia al estadio al primo hermano de Tevez y a otros cuatro barras de primera línea.
Lo cierto es que Fuerte Apache, cuna de la familia Tevez, se convirtió en los últimos años en un aguantadero de barras de Almagro. Allí gozan de la inmunidad necesaria para hacer todo tipo de negocios ilegales alrededor de un club que llegó a jugar en Primera. Muchos hinchas genuinos dejaron de ir a la cancha, la dirigencia pide ayuda, la policía mira para otro lado y los fotógrafos tienen prohibido retratar sus rostros. Son los dueños de Fuerte Apache. Y también de un club porteño trasladado al Conurbano.