DEPORTES MATIAS LAMMENS


“Romper y empezar de nuevo”

Jugador clave en el rearmado de la AFA, el dirigente no duda. Rechaza las sociedades anonimas, desnuda la corrupcion y no asegura su continuidad en San Lorenzo.


Foto:Cedoc Perfil
En 2009, una AFA en crisis rompió con TyC porque el Estado le iba a pagar más. Hoy los clubes siguen en rojo y los derechos de TV están por venderse nuevamente. ¿Quién garantiza que con la Superliga, dentro de algunos años no suceda lo mismo?
—La única garantía es que haya fair play financiero. Que se pueda auditar a los clubes. Que puedan gastar en base a lo que tienen y que, si deben, no puedan contratar. La discusión es falaz, porque pareciera que la pelea es Superliga sí o Superliga no. Pero lo que se está discutiendo en realidad es algo mucho más de fondo.
—¿Qué?
—Primero, terminar con un sistema perverso de elección en AFA, que no es representativo: tienen la misma cantidad de votos clubes con muchísimos menos hinchas que los de más hinchas y socios. Soy el más democrático en ese sentido: hagamos democracia directa. Que voten los socios de los clubes abiertamente. Este sistema actual permite cobijar un montón de vicios, por eso lo replicaron en FIFA. Y lo otro que sí viene a cambiar la Superliga es el fair play financiero: que haya reglas claras. Acá hay equipos que salen a romper el mercado y tienen pasivos enormes, mientras que los clubes que son prolijos terminan a veces peleando el descenso.
—La Junta de la FIFA viene a resolver, en principio, la crisis política de la AFA. Pero queda la otra, quizás más grave, que es la crisis económica. ¿Cómo se encauza?  
—En la AFA o en la Superliga tiene que haber un órgano al cual se le rindan cuentas y en donde se presenten presupuestos y balances. Hay que administrar bien y generar nuevos ingresos. Para eso surge esta Superliga, para generar un mejor producto televisivo. Creo que así la AFA puede ser superavitaria.
—Pero ese órgano de control ya existe.
—Hoy está el tribunal de cuentas. Pero pasa lo mismo que con el estatuto de la AFA, que prevé que aquellos clubes que deban pueden perder puntos o la categoría, algo que nunca ocurre. Por eso lo más sano que puede pasar es romper y empezar de nuevo.
—¿La Junta Normalizadora puede atenuar la crisis?
—No lo sé porque ni siquiera sé quiénes son los integrantes. Sé que todos se ofrecen y que hay una gran pelea por estar, pero no sé cómo puede ser un cogobierno entre seis personas. Va a ser difícil.
—¿Qué fue lo que más te indignó de lo que viste en AFA?
—Varias cosas. La seguridad de Ezeiza, que tenía un sobreprecio del 50%. Con los seguros, lo mismo. Las Eliminatorias estaban vendidas hasta el 2022 en un millón de dólares por partido, y las llevamos a un millón quinientos cincuenta mil sin dar un sólo derecho de más. Es muy claro lo que encontramos: cuando íbamos a cobrar, cobrábamos de menos y mal, y cuando íbamos a pagar, pagábamos de más. Esa era la situación, además de nichos y focos de corrupción que de a poco los fuimos sacando dentro de la medida de lo que se podía.
—Vos llegaste para “acabar con la corrupción estructural”, pero te fuiste a los cinco meses. Tinelli quiso ser presidente de AFA y no pudo. Moyano intentó lo mismo, y tampoco. ¿Todos pierden?
—Hay una sensación de que no se puede. Pero creo que es posible cambiar la realidad de AFA, y que en diciembre se perdió una gran chance. Si hubiéramos ganado, todo esto no pasaba. Creo que pudimos terminar con muchas cosas. Por lo pronto terminamos con los cheques a plazo: la televisión se pagó al día, y el negocio de las financieras, donde se iban millones de pesos que eran de los clubes, terminó. Dentro de la corrupción estructural, atacamos lo más importante.
