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San Lorenzo le recordó a Racing quién es el campeón

Un gran primer tiempo fue un argumento suficiente para que el equipo justificara el 1-0 a la Academia con gol de Blandi. Piatti y Correa fueron las figuras.

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Foto:Fotobaires

Adiós a las nubes veraniegas. San Lorenzo recuperó anoche en el cuerpo la sensación del triunfo, esa que súbitamente se le había extraviado en el comienzo del año. No habrá sido una prestación que ameritara tirar fuegos artificiales, pero sí una cantidad interesante de minutos en los que el campeón desempolvó algunos de sus buenos (y no tan viejos) argumentos. Alcanzaron para tumbar a Racing.

Correr y tocar. Fueron, los primeros, veinte minutos a un ritmo enloquecedor. Racing no hacía pie en el Nuevo Gasómetro, de tanto que San Lorenzo lo aturdía con su despliegue. Tal era el deseo del equipo local de ir hacia adelante que en más de una jugada Buffarini y Mas, los laterales, subieron simultáneamente. Ese doble movimiento era un buen homenaje al Newell’s de Martino (que lo hacía con Cáceres y Casco), el primero en mucho tiempo en mostrar que los libros del fútbol pueden reescribirse.
En ese arranque el campeón vigente encontró el gol, necesario para que tanto esfuerzo no quedara en blanco. Apenas iban ocho minutos cuando Blandi aprovechó un rebote en Cahais para dibujar una linda volea. Los argumentos del triunfo parcial se sostenían en todas las líneas: la defensa apretaba en mitad de cancha a Viola y Hauche, el tándem Mercier-Ortigoza repartía y el equipo se hacía ancho para tener opciones de descarga.

Recién a la media hora Racing empezó a sentir que podía equilibrar el trámite. Fue cuando Correa –llama la atención lo bien que lee por dónde le conviene moverse– t Piatti se tomaron un respiro. Y la Academia, hasta entonces sin un referente en el que sostenerse, se adelantó diez metros en la cancha. Pero ese paso al frente fue más un gesto que una intención real de discutirle la posesión al local.

Menos vértigo. Merlo movió las piezas y a poco de andar el segundo tiempo Racing se había transformado. El ingreso de Camoranesi fue el intento de armar una sociedad con De Paul, hasta entonces muy solo. El de Vietto –cuesta entender su suplencia– le aportó mejores movimientos al ataque. Fue el juvenil quien dispuso de un mano a mano que salvó Torrico des pués de un largo pelotazo que Cetto y Buffarini no supieron frenar. Hauche también había tenido una situación clara.

Pero no fueron esas dos jugadas la resultante de un dominio; el segundo tiempo no tuvo quien lo condujera, en verdad, aunque siempre San Lorenzo entregó la sensación de que el próximo gol del partido iba a ser suyo. Un par de apariciones en las que Piatti dejó ver su técnica, otros desmarques de Correa por todo el centro de ataque y lo abierto que empezó a quedar Racing en el fondo abonaban esa idea.

Claro que cuando un partido no se remata, el rival siempre mantiene la posibilidad de encontrar el empate aunque sea de una manera casual. Esa certeza y el cansancio que empezó a mostrar San Lorenzo hicieron que en los últimos minutos la Academia intentara adelantarse, al menos.
No fue suficiente: al final, San Lorenzo terminó haciendo valer aquellos primeros veinte minutos del juego, en los que se pareció bastante al del mejor tramo de la era Pizzi.



Andrés Eliceche