DEPORTES OPINIÓN

un grupo sin lideres, a la deriva

Vengo diciendo hace mucho que la Selección argentina tiene una clara ausencia de liderazgo.

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Vengo diciendo hace mucho que la Selección argentina tiene una clara ausencia de liderazgo. Y eso se transmite, por supuesto, cuando los jugadores entran a la cancha. Ninguno de los últimos dos técnicos –Gerardo Martino antes, Edgardo Bauza ahora– asumió ese rol de líder que se necesita por defecto. El plantel quedó lastimado por tres finales perdidas (contra Alemania en el Mundial y contra Chile en las dos Copas América), y ante situaciones adversas como esas derrotas o la goleada contra Brasil, todo se derrumba.

La absorción de la presión la tiene que asumir el entrenador. Sobre todo en equipos que necesitan de eso: de un faro, de una opinión que transmita seguridad y baje la ansiedad. Pero como eso no pasa y algunos de los líderes naturales, como Javier Mascherano, están desgastados, esa presión la asume Lionel Messi, que no tiene las características de un líder. Esto no es culpa de Lionel, que quede claro: pero cuando un jugador es tan descollante como él, cuando está varios escalones por encima del resto, sus compañeros le dan una lógica supremacía en el plantel. Yo observé algo parecido con Riquelme en Boca: Román llegó a ser más importante que el técnico o el presidente, y todo estaba condicionado por eso. Con Messi y la Selección pasa eso: cuando hay alguien que tiene tanto peso político, es lógico que se desvirtúe el funcionamiento orgánico. Por eso, para reformular ese funcionamiento a nivel del grupo humano y colectivo, lo que hace falta es que el entrenador tome un rol de protagonista. Que maneje ansiedades y absorba toda la presión que impide a estos jugadores jugar como ellos saben.


*Psicólogo deportivo.

Trabajó con el plantel de Boca en la década del 90.



Oscar Mangione