DEPORTES BASQUET


Tocaron el samba de mi esperanza

Argentina le gano 111-107 a Brasil en el segundo tiempo suplementario y se aseguro el pase a cuartos.

Hazaña. El triunfo ya está consumado. Argentina celebra. Un final a pura adrenalina.
Hazaña. El triunfo ya está consumado. Argentina celebra. Un final a pura adrenalina.
Foto:AFP
Si diez años después, te vuelvo a encontrar en algún lugar, no olvides que soy distinto de aquel pero casi igual”. Las primeras estrofas de la canción de Andrés Calamaro parecería que fueron escritas para el partido de ayer en el Arena Carioca 1. O mejor dicho, para Andrés Nocioni. La pelota salió de su mano y las imágenes de la semifinal en Japón, ante España, recorrieron la cabeza de los argentinos que se levantaron del asiento para esperar un destino distinto que aquel cruel que dejó sin final del mundo a un equipo que lo merecía más que nadie. Pero ayer la pelota rebotó dos veces en el aro, chocó contra el tablero y entró, para mandar a suplementario un partido que parecía que era el principio del final de la Generación Dorada. Pero fue el principio de una recuperación heroica de una Argentina que se llevó un triunfo en doble tiempo extra ante Brasil y se metió en los cuartos de final de un Juego Olímpico.
El clima era tenso. Como el de todo clásico que define el futuro. Por primera vez en esta última aventura olímpica, Manu, Chapu, Luifa y compañía no serían locales. A minutos de las 13 las puertas del estadio se abrieron y dejaron en claro que en las butacas predominaría el amarillo. Con cantos de un lado y del otro, pero todo dentro de una tensa calma.
Los argentinos que llegaban se juntaban para no quedar aislados. En grupo, cantaban “ponga huevo, huevo Argentina, ponga huevo sin cesar, que esta tarde cueste lo que cueste, esta tarde tenemos que ganar”. Clima picante, pero sin agresiones. Menos aún después del gran gesto de Huerta y Scola, los capitanes, que antes del encuentro les pidieron a los hinchas “vivir esta fiesta en paz”.
Durante los primeros diez minutos los de Sergio Hernández llevar las riendas del partido. Brasil no entendía eso de que Argentina corriera y desarmara su defensa a puro bombazo, con un Andrés Nocioni que hizo el partido más importante de su vida con la Selección. Cuatro de cuatro en triples y un partido perfecto de un Chapu que fue el motor y el resucitador del alma de un equipo que agonizó varias veces en los cincuenta minutos que duró el suplicio.
Después de la alegría, llegó el samba. Rubén Magnano movió las piezas y metió en cancha a Guilherme y Benite. Entre los dos destrozaron la defensa argentina y dieron vuelta el resultado con un segundo cuarto que terminó 33-16. Argentina era un mar de dudas. Los hinchas, entonces, tuvieron algo que aprendieron de estos jugadores: no perder nunca la fe. Con mucho aliento bancaron la parada y de sus gritos llegó una reacción que dio vuelta la historia de la mano del tándem Nocioni-Campazzo, que metió nada menos que 70 de los 111 puntos del equipo.
El último cuarto fue un suplicio que tuvo a la Generación Dorada ocho puntos abajo cuando faltaban tres minutos. Pero Brasil no tuvo colmillo para completar la faena y lo dejó respirar. Ahí apareció el triple del Chapu que mandó todo al suplementario. Y la hinchada argentina se enloqueció. Por primera vez daba la sensación en el estadio que la bala más cercana ya había pasado. Ni siquiera los ocho puntos que tuvo el local a favor en el primer suplementario mató el alma de una hinchada que se agigantaba en Río. Los corazones se pararon cuando después de estar arriba por ocho, Brasil se puso a uno. De vuelta sufrir. Y los libres errados. Y los hinchas que no querían mirar. Y Scola y Nocioni afuera por cinco faltas. Y Delfino que erraba los dos libres que sentenciaban la historia. Hasta que Manu Ginóbili, exhausto, agarró el rebote final y cerró una gesta que ningún argentino podrá olvidar. El día que la Generación Dorada vio el final de cerca, como hace diez años.

Nocioni y Campazzo, extremos de la generacion dorada
Uno tiene 36 años. El otro, 25. Uno es el corazón de la Generación Dorada, y el otro, la irreverencia que viene hacerse cargo del legado de los más grandes. Si Argentina le ganó en doble suplementario a Brasil fue pura responsabilidad de Andrés Nocioni y Facundo Campazzo, quienes además de combinarse para hacer 70 puntos entre los dos fueron los que mantuvieron al equipo siempre en juego. “Lo del Chapu y Campazzo fue conmovedor”, dijo Ginóbili.
Nocioni recordó el triple que mandó el partido a tiempo suplementario: “Lo vi adentro y además me hicieron falta, pero después hablamos de eso”. Y analizó el partido a lo Nocioni: “Acá no hubo técnica, no hubo entrenadores, no hubo nada. Era todo actitud, ganas de luchar. Miraba la cara de ellos y la de nosotros y nos arrastrábamos en la cancha”.
El santafesino también elogió a Campazzo: “Puede haber diez jugadores que sean más altos, pero él tiene algo especial. Es como yo. A veces ni él se da cuenta de lo que hace. Está acostumbrado a tener responsabilidad. Facu ya es un grande, no hace falta descubrir nada sobre él”.
Y Campazzo también habló: “Había que jugar bien y con huevos. Estamos muy contentos porque logramos el triunfo en un partido muy aguerrido, intenso”. Y agregó: “Hay que estar al cien por ciento para lo que viene, que es durísimo. Gracias a Dios los tiros entraron y ayudaron para ganar. Es un aporte colectivo y la intensidad e inteligencia que le metimos. Fue más conjunto que individualidad. Pero no doy más. La verdad es que dejamos todo”.