DEPORTES

La fe puesta en el Nostradamus amigo

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El domingo se enfrentan los dos equipos de los que soy hincha: el mío de nacimiento –jugando bien o jugando mal– y el que nos subyuga desde hace años a todos los amantes del onceavo arte. Horas antes de que finalmente llegue el gran día, me sigue pareciendo surreal, a lo que sin duda ayuda que se juegue a la noche, pero nosotros lo veamos en vivo y en directo a la mañana (anterior). Lo que siento que voy a sentir es que el River que sigo un domingo cualquiera por la televisión pública y el Barcelona que adivino en paralelo por la web ilegal de pronto se cruzan de pantallas y juegan entre sí. Incluso sin Neymar ni Messi –sería una pena no verlos caer a los pies de Ponzio y Mercado–, son dos equipos que transitan por órbitas opuestas. Difícilmente el choque de planetas no haga trizas al más pobre y pequeño, aunque sea millonario y el más grande.
Hoy por hoy, la única esperanza que me queda de ganar esta final de finales está puesta en el vaticinio de un amigo astrólogo especializado en fútbol. Según él, como River debutó con “Luna vacía de curso”, eso nos remite a resultados anteriores. Los así llamados “testimonios” son los siguientes: 1) El último enfrentamiento entre River y Barcelona fue en 1964 y ganó la banda (5 a 1, por cierto). 2) El último partido entre River y un equipo europeo también lo ganó River (fue 1 a 0 ante el Sevilla por la Copa Euroamericana, con gol de taco). Además, si la Luna “deja intervenir a los astros”, la carta parece que también favorece a River, “siempre que ellos no salgan con la camiseta amarilla” (porque ahí habría que asignarles otro planeta y nos ganan). Cuestión entonces que River ganaría por la mínima diferencia y se quedaría con la copa.

Tal el augurio de mi Nostradamus personal. Sólo me faltaría creer en su disciplina, revirtiendo décadas de escepticismo cada vez más rancio. Como no voy a lograrlo antes del domingo, debo confiar en los astros del cielo verde. Los propios, que esperemos se levanten bien aspectados –nuestro Nostra dice que el que tiene los planetas mejor alineados es curiosamente Saviola–, y los ajenos. Porque también en ese sentido será un partido i-naudito. El primero, tal vez, en que todas las expresiones homofóbicas para describir su resultado se transformarán en gay friendly. Con este equipo (todavía) español que deleita al mundo entero, cualquier cosa que nos rompan será un auténtico placer.

Claro que no estar seguro de cómo me tomaré una derrota tan dulce no significa tener dudas sobre quién quiero que gane. Jugando bien o mal o peor. Dicen que no tenemos nada que perder, pero callan que entonces hay todo por ganar. La motivación, encarnada en los quince mil locos que se agarraron literalmente de la mano del Muñeco para llevar nuestros colores a Japón (y los de Japón a los nuestros), esa motivación tiene que ser nuestra carta decisiva, junto con la astral. Ojalá llegue al desayuno del domingo con una nueva perspectiva sobre las influencias planetarias sobre la Tierra. Estoy dispuesto a creer. Tengo fe en nuestros astros.

 

*Escritor e hincha  de River.



Ariel Magnus