DEPORTES NO ENCUENTRA EL SELLO DE RAMÓN

River juega como si fuera un equipo sin obligaciones

No creó situaciones, empató sin goles ante Vélez y desaprovechó otra oportunidad para mantenerse en el pelotón de los candidatos.

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Un equipo con identidad, contra otro al que le cuesta reconocerse al espejo. Uno con actitud, otro que esperó. Uno que sin su versión ideal impuso su estilo ante el entrenador que todavía no encontró los mejores intérpretes; tampoco definió su sistema. Se sabe cuál es Vélez y cuál River, sin explicar a qué equipo le corresponde cada concepto. Vélez es un equipo que lleva tiempo: por permanencia en el altar del fútbol argentino, por continuidad de trabajo, por paciencia; el conjunto de Liniers, elabora. Para masticar sus jugadas y armar su estructura siempre necesita de la amalgama. Eso es tiempo.

River es la urgencia, el equipo efectista; el que volvió de los infiernos de la B y confía en la efervescencia de su talismán, Ramón Díaz. Humo. El equipo local ayer jugó a lo que lo condenó Vélez. Es cierto que el conjunto dirigido por Gareca no fue elegante ni preciso ni oportuno; demasiados pecados. Sin embargo, su oficio innegociable le permitió ser la piedra del zapato de River. Con sólo tener casi siempre la pelota.

Statu quo. Díaz no tuvo reflejos. Para la segunda parte cambió de nombres sin mover una sola pieza del tablero. Abecasis por Mercado. Lo mismo. Luna por Trezeguet e Iturbe por Mora. Idem. Con Vélez ya resignado, River asomó la cabeza del pozo. Quizás esa última imagen confunda la realidad. Por inquietud propia, los de Núñez no resolvieron nunca más allá de ese remate de Carlos Sánchez que despertó a Sebatián Sosa. El arquero de Vélez pudo haber jugado con camisa de vestir o sunga y nadie que siguiera la pelota lo hubiese advertido; el partido se jugaba en otro lado. Su única intervención habla de River. De ese equipo que ayer, otra vez, no pudo ser.

Sin emociones fuertes, Vélez marcó su impronta. Es la chica difícil, la que no cede a la primera invitación. Si fuera mujer, a Vélez habría que coquetearla, conocerle los secretos, prestarle mucha atención. Y así y todo, no sería fácil tener sexo. Vélez dice cuándo y cómo. Le gusta que se juegue su juego. Aun cuando no tenga el día perfecto. De haberlo tenido, se hubiese ido del Monumental con un triunfo que no le hubiese cambiado la vida. Ningún resultado puede modificar las estructuras de un equipo bien plantado, que con cualquier muestra de partido se sabe su ADN. Vélez es Vélez; sin autoimitaciones truchas.

Aburrido. Había expectativa en la previa y fue una tarde-noche de bostezos. La excepción es ese arranque: tres minutos de superacción. Mora por el lado de River e Insúa por el de Vélez. Chispazos entre lugares comunes, pases comunes, jugadores comunes. Ninguno rompió el molde. Vélez se arropó con su vestuario habitual y su rival no supo qué ponerse: no entendió si hacía frío o calor. En la indecisión, River
dejó pasar la chance de acercarse al líder, Lanús. Vélez tenía menos por perder. Su cabeza, se notó, está puesta en la Copa.

 

Dos hinchas heridos de bala

Los hinchas de River venían en el Belgrano Norte para ver a River, que recibía a Vélez en el Monumental. Hasta acá, nada distinto a lo que suele ocurrir cada vez que el Millo juega de local. Pero cuando se bajaron del tren en la estación Scalabrini Ortiz un episodio violento alteró la previa: uno de los hinchas sacó un arma calibre 22 y le disparó a otros dos en las piernas. River contra River. Faltaba poco para que empezara el partido, pero la sangre tiñó una vez más al fútbol.

El autor de los disparos huyó por la avenida Cantilo, pero fue detenido por la policía. En la persecución dos uniformados terminaron con heridas leves. “Hay cuatro heridos, dos de bala”, confirmó Eduardo Crescenti, director del SAME, a TN. Los dos hinchas baleados fueron trasladados en una ambulancia al hospital Pirovano. Allí fueron atendidos, y se encontraban fuera de peligro.



Marcelo Rodríguez