DEPORTES EL CLAN MATTHYSSE

Las huellas del boxeo en el adn familiar

Lucas, que esta noche va en busca del titulo mundial, estaba predestinado a subirse a los rings. Los padres, dos hermanos y un sobrino tambien se calzaron los guantes.

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Foto:Planetaboxing.com.ar
La lotería genética tiene poco de azar en Lucas Martín Matthysse. Su historia lo refrenda. Como un legado que se resiste a ser alimentado con otra receta que no sea la del boxeo, el respeto a la herencia funcionó como rasgo distintivo. Su papá Mario y su tío Miguel Steimbach fueron boxeadores profesionales en las décadas del 70 y 80; su hermano Walter peleó por la corona mundial superwelter; su sobrino Ezequiel es boxeador amateur; su hermana Soledad hace pocos meses se convirtió en bicampeona mundial; y hasta su madre, Doris, se calzó los guantes como aficionada para sentir “en carne propia el rigor de la dura profesión”. A los 33 años, el muchacho nacido en Trelew pero radicado en Junín, que hoy enfrentará en Estados Unidos al ucranianio Viktor Postol por la corona vacante superligero CMB, se convirtió en el mejor exponente de una familia muy particular.
El clan. En el boxeo, las historias de cuentos no siempre se construyen de un día para otro. La fábula de Lucas Matthysse, que hoy parece estar a punto caramelo, se cocinó muy lentamente. El precursor de todo fue Mario Matthysse, su padre, quien a fines de los años 70 inició una prolífica carrera como pugilista profesional que se extendió por más de diez años, aunque sin éxitos mayores. Los que vieron boxear al Tordo, como lo apodan, recuerdan a un peleador muy aguerrido, técnicamente bueno, pero sin potencia en sus puños. Con un récord de 38 triunfos (18 KO), 13 derrotas y siete sin decisión; se retiró en 1989 y comenzó a dictar clases de boxeo. Ahí, sus hijos Lucas y Walter comenzaron a dar los primeros pases.
En 2002 el apellido Matthysse volvió a sonar fuerte en el ambiente pugilístico gracias a la demoledora y contundente pegada de Walter, el mayor de los tres hermanos. Durante cuatro años, el Terrible, como lo apodan, ganaba todas sus peleas por nocaut y estaba llamado a ser una figura del boxeo mundial. Sin embargo, desde que perdió con el norteamericano Paul Williams en 2006 acumuló una serie de cinco nocauts en contra que precipitaron su retiro de los encordados, en 2009. Hoy, a los 37, trabaja en la Legislatura de Chubut y sigue atentamente los pasos de su hijo Ezequiel, quien hace cuatro meses emigró a Estados Unidos para perfeccionar su carrera de boxeador amateur bajo las órdenes de Robert García, técnico del Chino Maidana.
Pero en la familia Matthysse el boxeo no sólo es cosa de hombres: Soledad, hermana de Lucas, está dejando su propia huella en el boxeo. A los 34 años, con la conducción de Mario Narváez, su esposo boxeador, es bicampeona mundial pluma AMB y CMB. Exponente de un estilo de boxeo estilista pero sin potencia en sus puños, la cuñada de Omar Narváez, ex campeón mundial supermosca, registra un récord de 14 triunfos, 7 derrotas y un empate.
Sin embargo, lo más llamativo de todo es que Doris Steimbach, madre de Walter, Soledad y Lucas, y abuela de Ezequiel, también se animó a sentir en carne propia el rigor de los golpes arriba de un ring. En 2004, cuando sus hijos estaban en pleno auge deportivo, ganó un campeonato provincial de novicios, sin embargo después de tres peleas abandonó. ¿Por qué? “Simplemente quise vivir la experiencia de boxear y de verlos sufrir una vez a ellos”, contó Doris, quien siempre acompaña a Lucas en las concentraciones. “Siempre tuve un trato más especial con Lucas. El se hizo boxeador un poco por mi culpa. Porque yo, con tal de sacarlo de la calle, le decía al padre que lo llevara al gimnasio”, añade la madre del boxeador más importante de Argentina en la actualidad.
Lucas Matthysse todavía no parece estar identificado con la dimensión de la fama que suponen sus triunfos épicos en las grandes ligas del boxeo mundial. “El boxeo lo mamé de chico. Siempre iba al gimnasio y a ver boxeo por mi papá y mi tío, Miguel Angel Steimbach, que también boxeaba. A los 11 años empecé a entrenar, a los 12 abandoné la escuela y los 13 arranque a hacer exhibiciones con Mario Narváez, quien hoy es mi cuñado. Debuté a los 14 y acá estoy, esperando a ser campeón mundial de nuevo”, comentó alguna vez Lucas.
Hoy, como un fiel militante del trabajo, con un récord de 37 triunfos (34 KO) y tres derrotas, es uno de los boxeadores mejor valorado en el mercado norteamericano y mimados por el promotor Oscar de la Hoya. La pelea de esta noche frente a Postol representa una gran chance de seguir consolidando su imagen en Estados Unidos y refrendar un apellido que lleva el boxeo en la sangre.

Luis Pepe Molina