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Pasó un Huracán

El equipo de parque patricios vencio 1-0 a river y se quedo con el titulo. preupacion en nuñez: justo ahora llegan los tres super clasicos.

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Y Huracán encontró en una Copa el motivo ideal para dejar atrás la tristeza de otra Copa, la que ya no juega. Entre la eliminación de la Libertadores y el triunfo de anoche que le dio la Supercopa Argentina pasaron cinco días, apenas: así es el fútbol, un sube y baja de emociones que permite ir del subsuelo al cielo en un pestañeo. Lo sabe River también, que se llevó una cachetada fuera de programa cuanto está a punto de iniciar la tríada de superclásicos. Nada menos.
River le compró a Huracán a Pity Martínez, pero la gambeta sigue viviendo en Parque Patricios en los pies y la imaginación de Cristian Espinoza. El chico, que jugó anoche su primer partido como titular tras haber estado dos meses y medio lesionado, montó al equipo a su inspiración en la etapa inicial. Desbordó a Vangioni cuantas veces se lo propuso, y de un quiebre de cintura suyo nació el gol de Puch, que resolvió de primera. Fue durante los minutos de esplendor del Globo, el más pobre de los dos, el más inteligente para jugar el partido que más le convenía también: pelotas cruzadas a las bandas como prólogo de ataques directos. En uno de ellos, Abila pudo haber puesto la historia 2-0, pero Barovero se lo impidió en el pie a mano.
River respiraba por cuenta y orden de Kranevitter. El volante era el sostén de un equipo que defendía mal, sin cubrir las gritas que se abrían atrás cuando estaba en ataque. Pero el 5 no podía hacerse cargo de todo: a River le costaba generar espacios, por más que insistiera con la saludable de idea de hacer ancha la cancha. Igual, ser ancho no siempre es el paso previo a ser profundo.
Esa necesidad de exprimir las ideas de ataque fue más grande para River en el segundo tiempo, cuando Huracán se retrasó definitivamente: la trama del partido quedó definida entre uno que poblaba el campo rival y otro que esperaba por una oportunidad para que corriera Espinoza. Y Espinoza corrió y corrió, hasta que no pudo más y debió salir, extenuado.
Ya con Pisculichi adentro, River no corrigió uno de sus errores del primer tiempo: tirar un centro tras otro, a pesar de que por esa vía no ganaba casi nunca. Solo un cabezazo de Mora en un córner, que por centímetros no fue gol. El uruguayo no tenía lugares donde encontrar un hueco para tirar un desmarque entre tantas piernas, Cavenaghi jugaba a que su intuición lo pusiera en el lugar exacto de un rebote, Pity Martínez no encontraba inspiración, las piernas pesaban: parecía que River podía pasarse la noche entera en San Juan sin encontrar el camino del gol. Justo cuando en el horizonte inmediato aparece Boca. Aunque esa será otra historia.



Andrés Eliceche