—¿La Superliga viene a beneficiar a los grandes y a agrandar la brecha con los chicos?
—Se pensó eso porque fallamos en la estrategia de comunicación. No fue bueno que lo comunicáramos San Lorenzo, Boca, River y Racing. Fallamos en los interlocutores, porque cuando ves el sistema de reparto te das cuenta de que hay clubes chicos que van a ganar mucho más de lo que ganan ahora. Con la variable del rendimiento deportivo, Lanús, por ejemplo, puede ganar más que River en un determinado porcentual. Lo mismo para el Ascenso: no sólo va a recibir un porcentaje de la Superliga sino también todos los ingresos de la Selección, que quedan dentro del núcleo de AFA.
—¿La Superliga no promociona la llegada de sociedades anónimas deportivas?
—La gran mayoría de las personas quiere que los clubes sigan siendo clubes. Los dirigentes tenemos que ser buenos administradores, porque la única forma de que entren las sociedades anónimas es cuando los clubes están fundidos. Ahí aparecen los salvadores, que de salvadores no tienen nada. Los clubes cumplen un rol social absolutamente necesario.
—¿Te vas a postular a fin de año en las elecciones en San Lorenzo?
—No lo sé. Es una decisión por un lado muy personal, porque esto te afecta familiarmente, y por otro lado grupal, porque uno lidera un equipo. Hay que pensarlo, pero te diría que hoy estamos muy cansados y más cerca de no seguir que de seguir. Dejamos un club muy sano y muy sólido. Nunca San Lorenzo tuvo setenta mil socios. Y si firmamos el boleto de compraventa con Carrefour en los próximos días, vamos a dejarlo con una solidez patrimonial histórica y un plantel profesional muy fuerte.
—¿Por qué se tapó tanto a los juveniles?
—Soy muy autocrítico con esto. El hecho de estar todo el tiempo peleando arriba te llevaba a no querer exponerlos ante la presión. Eso nos decían los técnicos; me parecía entendible pero terminó siendo un error. Creo que hay que ir mechándolos. Es lo que hablamos con Aguirre ahora. Lo habíamos hablado con Guede y no se pudo cumplir. La decisión política es que en este semestre empiecen a debutar chicos de abajo.
—¿La elección de Aguirre es más pragmática que conceptual? Porque no tiene mucho que ver con Guede.
—Aguirre tiene un estilo raro, creo que es una mezcla entre el Patón y Guede. Vamos a jugar Libertadores y Sudamericana, y hoy para nosotros es prioridad seguir mostrando a San Lorenzo en el mundo. Entonces apuntamos a un técnico que tuviera experiencia en los choques de mano a mano. Eso, más las referencias que tuvimos, hizo que nos volcáramos por Aguirre.
—Vos decís que patrimonialmente San Lorenzo está en el mejor momento de su historia. Pero esta gestión recibió donaciones de algunos dirigentes, especialmente de Tinelli. ¿Qué va a pasar cuando no estén esos aportes?
—Esos ingresos extraordinarios fueron, sobre todo, para una obra grande en la Ciudad Deportiva, que fueron las dos canchas de sintético. Marcelo es un colaborador permanente, pero San Lorenzo hoy es superavitario. Y el superávit no viene dado por ninguna donación. Hicimos un polideportivo de treinta millones de pesos, que lo vamos a inaugurar ahora, que fue hecho con la plata del club. Tenemos como definición ideológica invertir el superávit en obras porque las obras nos van a generar más actividad social y más ingresos.  
—¿Creés que los dirigentes de clubes deben cobrar por el trabajo que hacen?
—Es un tema que no tengo resuelto. Por un lado pienso que nunca le podría cobrar a San Lorenzo, pero también entiendo que es elitista que un laburante no pueda ser presidente de un club

Redacción de Perfil.com