DEPORTES EL OBJETIVO DE MARTINO

Ir por el tri con una revolución

Newell’s sigue en la Libertadores, no descuida el Torneo Final y juega la Copa Argentina. En un fútbol mediocre, ataca y gusta como ninguno.

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Tiene el partido grabado, pero nunca lo quiso ver. El 3 de julio de 2010, Paraguay, la selección a la que dirigía, estuvo a un paso de eliminar del Mundial a la mismísima España, que al final se impondría 1-0 y saldría campeona. A partir de ese día, según confió en enero, Gerardo Martino no volvió a tener miedo a perder.

Era, además, un lujo que no se podía permitir cuando asumió a mediados de 2011 en Newell’s: el equipo estaba último y el fantasma de la B ya se relamía. Lo salvó. Pero en el arranque del Torneo Inicial, Newell’s estaba otra vez último en el promedio de descensos. Hoy, en cambio, está puntero en el Final y se acaba de clasificar a los cuartos de la Copa Libertadores. Gracias a Martino.

A Martino lo empalagan (y ésa es la palabra que utiliza) los comentarios halagüeños, pero el presente de Newell’s sería impensable sin él. Convenció –llamados telefónicos diarios mediante –a Gabriel Heinze y Maxi Rodríguez de volver. Incluso él le avisó a la dirigencia de Newell’s que se había destrabado la negociación entre Heinze y la Roma.

Convenció, además, a sus jugadores de que podían, aun con la soga al cuello, jugar bien, que para él consiste en “atacar, tomar riesgos, que los defensores miren para atrás y haya cuarenta metros entre ellos y el arquero, que la pelota no vuele si no tiene algún sentido”, según le explicó hace un año a PERFIL.

“Hay que ser coherente con el mensaje: no podemos jugar un partido de una manera y otro de otra. Si vamos a salir jugando, vamos a salir jugando siempre.” Lo respetó a rajatabla: el 9 de septiembre, Newell’s vencía 1-0 a San Lorenzo cuando, a los 49 minutos del segundo tiempo, el arquero Nahuel Guzmán quiso salir por abajo, la pelota rebotó en Julio Furch y pasó a milímetros del palo. Ya en el vestuario, Martino le dijo entre risas a Guzmán: “Lo que vos tenés que entender es que yo tengo cincuenta años y que casi me matás de un infarto”. Desdramatizó, “porque acá está muy instalado este tema de ganar y perder. Vivimos del resultado, pura y exclusivamente”.

Lector voraz de novelas policiales –porque su mamá, cuando niño, le hacía leer a Agatha Christie–, lo aburre el fútbol argentino y rara vez, cuando ve un partido por televisión, lo soporta más de diez minutos. También por eso apostó a jugar bien con Newell’s. Resultó. Aunque, y él lo sabe, puede fallar: también lo había intentado con Paraguay en la Copa América de 2011 pero su equipo, que llegó a la final sin ganar un partido, era un espanto.

Si Nicolás Maquiavelo estaba en lo cierto, y el cincuenta por ciento de las acciones está gobernada por la diosa fortuna, en Newell’s, Martino, que relativiza su injerencia en el equipo porque piensa que hay “mucho de azar” en ella, es el responsable del otro cincuenta por ciento.



Federico Bassahun