DEPORTES UN MANDO INDELEGABLE

Lo que Grondona se lleva a la tumba

Su sociedad con blatter trajo beneficios a la conmebol, en la que tambien mandaba; ahora, esos espacios ganados se licuaran. El riesgo de concentrar todo el poder en una sola figura.

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Foto:Cedoc Perfil

El Congreso que la Conmebol celebraba ese 4 de febrero de 2012 no era uno más. Los presidentes de la alianza del Pacífico, con Manuel Burga (Perú) a la cabeza, habían pedido a la entidad madre del fútbol sudamericano una reunión para discutir cambios en la modificación de la carta magna de la institución. El objetivo era claro. Querían armar un Consejo de Presidentes que dejara al paraguayo Nicolás Leoz como un simple presidente “honorario”, sin poder de decisión alguno. Parecía la crónica de una muerte anunciada cuando el verdadero dueño del fútbol de estos lares mostró quién era el que mandaba.

En aquella sofocante tarde paraguaya Julio Grondona entró a esa reunión en compañía de un invitado muy especial: el suizo Joseph Blatter, presidente de la FIFA, que nada tenía que hacer allí. Eso creían todos los presentes hasta que el fallecido presidente de la AFA lanzó su ataque mortal al intento de cambio de mando: “¿Saben para qué lo traje? Para que sepa que vos, vos, vos y vos quieren cagarlo al doctor”. No hace falta explicitar el resultado de la reunión.

Plenipotenciario. Hoy el fútbol medita acerca de la muerte del hombre que construyó su poder con el único objeto de acumular tanto hasta convertirse en un todopoderoso irreemplazable. Y en esta ocasión el adjetivo poco tiene que ver con un elogio. El hombre que hace 35 años asumió como presidente de la AFA por recomendación del almirante Lacoste escaló peldaño tras peldaño hasta convertirse en el dueño de la pelota. El fútbol argentino no está preparado, ni lo estará, para defender lo que Grondona hizo con su acumulación de poder y ambición. Es que ganó tanto territorio en el circo grande que ahora se necesitarán de varios para poder reemplazarlo.

Sin Grondona, al nuevo presidente de la AFA no le resultará fácil retener la Secretaría General de la Conmebol, por ejemplo, que luego del escándalo que le costó el puesto a su protegido Eduardo Deluca casi se va de las manos argentinas; pero la cintura política del extinto dirigente pudo lograr que sea uno de los suyos, José Luis Meiszner, el que ocupara ese lugar. El otro y más importante puesto a defender por el nuevo presidente será la silla en el Comité Ejecutivo de la FIFA. Estatutariamente, de las diez asociaciones que componen la Conmebol sólo el presidente del ente sudamericano, el uruguayo Eugenio Figueredo, el presidente de la Confederación Brasileña, Marco Polo del Nero, y el mandamás de la AFA están entre los 24 miembros del órgano clave del ente rector del fútbol mundial.

Afuera y adentro. Y las consecuencias para el fútbol sudamericano pueden llegar rápido con un golpe: la quita de la media plaza (Repechaje) que el argentino consiguió desde el Mundial de Estados Unidos 1994 y que defendió en una disputa contra el francés Michel Platini, titular de la UEFA.

Pero para evitar perder territorio, primero hay que buscar al sucesor para el sillón de Viamonte. Sin un hombre del perfil de Grondona se piensa, a pesar de que estatutariamente no es posible, en conformar un triunvirato entre dirigentes que lo seguían.

¿Y el Gobierno intentará meter un candidato? Aníbal Fernández ya aseguró que no le interesa. ¿Capitanich? Reglamentariamente está habilitado para serlo, ya que es presidente, ahora de licencia, de Sarmiento de Chaco desde 2007. Sin embargo, el principal tema que tendrá que afrontar la nueva conducción de la AFA será la embestida de Boca y River por la negociación individual de los derechos televisivos con el Fútbol Para Todos.

Tanto Angelici como D’Onofrio aprovecharán la ausencia de Grondona, quien los frenaba.

El escritor inglés Alfred Housman hablaba de “nombres que se mueren antes que el hombre”. Todo lo contrario a lo que pasará con Julio Grondona, quien ya fallecido deja clara la enorme acumulación de poder que sumó en sus 82 años.



Javier Lanza